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Nuestro sistema educativo educa en la violencia

  • El número de denuncias de violencia de género registradas en el primer trimestre de 2012 alcanzó los 30.895 casos, según la estadística difundida por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género: Inmaculada Montalbán denunció el pasado lunes 9 de julio de 2012 la existencia de “una bolsa oculta de maltrato que no aflora. Por ello, es imprescindible desvincular de las ayudas sociales la necesidad de interponer denuncia para acceder a los derechos de la Ley integral”.
  • Crece un 33,33% la violencia de género en la Comunidad de Madrid y un 77,78%, las violaciones, nos informa La Vanguardia el pasado martes 10 de julio de 2012.
  • ¿Cuántas noticias en los informativos nos señalan algún caso de violencia de género? ¿Has probado en buscar las palabras clave entrecomilladas de “violencia de género” en Google? 4.800.000 resultados nos hablan de estadísticas, casos, instituciones… Todo un despliegue ante un tema candente en pleno siglo xxi.

Estoy convencida de que cualquier persona que haga una revisión mental a los acontecimiento que se han hecho palpables en las últimas décadas a propósito de luchar contra la violencia de género apostará a que, en mayor o menor medida, se ha avanzado en este tema. A fin de cuentas, ¡no estamos igual que aquellas mujeres de la posguerra! Sin embargo, hoy puedo ver adolescentes en las aulas donde trabajo que participan de los celos de sus parejas, que permiten que los mismos revisen los sms y las llamadas para controlar con quién han hablado… por no mencionar comportamientos vejatorios de mayor índole y tan fácilmente aceptados. Es probable que muchas personas que lean este post aseguren que a nivel político y/o social se han implementado programas que han pretendido hacer frente a la violencia de género o a la violencia infantil; aun recuerdo algunas campañas publicitarias recientes en los paneles del metro que trabajaban en esta línea. Salvedad de camuflar con campañas-tiritas una dejadez política (sí, parte de la responsabilidad es de los políticos) y social (sí, parte de la responsabilidad también es nuestra), sinceramente no creo que hayamos avanzado lo más mínimo en este campo. Señorxs, ¡sigue habiendo violencia en nuestros hogares, en nuestras casas, en nuestro fuero interno!

Lo social y lo individual guardan una relación estrecha que muchas veces nos pasa desapercibida. Solemos pensar que lo social tiene poca relación con lo individual, cuando en realidad estamos hablando de dos caras de una misma moneda. Necesariamente para hablar de lo uno tenemos que hacer referencia de lo otro; el individuo trasciende lo social al tiempo que lo social trasciende al individuo. Y lo cierto es que el individuo social se cuida poco en nuestra cultura. Empezamos a despertar a una realidad que nos empuja a desarrollarnos como personas; y como en el amanecer, aunque hermosa, la luz aun es débil. De nuestro fuero interno nos surgen necesidades que van más allá del raciocinio al que estamos acostumbrados. Nuestra sociedad sabe mucho de cómo utilizar el hemisferio izquierdo del cerebro, el de la lógica; y poco (o nada) de cómo usar el hemisferio derecho del cerebro, el de las emociones; nos hemos focalizado a lo concreto y hemos perdido de vista lo holístico; hemos atendido nuestro “cerebro” e ignorado nuestro “corazón”. Y así nos va, a trompicones, como un carromato que en lugar de utilizar sus dos ruedas pretende bastarse con una.

Desde este paradigma, nuestro sistema educativo mantiene una praxis centrada en el razonamiento, haciendo caso omiso a las necesidades emocionales y sociales de nuestro alumnado. Desatendiendo lo psicológico, contribuimos a la perpetuación de las interacciones manchadas de violencia como producto de una mala gestión emocional. Nuestra sociedad está contaminada de energía destructiva y a través de la educación entregamos el testigo de esa misma destrucción a los futuros ciudadanos de nuestra sociedad. En definitiva, nuestro sistema educativo educa en la violencia en tanto que omite integrar el desarrollo psicológico y social de nuestro alumnado, y parece que este aspecto es un tema relegado a la ignorancia, al olvido o, peor aun, al desatino de creerse subsanado por un programa descontextualizado que trabaja los valores o la propia violencia de género.

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Meta educativa: de lo individual a lo social

Hace unas semanas, a raíz del post que hablaba sobre unas premisas para la deseducación, se inició un debate muy interesante en la red profesional de LinkeIn. En este y el siguiente posts me gustaría recuperar alguna de aquellas ideas con el fin de aclarar algunos puntos oscuros para lo que vengo hablando en materia de transformación de la educación. Los puntos clave del debate fueron básicamente dos que sintetizo a continuación para desarrollar posteriormente:

  • La doble meta educativa: recoger las necesidades y los intereses individuales de las personas para formarlas como seres sociales.
  • Actualizando al siglo XXI la “cultura del esfuerzo”: Motivación y automotivación.

Joan Barreras Mundet, con mucha razón, apuntaba que la frase “una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia ruta de aprendizaje” debería matizarse puesto que la educación, en un sentido amplio, tiene un alto componente de socialización, de formar a los individuos como seres sociales (es decir con capacidad para entender, crear e interactuar en un marco social concreto). En este sentido, la educación tiene (y debe tener) poco en cuenta “los intereses individuales”. (…) Habría, pues, que aclarar que “socializar” no es lo mismo que “adoctrinar” y que la condición para el “pensamiento crítico” es “tener criterio/s”, lo cual no se adquiere más que a base de algún que otro esfuerzo.

Efectivamente la educación tiene como una de sus metas el “formar a los individuos como seres sociales”. Sin embargo, particularmente no creo que esto esté reñido con los “intereses individuales”, muy al contrario soy de la opinión que individuo y sociedad son dos caras de una misma moneda que se retroalimentan.

En la sociedad presente, el conocimiento (sin dejar de tener su valor) ha perdido su sentido organizador; la información (al alcance de “cualquiera”) carece de sentido sin unas competencias (no el sentido de competencia que actualmente se da en las escuelas) que la gestionen de una forma adecuada. Así, necesitamos empezar a hablar de una educación basada en el desarrollo de competencias para formar a los futuros ciudadanos en la capacidad de adaptarse a la realidad del momento. En este sentido, creo que el sistema educativo debe empezar a ser flexible para ser capaz de adaptarse a las necesidades de cada persona, ya que cada persona posee sus propias capacidades para desarrollarse en la excelencia, no desde un sistema homogéneo y rígido, sino desde la visión particular que el sistema es capaz de generar para cada alumno, configurando una ruta de aprendizaje adaptada a sus necesidades.

Se suele creer que los niños de 10 años no tienen interés por aprender. Mas al contrario, un niño de corta edad es capaz de comerse el mundo con la mirada; lo observa todo con suma atención, se hace preguntas constantemente sobre el funcionamiento del entorno que le rodea; todo es nuevo y atractivo de aprender. Soy de la opinión de que el sistema educativo, tal y como está planteado, rompe con esta curiosidad espontánea; unifica un criterio de aprendizaje y lo impone a todos por igual, sin tener en cuenta lo que el niño ya lleva adquirido ni el cómo lo ha adquirido. El sistema presupone que todos aprendemos de la misma manera y éste es un error con enormes consecuencias, ya que mata la espontaneidad y la curiosidad.

Por el contrario, un sistema educativo basado en las personas, es capaz de adaptar su proceso de enseñanza-aprendizaje a las necesidades de cada alumno desde sus intereses particulares. En este sentido, creo que la misión del maestro consiste en permitir que sea el alumno el que explore el entorno y, a partir de ahí, plantear preguntas despertador que resulten atractivas y que inciten a la curiosidad para aprehender comprensivamente esa realidad.

¿Qué pensáis vosotros al respecto? ¿Qué interés os merecen en la educación los “intereses personales” de nuestro alumnado?


Noam Chomsky: Premisas para la deseducación

Según Noam Chomsky, frente al concepto tradicional de enseñanza de la época de la Ilustración, lo que ahora estamos presenciando es una escuela cuya función es adoctrinar a los jóvenes y anular su capacidad de pensamiento crítico. Control social, conformismo, entrenamiento para aprobar exámenes en vez de fomentar la investigación creativa…

Noan Chomsky: El objetivo de la educación: La deseducación

Personalmente me parece sumamente interesante este vídeo en el que se recogen muchos de los ítems que constantemente leemos o escuchamos a los expertos que nos hablan de una nueva educación. En este sentido, me gustaría concretar tres puntos fundamentalmente que, para mí, son relevantes para entender qué está pasando actualmente en el sistema educativo y focalizar un nuevo sistema educativo:

  1. Noam Chomsky diferencia dos propósitos en la educación:
    1. En primer lugar, la educación tradicional que bebe directamente de la Ilustración centra su objetivo de vida en la investigación y la creación, en la búsqueda de la riqueza del pasado, en la interiorización de aquellas partes que son significativas para uno mismo, en la búsqueda constante de comprender más a nuestra manera… En definitiva, aprender por uno mismo.
    2. En segundo lugar, la educación de hoy centrada en el adoctrinamiento busca colocar a las personas desde la infancia en un marco de referencia en el que tienen que acatar órdenes, aceptar estructuras existentes sin cuestionarlas, etc. Es decir, aprender a ser sumisos.
  2. Por lo que se refiere al impacto de la tecnología, Noam Chomsky nos explica, y estoy muy de acuerdo, que “la tecnología es algo neutro (…) Si no se sabe lo que se está buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, si no existe la condición de cuestionarse una idea” Internet no sólo no sirve para nada sino que además puede resultar dañina como generadora de dogmas. Lo importante a la hora de relacionarnos con la tecnología y de aplicarla en la educación debe ser buscar lo significativo; en este sentido, el sistema cultural y educativo debe ser activo, dispuesto a cruzar fronteras.
  3. Lejos de inducir a la desaparición de los exámenes, Noam Chomsky nos habla de ellos como una herramienta complementaria que puede ser muy útil para ubicar (orientar) tanto al alumno como al profesor en el “¿cuánto se sabe sobre…?”. Sin embargo, los exámenes jamás deben ser el objetivo propio de la educación (muy al contrario de como está pensado nuestro sistema educativo, en verdad). “La enseñanza debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otras mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque interesa”. Una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia “ruta de aprendizaje“.

Estos tres aspectos pueden concretarse en una sola idea que constantemente se repite a lo largo de todo el vídeo: la necesidad de cambiar de paradigma educativo y empezar a centrar la educación en las personas, permitiendo la realización personal a partir de los intereses particulares. Desde la pasión los estudiantes pueden desarrollar sus propios talentos, aprendiendo a ser autónomos en el aprendizaje y en el desarrollo personal. El paso del sistema educativo predominante actualmente a un nuevo sistema educativo pasa, en este sentido, por la deseducación.

¿Qué conclusiones más extraes del vídeo que te adjunto en este post? ¿Qué opinión te merece estos tres puntos que destaca Noam Chomsky de la educación? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Liderazgo pedagógico

Los estudiantes tienen la energía, la imaginación y la inteligencia necesarias para mejorar la situación en sus comunidades; lo único que necesitan es que se les pida que demuestren lo que pueden hacer.

Kathleen Kennedy

En un post anterior os decía que un buen líder es aquel que se ha trabajado a sí mismo y que está en condiciones saludables de guiar a otros en su propio desarrollo. Personalmente me encanta esta definición de líder ya que lleva implícita una serie de aspectos importantes que nos enmarcan en un paradigma diferente:

  1. La condición indispensable de que el líder se haya trabajado a sí mismo, es decir, que busque desarrollarse como persona, autoconocerse, potenciar sus virtudes y trabajar sus limitaciones, aprendiendo a estar en y con el mundo, en la búsqueda constante del bienestar personal.
  2. La intención de querer guiar a otros en su propio desarrollo, a que otros puedan desarrollarse a sí mismos y a autoconocerse, potenciando las virtudes de las personas y facilitando el camino de la mejora personal, siendo un modelo de autosuperación en la búsqueda del bienestar propio.

Partiendo de esta base, me gustaría acercar mínimamente la figura del líder al aula y para ello la primera pregunta que me gustaría responder es: “¿un profesor puede ser líder?”.

Como veíamos en el post que hacía referencia más arriba, el líder no se autoproclama sino que es escogido. La diferencia entre un docente y (lo que podríamos llamar) un líder pedagógico es que el primero es una autoridad oficial, estatus que proviene de los niveles superiores de la institución educativa, mientras que el líder pedagógico disfruta de una autoridad moral que proviene de los estudiantes, a través de un acuerdo voluntario entre los propios estudiantes y la figura del profesor. Esta diferencia tiene unas consecuencias directas en el tipo de relación que se establece, en tanto que el docente crea relaciones de dominio-subordinación y el líder pedagógico relaciones horizontales en las que se comparten una posición, unas normas y unos valores.

En base a lo que he explicado, podríamos definir el liderazgo pedagógico como el proceso de ejercer una influencia mayor de lo que permite o posibilita la propia institución educativa, hasta lograr que los estudiantes también sean líderes. En este sentido, para entrenarnos en el liderazgo pedagógico que comento hay una serie de requerimientos metodológicos que pasan por:

  1. Vivir desde la necesidad de cambios: la vida es cambio, por lo que nuestra práctica en el aula ha de poder adaptarse a las circunstancias y necesidades de cada momento. Como dijo Gandhi, “nosotros hemos de ser el cambio que deseamos ver en el mundo”.
  2. Actuar incondicionalmente: nuestra alternativa en la conducta pedagógica es doble: por un lado, podemos centrarnos en el tener y, en consecuencia, en la preocupación (tener un sueldo, tener un libro didáctico, tener una pdi o recursos tecnológicos, tener un buen director de centro…) o, por el contrario, podemos centrarnos en el ser y, en consecuencia, en la influencia (ser más fraternal, igualitaria y libre…).
  3. Revisar periódicamente el historial de diagnóstico pedagógico de los alumnos, con el objetivo de acercarnos más a la realidad específica de cada uno de ellos y tener una visión más holística de la persona con la que estamos trabajando.

Pero, ¿qué características debe reunir un profesor para gestionar su aula desde el liderazgo pedagógico? Para dar respuesta a esta pregunta me basaré en los comportamientos asociados que el diccionario de competencias clave atribuye al liderazgo, adaptándolo en la medida de las posibilidades a la realidad de un aula, y que se distribuyen en cuatro niveles:

  1. Nivel 1: Comunica y orienta al grupo
    1. Lidera bien las clases o sesiones: planifica lo que se va a trabajar y los objetivos específicos, controla el tiempo, asigna los turnos de habla, etc.
    2. Se asegura de que el grupo dispone de toda la información que necesita para hacer las tareas.
    3. Explica las razones que le han llevado a tomar una decisión que afecta al grupo o a parte del grupo.
    4. Mantiene una relación cercana con el grupo y conoce qué está pasando.
  2. Nivel 2: Promueve la excelencia y la motivación del grupo
    1. Utiliza estrategias complejas para mantener alta la motivación del grupo y para conseguir buenos niveles de productividad: asignación de equipos de trabajo y de tareas, distribución del espacio del aula, uso de los espacios del centro en relación con las tareas, etc.
    2. Escucha y promueve la participación y la aportación de ideas.
    3. Se preocupa por facilitar un buen clima de trabajo.
    4. Se asegura que las necesidades del grupo están cubiertas: obtiene los recursos y la información que necesita.
    5. Da instrucciones o demostraciones, junto con las razones subyacentes, como estrategia de aprendizaje.
  3. Nivel 3: Delega y desarrolla el grupo para conseguir aprendizajes significativos
    1. Delega responsabilidades transmitiendo confianza, formando y haciendo un seguimiento afectivo y efectivo.
    2. Facilita feedback positivo de mejora a cada estudiante para desarrollar y motivar.
    3. Desarrolla a cada estudiante según sus características e intereses.
    4. Establece planes de acción y ofrece sugerencias específicas de mejora.
  4. Nivel 4: Se posiciona como un líder y comunica una visión de futuro convincente
    1. Se asegura que el grupo participe de los objetivos, de la misión, del clima, de las normas, etc.
    2. Actúa como modelo a seguir.
    3. Tiene un carisma genuino, comunica su visión de futuro generando entusiasmo, ilusión y compromiso en el grupo.
    4. Genera alto compromiso ante los retos a conseguir.

¿Tienes alguna pregunta que pueda ampliar la información en materia de liderazgo pedagógico? ¿Conoces información que pueda complementar lo aquí expuesto? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Caminando hacia la Revolución Educativa

A través de un ejercicio bastante interesante se pudieron sacar algunas conclusiones sobre qué se puede considerar por “ser un buen profesor“. Javier Martínez Aldanondo, después de preguntarles a un buen número de conocidos sobre aquellos profesores que recordaban de su época escolar  universitaria y el porqué, concluyó las siguientes principales características:

  • Eran profesores que se notaba que les apasionaba enseñar; transmitían vocación, energía, compromiso y entusiasmo.
  • Eran profesores acogedores, que sabían escuchar mis necesidades y al mismo tiempo implicarme en mi compromiso académico.
  • Eran profesores humanos, cariñosos, amigables, sencillos y cercanos, que me hacían sentir importante porque me daban libertad.
  • Eran profesores cuya forma de enseñar era entretenida y divertida; eran motivantes, originales, creativos y didácticos.
  • Eran profesores que me enseñaban a pensar, a cuestionarme, a ser crítico, a razonar en lugar de memorizar; es decir, me enseñaron a aprender.
  • Eran profesores que se preocupaban de que aprendiese cosas útiles, apoyaban a los estudiantes con problemas y ofrecían retroalimentación continua.

Y tú, ¿qué profesores recuerdas y por qué?

A raíz de estas conclusiones, creo que es interesante rescatar dos aspectos fundamentales: por un lado, ¿se puede enseñar sin tener pasión ni vocación?; por otro lado, ¿de qué manera se puede potenciar el desarrollo de estas características excelentes?

Por lo que se refiere a la primera pregunta, en mi opinión la respuesta es clara y evidente: NO. Algunas profesiones, como la educación, la psicología o la psicopedagogía, entre otras, deben contener un elevado porcentaje de vocación, en tanto que nuestro objeto de trabajo son personas y no cosas. Nuestra motivación para acercarnos desde la humildad a estas personas y trabajar con ellas es fundamental para crear respuestas educativas eficaces, para escuchar y proporcionar una ayuda ajustada a las necesidades de cada persona, para abrir vías de empoderamiento y buscar la autonomía de esas mismas personas…

En cuanto a la segunda pregunta, el debate forzosamente es más amplio. Evidentemente podemos centrarnos en las carencias formativas del actual sistema educativo para acceder a la profesión, y creo que es importante buscar cambios en este sentido (siguiendo el ejemplo de otros países que tienen mejor desarrollado este aspecto, como Finlandia) para afianzar un sistema educativo de calidad. ¿Y mientras tanto? ¿Sería honesto por nuestra parte limitarnos a cruzar los brazos y esperar a que la administración decida cambiar? Dependiendo del profesional y de la calidad de su vocación la respuesta a esta pregunta será un motivo de crispación (¡¡ya estamos de nuevo!!) o de movilización (¡¡a por el cambio!!).

Son muchos los claros ejemplos que vía Twitter podemos encontrar, verdaderos líderes de una Educación Alternativa que miran de incorporar nuevas metodologías que proporcionan aire fresco, que nos demuestran que la revolución también está en las aulas. Son muchos los profesionales que incorporan nuevas percepciones educativas, nuevas metodologías, que se suman al Nuevo Paragidma educativo. Un paradigma donde no tiene cabida vídeos como el que visualizo esta mañana, donde chavales de 17 años suplican un cambio para dejar de sentirse encarcelados.

El sistema escolar visto por un chico de 17 años from ellosViven on Vimeo.

Y aun falta camino por andar para afianzar una profesionalidad en materia de educación que encaje con las características más arriba enumeradas. Se ha trabajado mucho en materia de Nuevas Tecnologías, metodologías 2.0, etc. Y los niños siguen sintiéndose abatidos por el mundo que les rodea, aislados; las carencias afectivas cada vez son más habituales, la gestión de las emociones cada vez es más desadaptativa en un mundo donde se han primado los derechos por encima de las obligaciones, donde la intolerancia a la frustración es el pan de cada día, donde lo material suple lo emocional…

La verdad es que cuando hablamos de empoderar a nuestros alumnos, la educación emocional se convierte en un eje imprescindible. ¿Cómo podemos empoderar a una persona que desconoce sus recursos y limitaciones?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que no sabe gestionar sus emociones, que no empatiza consigo mismo ni con los demás?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que busca el beneficio inmediato y caduco por encima del beneficio a largo plazo y estable?… Y la lista de preguntas sigue, aunque la respuesta sea única: de ninguna manera.

Aun queda camino para ser profesores acogedores, atentos, empáticos, cariñosos, amigables, creativos, críticos, comprensivos y compasivos… En definitiva, maestros. Nos queda el camino del desarrollo personal para poder contribuir en el desarrollo personal de nuestro alumnado, incorporando estrategias y metodologías emocionalmente ecológicas en nuestras aulas, otorgando espacios para las emociones y no sólo para lo puramente académico.

Una vez incorporado esto, podremos entonces hablar de Revolución Educativa. No antes.


Profesor, docente o maestro

A menudo hablamos de la educación centrándonos en aquellos aspectos que no funcionan, en el fracaso escolar, en lo que debería cambiar, en cómo nos gustaría que fuera… Poco a poco empiezo a leer posts que cuestionan el tema de la formación, un tema que nadie discutirá es primordial para hablar de revolución educativa. Llegados a este punto, me pregunto: para cambiar la formación, ¿no deberíamos definir un poco más la figura del profesor? Porque el papel que el profesor juega en el aula es fundamental para articular una formación del mismo en un sentido u otro, ¿no os parece?

En este sentido, este post pretende profundizar un poco, sólo un poco, en esta cuestión. Para ello, me parece interesante abrir la reflexión en torno al concepto de profesor y un par de sinónimos que hoy utilizamos indistintamente en nuestro lenguaje diario:

Wordreference nos define a un profesor como la persona que se dedica a la enseñanza, es decir, a la transmisión de ideas, conocimientos, etc. a otra persona (el alumno).

Por maestro, el mismo diccionario nos lo define como (he seleccionado las acepciones referentes a personas y al contexto del que hablamos):

  1. Persona que enseña un arte, una ciencia, o un oficio, especialmente la que imparte el primer ciclo de enseñanza, o tiene título para hacerlo.
  2. Persona muy diestra o con profundos conocimientos en alguna materia.
  3. Persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia.
  4. Todo lo que enseña o alecciona.
  5. Persona que ha alcanzado un alto grado en su oficio.

Resumiendo, por maestro podemos entender aquel experto o sabio en una materia que intenta educar en su sabiduría a otra persona (el alumno).

Finalmente, por docente entendemos la persona que se dedica a la docencia o enseñanza, de nuevo, la transmisión de ideas o conocimientos.

Personalmente me parece interesante esta distinción que el lenguaje hace para las diferentes formas de asignar al profesor, pero de momento dejaremos aquí aparcado el tema para volver más tarde, tras haber expresado con un poco más de profundidad el contexto en el que se mueve esta figura. Por el momento seguiré usando la palabra “profesor”.

La realidad hoy en las escuelas nos habla de una educación que tiene que acoger a una población muy diversa y heterogénea con diferentes formas de aprender. Sin embargo, a partir de unos estándares académicos, todos los estudiantes deben ser preparados en pensamiento y habilidades de tal forma que este desarrollo les permita un proceso de aprendizaje permanente que terminarán por desarrollar a lo largo de sus vidas.

En este proceso educativo (y, por tanto, en la sociedad), el profesor juega un papel muy importante ya que es el encargado último de educar a los ciudadanos del mañana. Su tarea es fundamental para producir una sociedad libre (creativa y crítica), igualitaria (justa,) y fraternal (solidaria y colaborativa).

El reto principal del profesor, por ende, consiste en ingeniárselas para traducir una diversidad de alumnado de partida en una diversidad de metodologías a partir de una uniformidad académica. De entrada, esto implica una dificultad añadida que el futuro profesor debe tener en cuenta y que, por tanto, la formación debe atender de forma precisa mediante la enseñanza en la creatividad, la innovación y el ingenio.

Sin embargo, este ingenio al que hacemos referencia debe partir de una base real, de la problemática de sus alumnado en la interacción con sus procesos de aprendizaje en particular, y de desarrollo en general. Por tanto, para que el profesor pueda ser efectivo primero ha de ser afectivo, ya que la sensibilidad de los diferentes casos en el aula será el motor de búsqueda de una intervención educativa basada en el acompañamiento y el respeto. Esto se traduce en una formación en habilidades de comunicación, sociales y emocionales.

De todo esto que comento, se traducen dos conclusiones importantes: la primera hace referencia a que efectivamente la educación no es una mera transmisión de información sino que consiste en algo mucho más profundo que atañe al desarrollo íntegro de las personas que llenan las aulas: emociones, pensamientos, valores… La segunda conclusión es que ser profesor lleva implícito una participación activa en el desarrollo de la enseñanza.

A la luz de todo lo que se ha dicho, entiendo como necesario que las personas dedicadas a la educación sean capaces de formularse diariamente las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son los desafíos educativos de hoy?
  • ¿Qué características debo potenciar para hacer frente a estos desafíos?
  • ¿Qué conocimiento necesito para ser efectivo en los diversos contextos educativos?
  • ¿Qué habilidades debo desarrollar y cómo para proporcionar experiencias de aprendizaje poderosas a la diversidad de estudiantes?
  • ¿Cómo construyo mi identidad de profesional responsable y comprometido con mi profesión?
Como se puede ver, la formación y el aprendizaje deben constituir un eje transversal a lo largo de la vida de los profesionales de la educación que, mediante procesos reflexivos, permitan nuevos conocimientos y habilidades para dar solución a los diferentes desafíos educativos.

Finalmente, retomando la cuestión del lenguaje que iniciaba más arriba, dejo a vuestro juicio el concepto que creáis más oportuno para designar el rol de esta figura dentro de la educación. Sin embargo, desde mi personal punto de vista, quizás ninguno de los que arriba se definían acaben de encajar… ¿Vosotros cómo lo veis?


El fracaso educativo: homogeneidad y unidireccionalidad

Actualmente participo de la formación en un curso de Prisma sobre Alteraciones Graves de Conducta (AGC) en entornos educativos. Es un curso realmente interesante del que estoy aprendiendo mucho de la mano de los materiales, los profesores y los compañeros. A raíz de un debate en uno de los foros, con respecto a la reforma que se hizo el pasado viernes 29 de julio de 2011 (acceso de alumnado que NO obtiene el graduado en ESO a un ciclo formativo de grado medio), me apetecía compartir con vosotros algunas conclusiones a las que he llegado:

Capítulo 1: ¿Qué entendemos por sistema educativo?

Personalmente entiendo por sistema educativo el conjunto de recursos, personas, espacios e interacciones que se dan con tal de acompañar a los niños y a los jóvenes en un desarrollo integral de todas las dimensiones que le constituyen como persona (cognitiva, emocional y conductual), con el objetivo último de que se forme como futuro ciudadano libre (crítico y creativo), igualitario (justo) y fraternal (solidario y colaborativo).
Esto tiene dos implicaciones básicas: si queremos personas libres, igualitarias y fraternales:

  1. las hemos de educar desde la libertad, la igualdad y la fraternidad, y
  2. han de poder sentirse libres, iguales y fraternales.

Capítulo 2: Para educar, ¿es necesario seguir un único itinerario?

Nadie discutirá a estas alturas del partido que tenemos un sistema educativo fracasado. Uno de los aspectos más destructivos, a mi entender, de este sistema es la homogeneidad en todos los sentidos:

  • Todo el mundo ha de seguir un mismo itinerario.
  • Todo el mundo ha de seguir un mismo ritmo (curso/año).
  • Todo el mundo ha de estudiar los mismos contenidos y de la misma manera.
  • Todo el mundo ha de evaluarse de lo mismo y de la misma forma.
  • Todo el mundo…

Continuamos alimentando un discurso (el de la homogeneidad) que de sobras cuestionamos cuando lo enfocamos desde otra perspectiva (por ejemplo, las inteligencias múltiples: entonces todo el mundo entiende que el sistema ha de ser más heterogéneo, ¡¡porque está de moda!!).

Un sistema educativo, sin embargo, ha de permitir que todo estudiante pueda elaborar su propio itinerario. En lugar de la linealidad tradicional y pretendida (Infantil -> Primaria -> ESO -> Bachillerato -> Universidad -> Trabajo), se debería potenciar la multidireccionalidad, es decir, se trata de construir una red educativa donde la edad no sea el criterio-base para definir en qué punto se ha de estar, sino que la motivación y la iniciativa personal habría de ser el motor que nos fuera trasladando por los diferentes niveles al ritmo y en el orden que marquen nuestras necesidades del momento.

Esta forma de entender la educación lleva implícita una serie de aspectos importantes a poner sobre la mesa del debate educativo:

  • La formación personal (no profesional) ha de ser posible a lo largo de toda la vida.
  • Cada nivel ha de ser específico y concluyente: se trata de evitar la continua y monótona repetición de los mismos contenidos año tras año, y potenciar aprendizajes que intenten ser exclusivos y exhaustivos en la medida de lo posible (se entiende que hay aprendizajes que deben ser cíclicos como por ejemplo los relativos a las habilidades tecnológicas o a las habilidades emocionales y sociales…).
Os dejo aquí un ejemplo de cómo podría ser un sistema educativo específico y concluyente:
  • Infantil y Primaria: formación básica de la persona en habilidades de lectoescriptura, base de les matemáticas, educación emocional, musical y física, construcción mental de l’espai… etc.
  • ESO: profundización en ciencias, letras, autogestión emocional y gestión de les relacions, trato de la información, etc.
  • Formación Profesional: formación de las personas para puestos de trabajo técnicos (se deberían trasladar muchas actuales carreras universitarias como Telecos, Informática, etc.) tanto por lo que se refiere a contenidos como recursos personales y profesionales de la propia persona y del entorno (emprendedoría, por ejemplo).
  • Batxillerat y Universidad: preparación de las personas para la investigación, la ciencia, o para los estudios de larga durada (medicina, magisterio -hace falta una reforma, ¿no?-, política…).

Capítulo 3: En lugar de todo esto, ¿qué estamos entendiendo por FP?

Mi experiencia académica cuenta con un título en un CFGS (en la rama de la construcción) y un título en una carrera universitaria (Psicología). Quien se crea que con ¿¿poco esfuerzo?? conseguirán el título, o que no es justo que estos alumnos tengan más posibilidades (o facilidades) que los que siguen un itinerario ¿¿más costoso?? como es el de Bachillerato, carrera, etc., como he podido leer en algunas opiniones, me da a entender que no sabe muy bien de qué habla. Un ciclo de grado medio o de grado superior son unos estudios con un grado de dificultad importante, no son poca cosa que se tenga que desmerecer ni tienen nada que envidiarle al Bachillerato. El desconocimiento lleva a comparar cosas incomparables y obliga a poner jerarquías inncesarias y fuera de lugar.

En este sentido, una compañera del curso se preguntaba: ¿Dónde ha quedado el espíritu de sacrificio? Afortunadamente en ningún lugar, porque ya está bien de sacrificar vidas intentando “encarrilarlas” en un estilo de vida que puede encajar en muchas personas pero que es evidente que no encaja en otras tantas. Realmente, ¿tenemos derecho a escoger por estas personas? ¿Queremos formar personas responsables a base de escoger nosotros su propia opción de vida? ¡Paradójico!

Capítulo 4: Primeras conclusiones

Desde mi punto de vista, estudiar debería repensarse como una actividad agradable. ¿Os imagináis que de repente los niños y niñas tienen mono de ir a la escuela? Desde esta perspectiva, cualquier cambio o reforma educativa debería ir en esta vía, se trata de abrir posibilidades. No se trata de que unos tengan más facilidades que otros, sino de que cada uno pueda elaborar su propio itinerario, el más conveniente para esa persona. Y detrás, como siempre, debe haber un equipo de profesionales que se dediquen a orientar, a acompañar, y a acoger estas decisiones.

Nada de imposición, estimado siglo XXI…


Reforma educativa: pasos imprescindibles

Los niños de hoy son probablemente la generación más sofisticada que jamás haya existido.

Richard Gerver

El entorno de hoy es muy diferente al entorno de ayer, y el de mañana muy probablemente será diferente al de hoy. Vivimos en la sociedad del cambio constante, donde la necesidad de habilidades de adaptación se hacen muy presente. Es lógico deducir entonces que los niños de hoy son diferentes a los niños de ayer. Sin embargo, cuando nos embarcamos en el sistema educativo, observamos que se siguen manteniendo prácticas de ayer para niños de hoy que serán los ciudadanos del mañana. En un mundo cambiante, la educación permanece estática e inamovible. Pero, ¿hacia dónde debería cambiar la educación para adaptarse a las circunstancias del mañana? ¿Qué necesitamos enseñar hoy para que mañana los futuros ciudadanos puedan estar preparados?

Las respuestas a estas preguntas son difíciles. Sin embargo, una nueva conciencia educativa nace de todo este cuestionamiento. Richard Gerver, entre otros muchos expertos en materia educativa, defiende que la reforma educativa debe pasar por entender la educación como un vehículo de capacitación y no un vehículo de opresión. El primer paso para que esto sea posible pasa por comprender los procesos mentales que hoy viven nuestros alumnos: en primer lugar, comprender que ellos se sienten desconectados de la sociedad ya que no hay nada en ella que les represente en su idiosincrasia particular; en segundo lugar, comprender que esta percepción de la realidad es muy diferente a la nuestra o a la de nuestros padres y que, por tanto, provoca una brecha generacional que nos separa de ellos; en tercer lugar, comprender que ellos necesitan sentirse parte de esta sociedad y que, en consecuencia, nos debemos a la obligación de preguntarles qué quieren para sentirse parte de esta sociedad; y finalmente, comprender que en esta incertidumbre de tanto cambio y de algo que les es tan ajeno, se sienten inseguros y no acaban de saber cómo responder a esa pregunta.

Para romper esta brecha generacional, por tanto, debemos empezar a posibilitar desde la educación procesos de empoderamiento, fortalecer la capacidad de autogestionar la propia vida para que nuestros alumnos puedan rápidamente integrarse en la sociedad. Por lo tanto, una conclusión que se acerca a una respuesta parcial a las preguntas que formulaba más arriba sería la de abordar con urgencia la inteligencia emocional y social dentro de la educación. Pero para ello, nos explica Nieves Segovia [Redes 77, Crear hoy las escuelas de mañana, minuto 18:25], presidenta de la institución educativa SEK en Madrid, que se hace imprescindible una previa formación del profesorado en esta materia, ya que la educación emocional y social debe entenderse no como una signatura más dentro del currículo educativo, sino como una materia transversal que trabajar a partir de las dinámicas que se generan dentro del aula en las diferentes áreas académicas. Se trata de que los profesores adquieran los modelos y las estrategias para aplicar en sus aulas y acompañar a los alumnos en el descubrimiento y la gestión de las propia emociones, por un lado, y el desarrollo de habilidades como la creatividad, la empatía o el pensamiento crítico, entre otras, por otro lado.

Del vídeo de Eduard Punset referenciado arriba, me parece interesante la integración que Jordi Gros, coordinador de segundo ciclo de la ESO SEK en Catalunya, hace en cuanto a este autoconocimiento al que hago referencia y la idea de vida y los valores primarios que se desarrollan en los diferentes ámbitos educativos de los alumnos, como de aquí surge la idea de aula inteligente donde potenciar la reflexión y el aprendizaje interdisciplinar como estrategias eficaces para el desarrollo de la capacidad de adaptación a la realidad cambiante. Desde esta perspectiva, cabe comprender que en la sociedad no nos aparecen problemas donde se pongan en práctica aprendizajes de una sola materia, sino que habitualmente los problemas que se nos plantean en nuestras vidas implican la puesta en marcha de aprendizajes en varias materias; por lo tanto, la educación debe contemplar una forma de aprender de forma interdisciplinar. Por otro lado, se pone en relieve la necesidad de aprender a reflexionar sobre nuestro entorno para ser capaces de desarrollar soluciones eficaces a los problemas que la vida nos plantea.

Jordi Gros, además, elabora una sentencia con la que estoy completamente de acuerdo que viene a decir que al ser humano le gusta aprender y perfeccionarse. Si precisamente la educación consiste en aprender y perfeccionarse, ¿cómo hemos llegado al punto de que nuestros alumnos contemplen la educación como algo aburrido? ¿Cómo podemos aprovechar esto para hacer más efectiva la educación? En este punto se hacen interesantes dos de los aspectos claves que Richard Gerver mencionó en la pasada edición del GEF10:

  1. Aprendizaje invisible: aunque propiamente Gerver no utiliza esta expresión para hacer referencia a los aprendizajes informales y espontáneos que realizamos las personas en nuestras interacciones cotidianas con el entorno y con el mundo, de una manera indirecta hace referencia a que nuestros hijos aprenden más de sus amigos y de las redes sociales que del aula. Este es un punto interesante de estudiar y de interiorizar para comprender la reforma educativa en su sentido más amplio. Es evidente que nuestros alumnos saben más cosas, pero no necesariamente este conocimiento se traduce en sabiduría. La pregunta que debemos formularnos, pues, a este punto es: ¿Cómo podemos hacer para que la educación sea parte de esa transformación del conocimiento en sabiduría? Parte ya la he respondido introduciendo aspectos tan importantes como la inteligencia emocional y social, la reflexión y la conexión entre los diferentes aprendizajes: hacer uso del conocimiento para adaptarse mejor a los cambios del entorno y poder resolver de forma más eficaz los problemas de la vida. Sin embargo, queda otro aspecto interesante de analizar que el mismo Gerver pone sobre la mesa:
  2. Pasión: ¿Por qué los profesores deciden ser profesores?, empieza el autor. Pocos pondrán en duda que la docencia es hoy una profesión vocacional; aquellas personas que deciden dedicarse a la educación entienden que la sociedad requiere de transformaciones palpables y saben que deben participar de esos cambios. Esta pasión, sin embargo, se encorseta en el preciso instante que nos sumergimos en el sistema educativo. El sistema educativo es tan ordenado, nos dice Gerver, que perdemos la pasión. Los educadores, hoy, debemos hacer un esfuerzo por recuperar esa pasión perdida y transmitirla a nuestros alumnos. Y ésta es la clave que nos falta para completar el rompecabezas de la reforma educativa: la motivación. ¿Por qué están aprendiendo nuestros alumnos? Se trata de contagiarles la idea de que estudiar puede hacer que sus vidas sean mejores en ese preciso instante, no con perspectiva de futuro para poder encontrar un trabajo, no. La pieza clave es transmitir el valor de la educación como algo que les puede ayudar, de que puede ser tan atractivo como Apple, concluye este punto Gerver.
Para que esta transformación de la educación sea posible, me gustaría finalizar esta entrada con otro aspecto que personalmente encuentro fundamental. En una entrada anterior, hacía referencia a la necesidad de centrar la educación en los procesos. Esto supone desplazar el foco de atención de los resultados a las personas que participan de la educación. La calidad ahora está en el itinerario que recorren nuestros alumnos acompañados de sus profesores. La experiencia que se vive en el aula cobra protagonismo por encima de los resultados finales. Y es que, como bien dice Richard Gerver, el mejor regalo que les podemos hacer a nuestros alumnos es el tiempo: dejemos de hablar sobre futuro y empecemos a a conversar sobre el aquí y el ahora.

A modo de resumen:
Para que la reforma educativa sea factible algunas de las transformaciones que se deben producir son:
  • Abordaje de la inteligencia emocional y social dentro de las dinámica del aula.
  • Generación de espacios de “entrenamiento” (aulas inteligentes) para la vida basado en la interdisciplinariedad y la reflexión.
  • Transformación de los procesos invisibles en procesos conscientes de aprendizaje.
  • Potenciación de una motivación intrínseca por y para el hecho de estudiar.
  • Centramiento de la educación en las personas y los procesos de aprendizaje, en lugar de en los resultados.

Revisión al programa de Escuela 2.0

Algunos datos interesantes:

  • El 72% de los europeos considera que la red mejora sus posibilidades de aprender.
  • La cifra se eleva hasta el 86% en el caso de los españoles.
  • La cifra de ordenadores por alumnos ha pasado del 7,7% en el 2004 al 22,2% en el 2009.

Según datos de 2010 del Instituto Nacional de Estadística (INE),

  • El 87,3% de los niños entre 10 y 15 años son internautas.
  • El 82,9% utiliza internet para trabajos relacionados con el colegio, por encima del 76% que lo usa para ocio.
Según un reciente estudio elaborado en el marco de la Unión Europea,
  • El 90% de los españoles opina que la red ha mejorado su capacidad de estar informado.
Según el Estudio la Sociedad de la Información en España 2010, elaborado por la Fundación Telefónica,
  • El 23% (y sigue aumentando) de las empresas europeas ofrece ya formación online o e-learning a sus empleados.

La crisis, la necesidad de reciclase profesional y el avance de la tecnología son algunos de los factores que contribuyen a que la red se convierta en un canal creciente de formación. En este sentido, es una evidencia que internet se está convirtiendo en un elemento fundamental para la educación, tanto en la formal como en la no formal y autodidacta, a la hora de encontrar información.

¿Cómo incorpora estos cambios la escuela?

En España se ha implementado un programa que durante cuatro años (desde el 2009 hasta el 2013) pretende distribuir más de 1.500.000 ordenadores portátiles para los alumnos, más de 80.000 ordenadores para los profesores y las aulas, así como dotar de equipamiento a unas 80.000 aulas digitales. Los beneficiarios serán especialmente aquellos alumnos de 5º y 6º de Primaria y 1º y 2º de ESO. A excepción de la Comunidades Autónoma de Madrid y la Comunidad Valenciana, el resto de comunidades se han sumado a la participación del programa.

Este programa, Escuela 2.0, busca integrar las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) en los centros educativos con el objetivo último de poner en marcha las aulas digitales del s. XXI en consonancia con la realidad social y tecnológica que comentaba más arriba. De esta forma, el programa Escuela 2.0 no sólo se basa en la dotación de recursos TICs a los alumnos y a los profesores, sino que además busca promover la formación en esta materia del profesorado.

Hasta aquí todo correcto. Sin embargo, ¿en qué consiste esa formación al profesorado en las TIC? Desde ITE-Formación hacemos una revisión rápida:

Existen las siguientes posibilidades para que los profesores y las profesoras que trabajan en centros públicos puedan formarse en materia de nuevas tecnologías de la información y de la comunicación:

  • Formación en Red del profesorado: servidor que pertenece al Instituto de Tecnologías Educativas, dirigido al profesorado de cualquier nivel educativo. En este espacio virtual se ofrecen materiales, cursos y experiencias específicos al programa Escuela 2.0.
  • Aula Mentor: sistema de formación abierta, libre y a través de Internet promovido por el Ministerio de Educación de España y diseñado para el impulso del Aprendizaje a lo largo de la vida en la población adulta. Los cursos en abierto posibles en la actualidad son 6, y trabajan operatoria de teclado, ofimática básica y Photoshop.

  • CIDEAD: el Centro para la Innovación y Desarrollo de la Educación a Distancia (CIDEAD) tiene la función de coordinar y organizar los elementos y procesos de la educación a distancia, así como de facilitar el acceso a la educación de las personas adultas y del alumnado en edad escolar que, por circunstancias personales, sociales, geográficas u otras de carácter excepcional, se ven imposibilitados para seguir enseñanzas del sistema educativo en el régimen presencial ordinario. En lo relativo a la formación en las TIC, se ofrece un curso de Educación a Distancia que “pone a disposición del profesorado contenidos y recursos didácticos adaptados a la realidad y a las exigencias de la Educación a Distancia en la sociedad actual“.
  • IFIIE: la misión específica del Instituto de Formación del profesorado, Investigación e Innovación Educativa es la mediación entre el conocimiento generado en materia educativa y la toma de decisiones, sobre todo desde la administración educativa del Estado, pero también desde las autonómicas o desde los centros escolares, así como desde las administraciones supranacionales.

A parte de las dificultades que personalmente le encuentro al hecho de coincidir con los periodos de inscripción a los cursos poco adaptados a las necesidades particulares del profesorado, la mayoría de los cursos están orientados a ofrecer una serie de recursos que pueden utilizar en las aulas y, sin embargo, es inexistente la formación relativa a la metodología propia de un aula digital. En mi opinión, este es el grave error del Programa Escuela 2.0 y de su inminente fracaso a efectos prácticos, ya que, al final, parece reducirse a una mera introducción de aparatos electrónicos dentro de las aulas. En este sentido, el desconocimiento por parte de la mayoría de profesores puede generar miedo y desinterés hacia estas tecnologías, imposibilitando una auténtica implementación del programa.

Por otro lado, no son pocas las quejas relativas a la conectividad en las aulas. Si bien es cierto que la conexión a la red en este país es deper se precaria, la conectividad en las escuelas públicas adolece de mayores problemas aun. Así, no son pocas las voces que se quejan de ello cuando la única alternativa ante la veintena de aparatos electrónicos estancados e inconexos es la frustración.

En mi opinión, creo que el programa se ha empezado, como todo en este país, por el tejado. Por consiguiente, creo que los pasos que deberían haberse seguido para implementar un programa tan ambicioso en unas condiciones mínimamente aceptables habrían sido los siguientes:

  1. Formar al profesorado: especialmente en metodologías 2.0, más que tecnologías 2.0. Personalmente, creo que este es el paso previo a cualquier implementación de una Escuela 2.0.
  2. Afianzar una red de comunicaciones realmente potente a nivel estatal: otros países desarrollados ya están navegando a velocidades aquí impensables y utilizan una tecnología que da mil vueltas a la nuestra.
  3. Renegociar el marco legal: una de las reformas más necesarias en este país que limita las posibilidades reales de conectividad es es en materia legal. Actualmente la ley prohíbe la distribución de conexión privando de posibilidades para una mayor conectividad a las personas y, por ende, a las escuelas. Todos salimos perjudicados a excepción de las compañías.
  4. Invertir bien los recursos: desde mi punto de vista, me parece innecesario hacer un gasto de 800 millones de euros en un programa de esta índole, y menos en una época de crisis como la que vivimos. Con la migración absoluta a software libre, se pueden reutilizar ordenadores que con otros sistemas operativos quedan obsoletos.
Las implicaciones educativas de las cosas bien hechas y de una forma sostenible son, además, un gran ejemplo para nuestro alumnado. ¿Por qué no educar desde la política también?
Dudas, sugerencias y correcciones en los comentarios 🙂

Una realidad escolar exclusiva

A menudo los gurús nos hablan de la inclusividad como una las metas de la nueva escuela. Desde el Ministerio de Educación se nos habla de una adecuada respuesta educativa a todos los alumnos a partir de los principios de atención a la diversidad, normalización e inclusión para garantizar el desarrollo de todos, favorecer la equidad y contribuir a una mayor cohesión social. ¿Pero cuáles son las prácticas que realmente nos empujan hacia esta inclusividad?

No hace falta un análisis en profundidad para darse cuenta rápidamente de que la escuela actual es una escuela altamente excluyente. Esta exclusión, a mi modo de ver, se practica en cuatro aspectos básicos, que os explico a continuación:

Exclusión académica

Son evidentes los esfuerzos por intentar incluir a aquellos alumnos con discapacidad o aquellos otros que tienen alguna dificultad específica. Nos hartamos de adaptaciones curriculares para aquellos alumnos “que no dan la talla” sin darnos cuenta de que esta práctica no es más que un parche que no soluciona realmente el problema. Con las adaptaciones lo único a lo que nos limitamos es a bajar el nivel de aquellos alumnos especiales, dejando así de cumplir el principio de normalización al que hacíamos mención más arriba. Por un lado, generamos una ley que normaliza aquellas competencias que se consideran adecuadas haber desarrollado una vez acabada tal o cual etapa; y excluimos a aquellos que no son capaces de llegar a esa norma. Para que la exclusión no sea tan insultantemente evidente nos creernos nuestra creación a propósito de la adaptación curricular. El niño, cuanto menos, ya no se siente mal por no llegar a los objetivos, con lo que le evitamos un disgusto de aúpa, cuando, en realidad, nos hemos limitado a separar al niño en cuestión del grupo; le hemos excluido.

Exclusión emocional

Cuadros familiares, personalidades o conductas desadaptativas son algunas de las situaciones cada vez más habituales en nuestra escuela. El bullying está a la orden del día. ¿Y qué hacemos ante tal panorama? Prácticamente nada. La dejadez en temas emociones y habilidades sociales es absoluta. En todo caso, alguna escuela proyecta alguna acción en horario extraescolar, e incluso alguna escuela se aventura a incluir algún programa dentro del horario lectivo; verdaderas compilaciones de actividades desconectadas de la realidad del alumno. Copiamos el modelo de aula de las asignaturas instrumentales, con la salvedad que cambia el objeto de enseñanza. Un desastre con consecuencias nefastas: alumnos cada vez más pobres emocionalmente, cada vez más desadaptados, que al final acaban fracasando también en lo académico.

Exclusión tecnológica

Hoy está muy de moda hablar de tecnología (especialmente de tecnología 2.0), incluir aparatos electrónicos en las aulas (las escuelas se pelean por conseguir dotaciones tecnológicas)… y en todo este trajín, nos olvidamos de lo importante. ¿De qué nos vale un aparato en nuestra clase si no sabemos cómo usarlo? De nuevo, este potente artefacto se acaba convirtiendo en un segregador en la clase: aquellos alumnos que por motivos ajenos a la escuela saben usar esa tecnología y los que no. Podríamos centrarnos también en las barreras digitales que padecen aquellos alumnos que no pueden continuar disfrutando de conexión cuando llegan a su casa (no sólo se requiere de un ordenador portátil para conectarse, sino de un acceso a la red también, por decir algo evidente que las autoridades parecen no ver): se les acaba todo lo 2.0. ¿Y qué sucede cuando un ordenador portátil deja de funcionar correctamente? ¿Son los alumnos unos expertos capaces de solucionar todos los problemas informáticos derivados del aparato en cuestión? Problemas, problemas y más exclusión.

Exclusión lúdica

“Los niños son niños”, decimos a menudo. ¿Y qué hacen los niños? Los niños juegan. Sin embargo, algo que parece tan evidente y obvio se ha convertido en un problema que parece que nadie ve. El ritmo de vida de la gran ciudad ha ido eliminando paulatinamente los espacios (hablo también de tiempo) destinados al juego, los niños pasan el tiempo solos ya que los padres han de cumplir una jornada de trabajo exhaustiva… Como consecuencia tenemos un desaprendizaje lúdico impactante en los niños, hecho que, a mi entender, promueve el abuso de falsos juegos basados en la violencia. Los niños en lugar de disfrutar aprenden a chinchar.

Llegados a este punto, alguien podrá decirme que la escuela no es el espacio donde se tiene que jugar, que la escuela es para aprender. Nada más lejos de la realidad. Una escuela que potencia la educación de los niños en todas sus dimensiones no debería olvidar la dimensión lúdica. Retornando el inicio de este apartado, los niños juegan y, por tanto, el juego es el medio a través del cual aprehenden el mundo. Obviando el juego, obviamos un aspecto importante en la vida de un niño y, por tanto, le excluimos de la práctica escolar. No me extraña que vayan tan desmotivados a la escuela…

A propósito de esto último sobre lo que hablo, un experto en la Jornada DIM-Espiral 2011 ponía en relieve la importancia de acercar la educación al niño a través del juego. Interesante punto de partida.

***

Esta es parte de nuestra realidad escolar. Ahora bien, detenerse aquí no nos ayudará a cambiar la situación. La situación no va a cambiar por arte de magia. Pero si cada uno de nosotros toma consciencia de estas exclusiones puede empezar a actuar.

¿Qué cambios crees que puedes introducir en tu aula para favorecer la inclusividad? ¿Cómo puedes colaborar en tu escuela para excluir a la exclusividad?


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