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¿Por qué falla la implantación de software libre en Educación?

No he podido evitar dar un respingo en mi asiento del metro mientras leía algunas de las argumentaciones que @xarxatic nos ha traído con su post “¿Por qué falla la implantación de software libre en Educación?“. Creo firmemente que alguna de estas argumentaciones atenta contra la filosofía de fondo que subyace en el software libre. Paso a comentar:

Demasiada dispersión en el desarrollo de las distribuciones educativas:

La libertad primera del SL habla de “la libertad de estudiar cómo funciona el programa, y cambiarlo para que haga lo que usted quiera“, basado en un principio de diversidad que, en otros aspectos, defendemos acérrimamente en nuestra Educación. Este principio es el eje a partir del cual se articula todo el movimiento de SL: las personas debemos tener el control sobre las máquinas y no a la inversa (Microsoft). Pretender que todas las administraciones educativas se pongan de acuerdo para elaborar una misma distro me parece dar un paso atrás en la concepción de libertad. La diversidad de distribuciones es lo que precisamente hace rico un sistema linux, porque el usuario puede escoger, adaptar y ergonomizar su máquina en base a sus propias necesidades. ¿Por qué no lo iban a poder hacer las administraciones?

Aclarando aspectos importantes que podrían despistar al lector neófito en el tema, una distro no es más que un paquete de programas básicos del cual se parte, por lo que esto no plantea ningún problema real en las escuelas. En cuanto a entornos gráficos, hay unos pocos pero los más interesantes desde mi perspectiva son dos: Gnome y KDE; de todas formas, las variaciones que puedan haber de uno a otro tampoco presentan un problema, ya que la arquitectura de fondo de cualquier sistema Linux (kernel) es la misma te cojas la distribución que te cojas. Es cuestión de acostumbrarse a ver “colores diferentes” en nuestras pantallas, como lo hacemos con el color de la piel de las personas, y a prestar atención donde damos los clics, un ejercicio -dicho sea de paso- interesante y muy educativo 😉

El problema de fondo, real, es que al final las administraciones se limitan a crear una distro que no miman ni cuidan (suelen tener una fea presentación, ser poco ergonómicas y habitualmente quedarse desactualizadas). ¡Esto es un problema! Otro problema que veo no hacen comparativas de sus creaciones: ver qué hace el “vecino” y si está mejor que lo mío, aprender de ello. Al final esto se convierte en una pugna por ver quién es el más guay invirtiendo los menos recursos posibles. ¡Esto también es un problema!

Falta de formación de los miembros de la comunidad educativa

En este punto estoy completamente de acuerdo. Como todo en lo que a un sistema social se refiere, los cambios siempre son lentos. Según estudios recientes, Linux sólo cuenta con un 5,3% de cuota de mercado lo cual, aunque es esperanzador, aun sigue siendo minoritario. Es importante fomentar el uso de sistemas Linux desde las escuelas, pero como en todo, se trata de hacerlo de una manera coherente. Claro, que si el sistema educativo no se preocupa de formar bien a sus futuros docentes, ¿por qué iba a proponer una formación sensata en materia de informática?

Acompañamiento en dar el salto de privativo a libre inexistente

¿Que “los foros para preguntar dudas adolecen de un feedback continuo y válido”? En todo mi tiempo con Linux jamás me ha quedado una pregunta sin responder. Creo que esto se resume en una cuestión de habilidad en la búsqueda. ¿Puede ser?

Sistemas duales que hacen que se opte por lo conocido

Soy usuaria de Linux desde hace 10 años; me fascina el movimiento que hay detrás de él; y aun así, mi ordenador es dual aunque lleve 3 años sin entrar en Windows. No quiero cerrarme ninguna puerta, porque ante todo me interesa mi comodidad (¿acaso hay alguien que no busque su comodidad?) en todo momento cuando me siento delante del ordenador. Y, por supuesto, mi sistema Windows es pirata 😉 porque soy consciente de que la piratería NO es el problema. Como decía en el ítem anterior, Linux sólo cuenta con una cuota de mercado del 5,3%; una explicación aplastante de esto es que la mayoría de la industria informática diseña programas que sólo funcionan en una arquitectura Windows. El interés económico, como señala Toni en un comentario al post, es fundamental y determinante en este aspecto.

Este dato nos dice, además, que la mayoría de nuestro alumnado tiene un sistema Windows en casa porque es el sistema que les permite jugar on-line a sus vídeojuegos preferidos. También es cierto que muchos tienen Windows por desconocimiento de la alternativa, pero en cualquier caso, la realidad mercantil en materia de informática está ahí fuera y no podemos ignorarla. Y de hecho, a mí me parece enriquecedor que haya opciones de todo tipo (código abierto, código privativo; programario gratuito, programario de pago…) porque es lícito y porque genera una competencia constructiva e interesante que redunda en un mejor producto para el usuario final. ¿Por qué tememos lo privativo y de pago?

Desde mi perspectiva, las escuelas deberían implementar un programa curricular atractivo para potenciar el uso de sistemas (en plural) Linux, basado en la propia experiencia. Poder editar código es una experiencia que puede “enganchar” y provocar curiosidad para seguir “investigando” un sistema Linux. Crear pequeños programas o adaptar programas a sus propias necesidades empodera a nuestros alumnos, y si acompañamos este trabajo (transversalmente con la asignatura de Filosofía, propongo) con un estudio de los valores subyacentes al movimiento de SL estaremos educando en una ciudadanía fraternal, igualitaria y libre.

Pero esta formación debe incluir la realidad que hay fuera de la escuela, invitarles a nuestros alumnos a compartir en su ordenador dos sistemas diferentes: Linux y Windows, para que puedan escoger en todo momento qué sistema les conviene más utilizar en su propósito de acercarse al ordenador. La escuela debe ser un modelo a seguir más allá de sus cuatro paredes. La escuela imprime unos valores que deben ajustarse a la realidad social y económica, en beneficio último de sus usuarios: el alumnado. Pretender que nuestros ordenadores en las escuelas sean monosistemas es negar la realidad y, por tanto, privar de dar un salto cualitativo a nuestro alumnado en materia de TIC, donde la base es la interacción que hacemos con nuestro ordenador.

Contratos en vigor de las Administraciones educativas que están prolongando con suministradores de soft privativo

En este punto, también estoy completamente de acuerdo y va en la línea del poco cuidado que las administraciones muestran ante sus distribuciones Linux que comentaba en el primer punto. ¿Desde cuándo una administración pública tiene un interés de lucro? Quizás es que mi concepción de lo público se quedó en aquella utopía que hablaba del Estado del Bienestar… pero no lo entiendo, no.

Resumiendo

  • Interés lucrativo por parte de las administraciones públicas.
  • Poca atención administrativa a las propias distribuciones Linux y poca comunicación inter-administrativas para crear vínculos de competencia sanos y constructivos.
  • Competencia desleal y destructiva entre las administraciones educativas.
  • Falta de formación y de información en el cuerpo docente en sistemas Linux y en su filosofía de fondo.
  • Habilidades informáticas (en el sentido amplio de la expresión) poco desarrolladas, y poca curiosidad e iniciativa para desarrollarlas debido a una concienciación pobre sobre las TIC.
  • Negación de una realidad económica y social externa que atraviesa, indudablemente, la dimensión informática.

Sí, el educador vuelve a encontrarse solo en su cruzada para construir una Educación digna y basada en la excelencia. Y llegados a este punto, ¿nos cruzamos de brazos o empezamos a mirarnos la realidad con ojos y energías renovadas? Toca los pies, lo sé pero, ¿acaso no resulta también motivadora esta oportunidad de crear algo de la nada?

¿Qué podemos hacer para implementar coherentemente un sistema Linux en nuestras escuelas?

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Qué es Software Libre y qué no es

Cuando hablamos de Software Libre en realidad nos encontramos delante de una etiqueta que comporta no pocas confusiones. A menudo, cuando leemos esta etiqueta, solemos quedarnos con la vaga idea de que se refiere a algo de software. Por “software” entendemos el conjunto de programas, procedimientos y documentos relacionados con el sistema hardware de una máquina. Por tanto, parece que de lo que estamos hablando es de algo relativo a la informática. De la misma manera, con “libre” las interpretaciones suelen diferir de lo pretendido: la más común es la que establece una relación directa con la gratuidad. Si algo es libre lo que debe querer decir es que es gratis; como la barra libre. Una conclusión lógica de esta lectura de la etiqueta es que por software libre parece que hablamos de programas informáticos gratuitosNada más lejos de la realidad. Pero entonces, ¿a qué nos referimos realmente cuando hablamos de Software Libre?

Todo este tema se remonta a una experiencia personal que le tocó vivir a Richard Stallman cuando su impresora HP dejó de entenderse bien con su ordenador. Como experto y reconocido informático, el bonachón de Stallman solicitó a la compañía el código de la impresora para poder acceder al problema y así solucionarlo. Desde el otro lado del teléfono sonaron unas risitas de fondo acompañadas de una rotunda negativa. ¿Cómo iban a compartir la base de todo su negocio a otro informático?

En realidad esta es una experiencia que todos hemos vivido alguna vez en nuestras vidas: programas que dejan de funcionar, incompatibilidades de lenguajes… ¡¡en fin!! La diferencia en esta ocasión es que tal situación le hizo procurarse a Stallman unas cuantas preguntas. La más interesante: ¿cómo podemos aceptar que nuestras máquinas tengan control sobre nosotros cuando la relación tendría que ser a la inversa, es decir, ser nosotros los que tengamos pleno control sobre las máquinas? Rápidamente se dio cuenta que esto chocaba frontalmente con un aspecto clave de la informática conocida hasta la fecha: la privacidad. Este es el momento mágico en el que el genio de Stallman convierte una cuestión meramente informática (solventar un problema lingüístico entre dos máquinas) en una cuestión moral, una cuestión de libertades (versus control).

A nadie se le ocurrirá la idea de que al comprarse un libro, vaya implícita la obligación de comprar un traductor que le explique de qué va el libro; si yo me compro un libro quiero poder leerlo yo. Lo mismo pasa con una máquina: si yo me compro una máquina, quiero poder “leerla” yo. Esta es la cuestión meramente informática. Y con esto nos referimos a la campaña relativa al código abierto. Tampoco hablamos en esta ocasión de Software Libre; un despiste bastante común, no obstante.

Si bien es cierto que casi todo el software de código abierto es Software Libre y, por tanto, los dos conceptos describen casi la misma categoría de software, representan puntos de vista basados en valores fundamentalmente diferentes. La diferencia estriba, pues, en que el código abierto es una metodología de programación, mientras que el Software Libre es un movimiento social, que basa la idea de software libre en un imperativo ético porque solamente el software libre respeta la libertad del usuario; el software que NO es libre es un problema social, y la solución es parar de usarlo y migrar al software libre.

¿Qué libertades defiende el Software Libre?

Como decía más arriba, el Software Libre es un asunto de libertad, no de precio. Para entender el concepto debe pensarse en “libre” como en “libertad de expresión”, no como en “cerveza gratis”.

El software libre es una cuestión de libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y modificar el software. Más concretamente se refiere a los cuatro tipos de libertades para los usuarios de software:

  • La libertad de usar el programa, con cualquier propósito (libertad 0).

  • La libertad de estudiar el funcionamiento del programa, y adaptarlo a las necesidades (libertad 1).
    • El acceso al código fuente es una condición previa para esto.
  • La libertad de distribuir copias, con lo que puede ayudar a otros (libertad 2).

  • La libertad de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras, de modo que toda la comunidad se beneficie (libertad 3).

Si observamos con detenimiento estas libertades, veremos que las dos primeras son de carácter meramente tecnológico. En cambio, la tercera y la cuarta son de un carácter más filosófico, un llamamiento a la solidaridad social.

Mi trabajo en el Software Libre está motivado por una meta idealista: difundir la libertad y la cooperación. Quiero alentar la difusión del software libre, reemplazando el software privativo que prohíbe la cooperación, y así mejorar nuestra sociedad, nos dice Stallman.

La libertad del código llama a la libertad social que lleva implícita la democratización del conocimiento. Esta última expresión relativa a la democratización del conocimiento se refiere especialmente a todo el marco legal del copyleft, el cual normativiza y legitima el uso del software tal y como se propugna en las libertades arriba citadas (en lo relativo a distribuir copias).

Nos gusta pensar que nuestra sociedad promueve el ayudar al vecino cuando en realidad nos acostumbramos a recompensar a alguien por obstaculización, o admiramos a alguien por la riqueza que obtienen de esta forma. Menuda contradicción, ¿no? La acumulación de software privativo es una expresión de nuestra disposición general a la indiferencia hacia el bienestar de la sociedad y el bien personal. El espíritu antisocial se nutre de sí mismo porque cada vez que vemos que la gente no nos ayuda, más vano nos parece ayudarlos. Y así la sociedad degenera en una jungla.

Si no queremos vivir en una jungla, debemos cambiar nuestras actitudes. Debemos empezar enviando el mensaje de que un buen ciudadano es aquel que colabora cuando es apropiado, no aquel que es exitoso cuando coge de otros.

El movimiento por el Software Libre contribuye en este sentido: al menos en un área, reemplazaremos la jungla con un sistema más eficiente que anime y se base en la cooperación voluntaria.

Para leer sobre la importancia del Software Libre en las escuelas, consulta el artículo aquí enlazado.

Comentarios, dudas, sugerencias o correcciones, escribid un comentario aquí abajo 😉


La nueva escuela

Haciendo un repaso general a las entradas del blog me parece interesante ordenar un poco las ideas antes de lanzar la información relativa al post que hoy quería introducir. De este modo, he establecido una meta para la escuela del nuevo siglo, esta es, la educación de los futuros ciudadanos en los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Con esta meta, se define un nuevo contexto escolar basado en una enseñanza mucho más efectiva y centrada en el bienestar de los diferentes actores de la escuela: alumnado, profesionales y familias. El aprendizaje, junto con la creatividad, constituyen el eje del proceso educativo.

Cabe destacar que en la nueva escuela es fundamental la participación activa por parte de los actores que enumeraba más arriba (alumnado, profesionales y familias). Destaco la importancia de hacer participar a los más pequeños en todos las actividades que se dan dentro del proceso educativo, de formar parte del debate para ajustar una escuela adaptada a sus verdaderas necesidades, para hacer de la educación algo verdaderamente significativo.

Además, este cambio paradigmático implica una serie de innovaciones en el aula:

  • Nuevas metodologías basadas en el consenso democrático: adaptándose a las necesidades del grupo-aula, es interesante arriesgar por esta innovadora metodología que permite al alumnado adquirir nuevas responsabilidades, practicar nuevos roles, desarrollar nuevas estructuras mentales… Mi propia experiencia personal me ha mostrado una interesante y positiva repercusión en el proceso de aprendizaje.
  • Introducción de la tecnología y la educación emocional en el aula, no como programas sino como actitudes por parte de todos los actores dentro de la escuela. Los motivos para ello no son pocos: en un post os expliqué sobre los estudios que avalan las diferencias neuronales en los nativos digitales, y más arriba ya hemos mencionado el propósito de una educación centrada en el bienestar de las personas.
  • Nuevas organizaciones dentro del aula basadas en la cooperación y en el trabajo por equipos.

Hecho este repaso, y volviendo al propósito de este post, son muchos los aspectos que definen ya la nueva escuela y que están explicados en el blog. Sin embargo, los intercambios de ideas en Twitter, foros y por e-mail con personas entendidas en la materia, me lleva a plantearme la necesidad de definir un poco más esta escuela.

Recientemente, cuestiono si realmente la escuela actual está muy distanciada de la escuela deseada. Si bien en un principio consideraba que sí, arrastrada en parte por la moda actual de revolucionar la escuela, me doy cuenta de que realmente son pocos los pasos que realmente son necesarios para crear una escuela nueva:

  • En primer lugar, un paso imprescindible es el de hacer de las escuelas verdaderas comunidades de aprendizaje. No es al azar el uso de la palabra comunidad, en el sentido de plena autonomía y desarrollo. Creo firmemente que la escuela debe ser un espacio no politizado y, por tanto, externo a las prácticas legal-políticas. Ningún gobierno debería tener autoridad sobre la escuela, y ésta siempre debe ser gestionada desde dentro, recuerdo, por sus tres actores principales: alumnado, profesionales y familia.
  • Cambio de actitud frente a la práctica educativa: como veíamos más arriba, se trata de introducir la educación tecnológica y emocional en la educación. En este sentido, son muchos los debates en los que he participado a propósito de qué asignaturas son o no son necesarias en las escuelas. Creo que este debate yerra en su objeto de análisis, pues a fin de cuentas las asignaturas son un pretexto para hacer viable la educación. Creo, en cambio, necesario profundizar en la enseñanza por competencias (que ya se está mal llevando a cabo); pero para ello hace falta cambiar el chip de cómo se dan las materias y trabajar una serie de competencias transversales entre todos: lectura y comprensión, técnicas de estudio, análisis crítico, libre-pensamiento, libertad responsable, ecología emocional y tecnológica, creatividad, colaboracionismo…
  • Interconexión entre las diferentes escuelas a través de la red de redes. Paso previo a la introducción tecnológica en las escuelas es la constitución de una red de conexión digna en este país. Sin embargo, ya es viable la posibilidad de crear un espacio no jerarquizado que viabilice la comunicación entre las diferentes escuelas, un espacio reconocido, neutro, libre y compartido.

Hasta aquí os enumero los pasos imprescindibles donde debería volcarse la revolución educativa. Creo que son pasos largos de darse efectivos pero viables a día de hoy. Como decimos en tierras catalanas: “De mica en mica s’omple la pica”. Poco a poco y buena letra.


Consenso democrático

Hace ya algunas semanas tuve la suerte de toparme con @luisutopia a través de Twitter. Este compañero educativo está trabajando en la tesis en torno a la investigación-acción y la verdad es que se puede aprender muchas cosas interesantes de su persona y de su profesionalidad. Luis cree en lo que hace, luis hace lo que cree.

Después de leerme detenidamente sus conclusiones a propósito de su primera experiencia de investigación-acción en el aula de música, caí en la cuenta de lo relevante que resulta reformular y reconceptualizar conceptos tan importantes en nuestra era como el de democracia. Con el paso de los años, una se da cuenta de lo distorsionado del concepto en el aquí y ahora. La democracia, legado que nuestros griegos dejaron a la humanidad, ha sufrido cambios importantes de significado que se han demostrado ineficaces política y socialmente (otra cosa es que los dirigentes lo quieran reconocer). ¿Qué significaba para los griegos hablar de democracia?

Si bien las condiciones demográficas han cambiado con respecto a la era de máximo apogeo para la cultura griega, y la organización social, política y económica no tienen nada que ver con aquellos cultos clásicos, sí que merece, con un poco de voluntad, reconducir la democracia y recuperar su significado más profundo e igualitario.

-Si queremos que nuestro entorno más cercano, nuestra sociedad, nuestro mundo sean cada vez más libres, desde el respeto a las diferentes formas de pensar, de actuar, de vivir, tenemos la responsabilidad, como educadores, de promover y contribuir al desarrollo democrático de la sociedad- dice Luis. El secreto, confiesa, está en conseguir un espacio concreto en nuestras aulas de auténtica participación por parte del profesor y de los alumnos, de unas interacciones internas al aula realmente democráticas donde no haya distinciones jérarquicamente verticales, sino donde todos (profesores y alumnos) estén a un mismo nivel; y es que la única forma de aprender la democracia es conviviendo y haciendo de la escuela un espacio auténticamente democrático. En definitiva, la democracia y la educación han de perseguir un fin común: la mejora de las condiciones de vida, delpensamiento, de las relaciones sociales de la ciudadanía, basándose en la perfectibilidad del ser humano.

Estudios en esta materia, recuerdan algunas de las condiciones de las que depende una democracia, como resumo aquí:

  1. La libre circulación de ideas.
  2. La fe en la capacidad individual y colectiva de las personas.
  3. El uso de la reflexión crítica y el análisis.
  4. La preocupación por la dignidad y los derechos de los individuos y las minorías.
  5. La necesidad de vivir conforme a valores democráticos.
  6. La necesidad de instituciones sociales que promuevan y amplíen la forma de vida democrática.
  7. La necesidad de una democracia unida, necesariamente, al trabajo en favor de la igualdad y la justicia social.

Ciertamente, la democracia es ante todo una actitud que debe impregnar todas las decisiones, relaciones y actuaciones de un aula. El aula, como célula mínima, básica y fundamental del sistema educativo, es el punto donde debe comenzar el trabajo democrático. De poco servirían leyes educativas muy comprometidas con la democracia si luego, al cerrar la puerta de nuestra aula, no posibilitamos que todas estas ideas se pongan en práctica– continúa Luis. Para ello, el autor nos habla de las siguientes sugerencias en cuanto a la aplicación de los principios democráticos en el aula:

  • Acercamiento de la escuela a la realidad social, con la finalidad de introducir las ideas sociales en el aula y producir un tipo de conocimiento que permita actuar sobre dicha realidad. La escuela no ha de ser un coto cerrado a la vida real, sino más bien un contexto donde reflexionar y a la vez hacer propuestas de intervención sobre la realidad.
  • Necesidad de considerar la educación no como un mero procedimiento técnico, sino como una práctica moral y política.
  • Deshecho de la coacción, los sobornos y las presiones.
  • Dentro de las normas de convivencia consensuadas en el aula, motivación para que alumnos y alumnas “sean ellos mismos”, sin diferenciar su forma de actuar en la escuela y en su vida real.
  • Posibilitación de la justicia social compartida y consensuada en el aula entre todos y todas las participantes y que ésta impregne todos los elementos del currículo.

A mi modo de ver, la única forma para recuperar una verdadera democracia que no se limite al gobierno de una mayoría sino que represente de forma consensuada a todas las voces de una población pasa por buscar la relación entre consenso y disenso. Como dice Hoyos Vázquez, todo consenso debe dejar lugares de disenso y todo disenso debe posibilitar nuevos caminos. Así pues, los consensos obtenidos en el aula tendrán siempre en cuenta que pueden existir puntos de vista distintos a los de la mayoría, con lo que se debe respetar y, en la medida de lo posible, atender ese tipo de discrepancias, teniéndolos en cuenta a la hora de planificar nuevas actuaciones y para la mejora de lo ya existente. En realidad, de lo que se trata es de potenciar una escucha activa a todas las voces (mayoritarias y minoritarias) dentro del aula y potenciar la creatividad en busca de soluciones que contenten a todo el mundo.

Esto que a priori podría parecer harto difícil, en la práctica es una cuestión mucho más sencilla que surge de forma espontánea. Por mi experiencia personal en la implementación en el aula de un sistema democrático de negociación, resulta casi mágico observar cómo en la práctica diaria el disenso acaba abriendo nuevos caminos de consenso que dan conformidad a todas las voces participantes.

Y si no me creéis, haced la prueba vosotros mismos 😉


Equipos de trabajo

En un post anterior hablaba sobre las ventajas de una organización cooperativa en el aula para potenciar un aprendizaje directo y activo por parte de los alumnos, por un lado, y la ayuda mutua entre los alumnos, por otro. Esta organización del aula permite crear un clima favorable al desarrollo de de las condiciones emocionales y relacionales imprescindibles para un aprendizaje afectivo y efectivo. Porque recordemos que las habilidades emocionales y sociales propias del trabajo en equipo constituyen parte fundamental en el contenido curricular, imprescindibles al reclamo de la interdependencia entre los miembros de la sociedad en red.

Cabe reconocer que las tensiones entre los alumnos de un mismo aula suelen ser muchas (rivalidades, exclusiones, etc.), por lo que estructurar de forma cooperativa la clase pasa, en primer lugar, por intervenir sobre todo el grupo para que éste deje de ser una simple suma de individuos y se transforme en una pequeña comunidad de aprendizaje. Para ello tenemos que fomentar previamente el interés de los unos por los otros, haciéndoles ver a los alumnos que comparten un objetivo común (aprender los contenidos escolares) y que con ayuda mutua pueden conseguir de forma más sencilla ese objetivo.

De manera que se maximice el aprendizaje de todos los alumnos de una misma clase, esta pequeña comunidad de aprendizaje debe cumplir con las siguientes características:

  • Equipos base: el aprendizaje cooperativo es el uso didáctico de equipos reducidos, más o menos estables, de alumnos (entre 3 y 5) para aprovechar al máximo la interacción entre los componentes del grupo.
  • Heterogeneidad: esencialmente estos equipos base se caracterizan por la diversidad en todos los sentidos (género, motivación, rendimiento, cultura, etc.).
  • Doble responsabilidad: los componentes de un equipo base deben aprender los contenidos escolares propuestos por el profesor, y contribuir a que lo aprendan sus compañeros de equipo.
  • Doble finalidad: los componentes deben cooperar para aprender (aprender los contenidos escolares) y aprender a cooperar (aprender a trabajar en equipo como un contenido más).

No es fácil trabajar en clase en equipos de aprendizaje cooperativo, en tanto que la estructura individual está muy enraizada en nuestras prácticas escolares, hasta el punto que a menudo generamos pseudoestructuras cooperativas convirtiendo el equipo de trabajo, un equipo estable para aprender juntos, en un trabajo en equipo o, en el peor de los casos, en la suma de pequeños trabajos individuales. En este sentido, debemos asegurarnos que cada miembro de un equipo de trabajo tenga un papel relevante para desarrollar la responsabilidad y la actividad individual, y que haya la mayor interacción posible entre ellos. Combinando de forma adecuada estos dos elementos, pronto veremos resultados cooperativos en nuestra clase y, con ello, los beneficios propios del trabajo en equipo.

Para finalizar este post os dejo un par de técnicas cooperativas (recordad que cualquier aportación por vuestra parte siempre será bien recibida):

Rompecabezas

  1. Dividimos la clase en equipos base (4 ó 5 alumnos).
  2. Fraccionamos el material objeto de estudio en tantas partes como miembros tiene el equipo.
  3. Facilitamos un fragmento de la información del tema a cada miembro del equipo (el alumno no debe acceder a la información que tienen los otros compañeros).
  4. Cada miembro del equipo prepara su parte del tema a partir de la información del profesor (ampliable a búsquedas por parte del propio alumno).
  5. Con los integrantes de los otros equipos que han estudiado el mismo subtema, se forman “grupos de expertos” donde intercambian la información, profundizan en los conceptos clave, construyen esquemas y mapas conceptuales, clarifican dudas, etc.
  6. Cada alumno retorna a su equipo base y se responsabiliza de explicar al grupo la parte que ha preparado.

Grupos de investigación

  1. Los alumnos escogen, según sus aptitudes o intereses, un subtema específico dentro de un tema general planteado por el profesor.
  2. Dividimos la clase en equipos base (entre 3 y 5 alumnos).
  3. Los estudiantes de cada equipo y el profesor planifican los objetivos concretos y los procedimientos que utilizarán para conseguirlos.
  4. Se distribuyen las tareas que se harán: buscar información, sistematizarla, resumirla, esquematizarla, etc.
  5. Los alumnos desarrollan un plan descrito y el profesor sigue el progreso de cada equipo ofreciendo su ayuda.
  6. Los alumnos analizan y evalúan la información obtenida, y la resumen para poder presentarla.
  7. Se expone el subtema a toda la clase, se plantean preguntas, dudas o ampliaciones.
  8. El profesor y los alumnos realizan conjuntamente la evaluación del trabajo en equipo y la exposición, que puede completarse con una evaluación individual.

En tu clase, ¿potencias el trabajo en equipo o los equipos de trabajo?


Cooperación en el aula para una sociedad solidaria

Tal y como comentara Andres Schuschny en su post Elogio de la “Espiritualidad”sólo una contracultura de la solidaridad y la cooperación, hoy emergentes y propias de la cultura que subyace en las redes sociales, pero sustentada en el trabajo interior de las personas, en el desarrollo de la espiritualidad, podrá activar la presión ciudadana, para impulsar estrategias de redistribución de la riqueza, una contracultura hoy frenada por el imperio del racional-individualismo de mercado.

Reflexionando sobre las ideas que presenta el autor en su post, me pareció interesante introducir aquí la importancia de una estructura cooperativa de la actividad en el aula como una forma de, en primer lugar (y de forma más inmediata), atender la diversidad en las escuelas y, en segundo lugar, promocionar la posibilidad de un cambio social basado en la fraternidad, la igualdad y la libertad, ideales que parecen haberse olvidado en el devenir histórico de nuestra sociedad.

***

Ciertamente, la actividad en una clase de estudiantes puede organizarse de diferentes formas según se trate de una:

  • Estructura de la actividad individualista, en la que un/a estudiante consigue su objetivo (aprender aquello que le es enseñado) con independencia de que los otros consigan sus objetivos.
  • Estructura de la actividad competitiva, en la que un/a estudiante consigue su finalidad (aprender aquello que le es enseñado, antes y mejor que los otros) si, y sólo si, los otros no consiguen este mismo objetivo. Así, nos encontramos ante una interdependencia negativa de finalidades.
  • Estructura de la actividad cooperativa, en la que un/a estudiante consigue una doble finalidad: por un lado, aprende aquello que le es enseñado y, por otro lado, contribuye, a través del trabajo en equipo, a que lo aprendan también los otros. Esta consecución del doble objetivo sólo se produce si, y sólo si, los otros consiguen también este doble objetivo. En este caso, nos encontramos delante de una interdependencia positiva de finalidades.

En este sentido, diversos estudios (Abad y Benito, 2006; Coll, 1984; Johnson, Johnson y Holubec, 1999; Kagan, 2001; Ovejero, 1990; Parrilla, 1992; Pujolàs, 2004; Rué, 1991; Stainback y Stainback, 1999) muestran que la organización cooperativa del aprendizaje en el aula presenta numerosas ventajas respecto a la organización individualista y a la organización competitiva:

  • Potencia el aprendizaje de todo el alumnado, con mayores problemas y con mejores capacitaciones para aprender.
  • Es útil para aprender no sólo los contenidos referidos a actitudes, valores y normas, sino también los otros contenidos, tanto conceptuales como procedimentales.
  • Facilita la participación activa de todo el alumnado en el proceso de enseñanza-aprendizaje, acentuando su protagonismo en este proceso.
  • Contribuye a crear un clima de aula mucho más favorable para el aprendizaje de todo el alumnado.
  • Facilita la integración y la interacción entre el alumnado que presenta competencias académicas diversas, de forma que se establece relaciones más intensas y de mayor calidad.

Una escuela que quiera ser inclusiva, en definitiva, ha de distribuir a los/las estudiantes siguiendo criterios de heterogeneidad y ha de desarrollar en todas sus aulas una estructura de enseñanza y aprendizaje cooperativa para que todo el alumnado pueda aprender al lado de los otros, en clases comunes.

En posteriores posts desarrollaré formas de organización de la clase de manera cooperativa. Pero por el momento, me parece interesante acabar el post recuperando unas ideas precedentes en el blog a propósito del Software Libre (SL). Te dejo a ti el placer de descubrir las similitudes entre el planteamiento del ideario del SL con la estructuración cooperativa en el aula.


La contribución del Software Libre en las escuelas

Cuando hablamos de educación no podemos evitar mirar hacia el futuro, un futuro constituido por los estudiantes que pueblan las aulas del presente en nuestras escuelas. A la hora de proyectar esta sociedad futura deseamos que los ciudadanos sean personas responsables consigo mismos, con el prójimo, y con todo lo que les rodea. Buscamos una sociedad capaz, fuerte, independiente, solidaria y libre. Y somos conscientes que esta sociedad sólo puede construirse a partir de personas capaces, fuertes, independientes, solidarias y libres. Asumimos entonces que el papel de la educación hoy es el de contribuir a dirigir la sociedad rumbo a la libertad y a la solidaridad social.

Seguramente alguno de vosotros estará preguntándose la relación de esto que acabo de comentar con el Software Libre. Se entiende por Software Libre aquel programario  que respeta la libertad del usuario y la solidaridad social de su comunidad, mientras que el software privativo es el que priva de libertad al usuario y pone barreras a la solidaridad. A nivel teórico pareciera obvio que la sociedad se decantara por el uso del SL, ¿cierto? Sin embargo, la tradición tecnológica nos ha catapultado hacia una predominancia del uso de programas privativos controlados por grandes corporaciones. Microsoft, HP, Oracle, IBM, Apple, etc. Os suenan la mayoría de nombres, ¿verdad?

En mi opinión, creo que esta paradoja social tiene una forma de solucionarse bastante evidente en cuanto se la piensa, pero para ello me gustaría compartir con vosotros un vídeo donde Richard Stallman, padre del Proyecto GNU, nos recuerda los principios básicos del Software Libre y nos explica los motivos por los que se hace necesario implementar este software en las escuelas (para la transcripción del vídeo clicad sobre “Leer más de este artículo”):

Como podéis apreciar, las palabras de Stallman recuerdan mucho el inicio de este post. No es pura coincidencia y me he permitido la licencia de copiar algunas de sus palabras para reflejar el obvio paralelismo que existe entre los principios del Software Libre y y de Escuela 4.0, esa escuela que de algún modo a todos nos gustaría.

Finalmente, puntualizar un aspecto en el que no estoy de acuerdo con Richard Stallman en su discurso: una sociedad respetuosa debe, en primer lugar, superar los propios miedos para permitir una libertad coherente con la diversidad. Por tanto, prohibir el software privativo me parece no sólo atentar contra el propio principio de la libertad sino negarse el beneficio que numerosos programas actualmente existentes ayudan a docentes y educadores en sus tareas educativas. Por tanto, considero que otra lección que debiera incorporarse en esta lucha por una sociedad libre y solidaria es aquella que busca integrar la diversidad de opciones existentes en la realidad, cuanto menos, tecnológica.

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