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Nuestro sistema educativo educa en la violencia

  • El número de denuncias de violencia de género registradas en el primer trimestre de 2012 alcanzó los 30.895 casos, según la estadística difundida por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género: Inmaculada Montalbán denunció el pasado lunes 9 de julio de 2012 la existencia de “una bolsa oculta de maltrato que no aflora. Por ello, es imprescindible desvincular de las ayudas sociales la necesidad de interponer denuncia para acceder a los derechos de la Ley integral”.
  • Crece un 33,33% la violencia de género en la Comunidad de Madrid y un 77,78%, las violaciones, nos informa La Vanguardia el pasado martes 10 de julio de 2012.
  • ¿Cuántas noticias en los informativos nos señalan algún caso de violencia de género? ¿Has probado en buscar las palabras clave entrecomilladas de “violencia de género” en Google? 4.800.000 resultados nos hablan de estadísticas, casos, instituciones… Todo un despliegue ante un tema candente en pleno siglo xxi.

Estoy convencida de que cualquier persona que haga una revisión mental a los acontecimiento que se han hecho palpables en las últimas décadas a propósito de luchar contra la violencia de género apostará a que, en mayor o menor medida, se ha avanzado en este tema. A fin de cuentas, ¡no estamos igual que aquellas mujeres de la posguerra! Sin embargo, hoy puedo ver adolescentes en las aulas donde trabajo que participan de los celos de sus parejas, que permiten que los mismos revisen los sms y las llamadas para controlar con quién han hablado… por no mencionar comportamientos vejatorios de mayor índole y tan fácilmente aceptados. Es probable que muchas personas que lean este post aseguren que a nivel político y/o social se han implementado programas que han pretendido hacer frente a la violencia de género o a la violencia infantil; aun recuerdo algunas campañas publicitarias recientes en los paneles del metro que trabajaban en esta línea. Salvedad de camuflar con campañas-tiritas una dejadez política (sí, parte de la responsabilidad es de los políticos) y social (sí, parte de la responsabilidad también es nuestra), sinceramente no creo que hayamos avanzado lo más mínimo en este campo. Señorxs, ¡sigue habiendo violencia en nuestros hogares, en nuestras casas, en nuestro fuero interno!

Lo social y lo individual guardan una relación estrecha que muchas veces nos pasa desapercibida. Solemos pensar que lo social tiene poca relación con lo individual, cuando en realidad estamos hablando de dos caras de una misma moneda. Necesariamente para hablar de lo uno tenemos que hacer referencia de lo otro; el individuo trasciende lo social al tiempo que lo social trasciende al individuo. Y lo cierto es que el individuo social se cuida poco en nuestra cultura. Empezamos a despertar a una realidad que nos empuja a desarrollarnos como personas; y como en el amanecer, aunque hermosa, la luz aun es débil. De nuestro fuero interno nos surgen necesidades que van más allá del raciocinio al que estamos acostumbrados. Nuestra sociedad sabe mucho de cómo utilizar el hemisferio izquierdo del cerebro, el de la lógica; y poco (o nada) de cómo usar el hemisferio derecho del cerebro, el de las emociones; nos hemos focalizado a lo concreto y hemos perdido de vista lo holístico; hemos atendido nuestro “cerebro” e ignorado nuestro “corazón”. Y así nos va, a trompicones, como un carromato que en lugar de utilizar sus dos ruedas pretende bastarse con una.

Desde este paradigma, nuestro sistema educativo mantiene una praxis centrada en el razonamiento, haciendo caso omiso a las necesidades emocionales y sociales de nuestro alumnado. Desatendiendo lo psicológico, contribuimos a la perpetuación de las interacciones manchadas de violencia como producto de una mala gestión emocional. Nuestra sociedad está contaminada de energía destructiva y a través de la educación entregamos el testigo de esa misma destrucción a los futuros ciudadanos de nuestra sociedad. En definitiva, nuestro sistema educativo educa en la violencia en tanto que omite integrar el desarrollo psicológico y social de nuestro alumnado, y parece que este aspecto es un tema relegado a la ignorancia, al olvido o, peor aun, al desatino de creerse subsanado por un programa descontextualizado que trabaja los valores o la propia violencia de género.

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