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¿Micropolítica en la escuela?

Desde hace un tiempo llevo dándole vueltas a las pautas de relación que establecemos dentro de la escuela, así como el impacto educativo que estas pautas de relación tienen sobre los actores que se encuentran dentro de una escuela: alumnado, profesorado y familias. Hace poco cayó en mi lector de feeds el enlace a un artículo que recuperaba algunos de los puntos fuertes de la teoría de Focault en relación a la micropolítica, y que creo que viene al pelo con lo que quiero compartir hoy con vosotros.

A lo largo de su obra,  Foucault plantea tres problematizaciones en forma de tres líneas de pensamiento: el problema del saber, el problema del poder y el problema de los procesos de subjetivación. A continuación os dejo un párrafo extraído de un artículo que sintetiza muy bien estas problematizaciones desde la concepción del autor (recomiendo encarecidamente la lectura del artículo para una mayor comprensión), subrayando aquellos aspectos que considero relevantes para un posterior análisis centrado en el marco educativo y las relaciones de poder que se producen en y desde la escuela, así como el impacto que las mismas producen en nuestra sociedad.

(…) Una micropolítica se distingue ante todo por la concepción que tiene del poder. Para la micropolítica el poder no es el Estado, no es el Príncipe, no es el aparato gubernamental, no es la Ley. No es una política que respuesta a los ejercicios del Estado o del aparato centralizado del poder. La micropolítica es anterior a la macropolítica, ya que plantea que el poder es anterior a lo político, es anterior a la Ley, es anterior al Estado, es la fuerza de lo social, es una fuerza primaria, es una fuerza activa; el poder es la vida misma puesta en dinamismo. En este sentido, la micropolítica es minoritaria, minoritaria en el sentido en que no busca el control de lo social, no busca el ejercicio del control del poder. Es una lucha minoritaria porque es secreta, no pasa por un aparato organizado –tipo partido, tipo sindicato-; la micropolítica busca romper, cuestionar, transformar la realidad por medio de la transformación de los efectos alienantes del poder en el sujeto. La micropolítica promueve una nueva realidad dentro de esos campos conocidos del trabajo, de la naturaleza, del lenguaje. La micropolitica busca la disolución del principio de identidad, para bloquear la macropolítica, pasando por un proceso de subjetivación, de afirmación de la diferencia, de la apertura del campo experimental, que posibilite la afirmación del tercero excluido como una promoción del afuera del sujeto. Negando al sujeto como producción del poder, ya que el sujeto es producido en nosotros como un gran hábito, como un conjunto de hábitos, es decir, como aquellas costumbres que producimos y repetimos todos los días. Entendemos, en este sentido, al sujeto como una producción del poder, materializado en un conjunto de hábitos, a los que es acostumbrado. En este orden de ideas, una micropolítica sería una práctica secreta en el orden privado del sujeto, donde se promueve la subjetivación como una experimentación por fuera de nuestros hábitos, abriendo un espacio de resistencia al poder, y ya que el poder esta interiorizado en el sujeto, permitir dentro de dicha micropolítica, una desterritorialización del poder como una práctica de expulsión. Esto sería, en términos foucaultianos, instalar una micropolítica como proceso de subjetivación por fuera del sujeto como instrumento del poder. Entonces, entendamos la micropolítica como un ejercicio de construcción de un pensamiento del afuera, que implica la emancipación definitiva del sujeto y que tiene vigencia inmediata en la práctica del ejercicio pleno de la vida, en términos de libertad y de posibilidad autentica de creación. (…)

[Márquez Estrada, JW. (2007). La problematización del poder en Michael Foucault, p. 24. En la Revista Círculo de Humanidades, núm. 28. Universidad Autónoma Latinoamericana: Medellín. pp. 100-115.]

Del texto arriba citado podemos inferir que:

  • Ejercemos el poder en el espacio social microcotidiano, es decir, en nuestro día a día en base a las pautas de relación que establecemos con los otros. En el marco escolar, se me antoja especialmente interesante el análisis de las pautas de relación que intervienen en el día a día de la escuela, es decir, ¿cómo se relacionan los diferentes profesionales?, ¿qué tipo de interacción establece la escuela con las familias?, ¿cómo son las relaciones entre el alumnado?, ¿y la del adulto con el alumno? Estas prácticas interactivas, ¿potencian la verticalidad, la diagonalidad o la horizontalidad? ¿Qué papel juegan las emociones en relación con el ejercicio de este micropoder?
  • Estas prácticas cotidianas están imbuidas del saber (conocimiento) científico que estipula lo que “es normal” y lo que “no es normal”. Así, cabría preguntarnos en la escuela qué consideramos normal y qué consideramos anormal, y el cómo nos relacionamos con la normalidad y la anormalidad. Así, ¿qué diferencias establecemos con aquellos alumnos “normales” en relación con los “anormales”?, ¿qué papel juega la enfermedad o la patología (TDAH, por ejemplo) en nuestra escuela?, ¿cómo nos relacionamos con esa patología?, ¿cómo nos relacionamos con los alumnos que presentan  determinadas patologías?
  • Este saber construye un modelo de sujeto concreto que, a su vez, se objetiviza por medio de una serie de “prácticas de escisión”, donde el sujeto escindido en sí mismo es separado de los otros (el loco del cuerdo, el enfermo del sano y el delincuente de ”los muchachos buenos”). Este modelo, finalmente, acaba concretándose en un discurso, una narración social, que marca cómo debemos relacionarnos con el (s)objeto en cuestión. Para ser conscientes de este discurso podemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Somos capaces de detectar el vocabulario con el que nos referimos a cada uno de nuestros alumnos, compañeros o hacia las familias? ¿Qué diferencias estamos estableciendo entre los alumnos, nuestros compañeros profesionales y las familias? ¿Cómo puede influir en el clima emocional esta narrativa construida a partir de los significados que consigo detectar en el análisis?
  • Finalmente, el pensamiento normativizador construye una sociedad basada en micropoderes inigualitarios y disimétricos. Así, en base a todo lo anteriormente analizado, ¿en qué medida mis/nuestras proyecciones discursivas fomentan la desigualdad, la represión de ideas o la desintegración? ¿En qué medida me responsabilizo de co-crear un clima emocional basado en la fraternidad, la igualdad y la libertad? O, por el contrario, ¿en qué medida interfiero para crear un clima emocional constructivo?

En definitiva, la micropolítica de Foucault busca salirse de este pensamiento normativizador para, desde fuera (en libertad y creatividad), ejercer nuevas relaciones de poder y, por tanto, construir nuevos hábitos interpersonales. Entendiendo que la escuela es el espacio de “entrenamiento” para la futura ciudadanía, ¿no cabría replantearse cómo ejercemos nuestra relación con el poder dentro de la institución para encontrar nuevas herramientas de cambio paradigmático desde la escuela?

No olvides dejar tus dudas, sugerencias y/o opiniones en los comentarios. Entre todos podemos construir un debate que dé nuevo rumbo a la Nueva Escuela. Gracias de antemano ^^

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