Premisas para la deseducación a partir del vídeo de Noam Chomsky

A raíz del artículo que escribí en mi post el pasado 3 de abril a propósito de unas “Premisas para la deseducación a partir del vídeo de Noam Chomsky” se inició un debate muy interesante en LinkedIn del que me gustaría dejar constancia en este espacio. Creo sinceramente que las aportaciones son excelentes y de las cuales se pueden aprender muchas cosas.

@joanbarm

(…) Creo que la frase “una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia “ruta de aprendizaje“ debería matizarse puesto que la educación, en un sentido amplio, tiene un alto componente de socialización, de formar a los individuos como seres sociales (es decir, con capacidad para entender, crear e interactuar en un marco social concreto). En este sentido, la educación tiene (y debe tener) poco en cuenta “los intereses individuales” (por ejemplo, a mis 10 años yo no tenía ningún interés “natural” por entender los algoritmos o las causas que motivaron la desmembración del imperio romano, en cambio reconozco que fueron unas tareas “impuestas” que han sido útiles para que adquiriera un determinado criterio individual, tanto de análisis, como de actuación). Habría, pues, que aclarar que “socializar” no es lo mismo que “adoctrinar” y que la condición para el “pensamiento crítico” es “tener criterio/s”, lo cual no se adquiere más que a base de algún que otro esfuerzo (como ya dejó demostrado Sócrates-el-formador en sus aporéticos diálogos con sus discípulos). Otra cosa, es la metodología educativa. Aquí sí que creo que las teorías constructivistas (y otras) han marcado un antes y un después en la acción educativa al definir la escuela (lo resumo) como un lugar donde el saber no se “traspasa” (el lecho de Procustro), sino que se “construye”.

@JuditMF

(…) Coincido plenamente contigo en que la educación tiene como una de sus metas el “formar a los individuos como seres sociales”. Sin embargo, no creo que esto esté reñido con los “intereses individuales”, muy al contrario soy de la opinión que individuo y sociedad son dos caras de una misma moneda que se retroalimentan. El uno carece de sentido sin el otro, y viceversa; este es un aspecto, se me antoja, importante de abordar cuando hablamos de educación.

Tanto tú como yo hemos recibido una educación que encajaba en el engranaje social. La sociedad de aquel entonces era estable (¡todo lo estable que puede ser lo social, claro está!) por lo que el conocimiento adquiría un valor importante para formar a los ciudadanos del futuro. El futuro de entonces es nuestro presente de hoy, y somos testigos que cómo aquellos cimientos de estabilidad y certeza se desmoronan rápida y contundentemente; la sociedad se vuelve líquida. Gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la realidad de hoy es muy diferente a la que había cuando nosotros éramos los educandos, y la escuela de hoy se enfrenta a un nuevo reto: formar a ciudadanos para una sociedad incierta. ¿Cómo serán las profesiones del futuro? En este contexto, el conocimiento (sin dejar de tener su valor) ha perdido su sentido organizador; la información (al alcance de “cualquiera”) carece de sentido sin unas competencias que la gestionen de una forma adecuada. Así, necesitamos empezar a hablar de una educación basada en el desarrollo de competencias (no hablo del modelo actual de educación en competencias/asignaturas) para formar a los futuros ciudadanos en la capacidad de adaptarse a la realidad del momento. En este sentido, creo que el sistema educativo debe empezar a flexibilizarse para ser capaz de adaptarse a las necesidades de cada persona, ya que cada persona posee sus propias capacidades para desarrollarse en la excelencia, no desde un sistema homogéneo y rígido, sino desde la visión particular que el sistema es capaz de generar para cada alumno, configurando una ruta de aprendizaje adaptada a sus necesidades.

Se suele creer que los niños de 10 años no tienen interés por aprender. Por el contrario, un niño de corta edad es capaz de comerse el mundo con la mirada; lo observa todo con suma atención, se hace preguntas constantemente sobre el funcionamiento del entorno que le rodea; todo es nuevo y atractivo de aprender. Soy de la opinión de que el sistema educativo, tal y como está planteado, rompe con esta curiosidad espontánea; unifica un criterio de aprendizaje y lo impone a todos por igual, sin tener en cuenta lo que el niño ya lleva adquirido ni el cómo lo ha adquirido. El sistema presupone que todos aprendemos de la misma manera y éste es un error con enormes consecuencias, ya que mata la espontaneidad y la curiosidad.

Un sistema educativo basado en las personas, es capaz de adaptar su proceso de enseñanza-aprendizaje a las necesidades de cada alumno desde sus intereses particulares. Dos ejemplos reales: Un niño al que le encanta jugar a baloncesto un buen día se pregunta el porqué la pelota siempre dibuja un arco en el aire; aprovechando esta curiosidad, el maestro le habla de la gravedad y de las parábolas. En mis clases de educación emocional hemos aprendido muchas cosas de la evolución humana, aprovechando su curiosidad espontánea sobre el origen de algunas emociones básicas. En este sentido, creo que la misión del maestro consiste en permitir que sea el alumno el que explore el entorno y, a partir de ahí, plantear preguntas atractivas que inciten la curiosidad.

@joanbarm

(…) Me resisto a utilizar el término “deseducar” -aunque reconozco que tiene impacto marketiniano :-). Los tiempos actuales no sólo son frágiles, cambiantes y, como tú dices, líquidos; sino también muy paradójicos. Así, mientras que en el siglo anterior términos como “des-educación” o “des-institucionalización” tenían un sentido preciso (por ejemplo, en el marco del pensamiento crítico de Foucault y tutti quanti), a mi modo de ver, ahora, han cambiado de significado. En otras palabras, es justamente esa corriente que pretende el adelgazamiento de la escuela pública (la desinversión en educación y I+D, la estricta separación entre universidad y la formación profesional, la supresión de aquellos estudios que no tengan un número mínimo de “followers”, la vuelta a los exámenes como único criterio para valorar la capacidad del alumno y la eficacia del profesor, etc.) la que está “deseducando” al sistema educativo al considerarlo como un “gasto” y no como una obligada inversión (para el progreso individual y social). Del mismo modo, creo que desde la orilla de la “escuela ilustrada” debemos hacer hincapié en otros conceptos como el esfuerzo, la exigencia de responsabilidad individual, la adquisición de criterios, etc. No deberíamos permitir que fueran patrimonio exclusivo de la “escuela reproductora” (que, por otra parte, reduce “el esfuerzo” y “el trabajo” a la superación de temarios preestablecidos y a los dichosos exámenes). En fin, creo que la escuela debería recuperar su valor social como -utilizando el término de Chomsky- “marco de referencia”, como “lugar de conocimiento” que alienta a sus habitantes (profesores y alumnos) al trabajo diario en una doble dirección: (a) en el manejo de la información, el aprendizaje, el descubrimiento del mundo y la adquisición y generación del saber y (b) la adquisición y desarrollo de una determinada ética basada en la cooperación y el respeto por las particularidades de cada individuo.

@JuditMF

(…) Centrándonos en el concepto de “esfuerzo” creo que también se trata de matizaciones personales. Evidentemente, coincido contigo en que no se trata de crear una escuela donde las cosas sean fáciles. De hecho, aprender conlleva intrínsecamente una necesidad de hacer frente a lo previamente establecido, una dificultad o “problema” a resolver. Desde una perspectiva Vygotskiana, aprender supone entrar en una zona de desarrollo próximo, dejar la zona de confort. En el aprendizaje se genera una situación “incómoda” para la persona, ya que tiene que explorar un territorio que desconoce y al que no está habituado. Aprender siempre conlleva un reto y, por tanto, un esfuerzo. Sin embargo, a menudo creemos que en la vida, y en concreto en la escuela, hay que hacer sacrificios para ser merecedores de algo. Para mí, el esfuerzo tiene una connotación de sacrificio, y es en este aspecto en lo que no concuerdo. El aspecto que marca la diferencia es hacer de este reto algo atractivo para el alumno. El sistema educativo actual impone “retos” rígidos y desadaptados a la realidad del alumno. En realidad son retos que dejan de ser retos porque se reiteran una y otra vez a lo largo de la “carrera” escolar. Por el contrario, mi propuesta pasa por generar retos basados en la mochila vivencial del alumno, a partir de su curiosidad espontánea, es decir, a partir de lo que observamos que el alumno observa.  (…)

Alejandro Tortolini

Me resulta muy interesante todo lo dicho, y me gustaría hacer un par de comentarios:

En primer lugar, creo que la escuela debe educar en valores y ser fuente de socialización. Y si bien debe enseñar de manera entretenida e interesante, también es obligación de la escuela enseñar que en la vida no todo puede aprenderse de manera divertida y fácil; el esfuerzo y el sacrificio son parte importante de la vida, y si no podemos preguntarle a los atletas, artistas y tantos otros que se sacrifican durante años para obtener un fruto que muchas veces demora años en llegar. Mi temor es que la escuela se haga eco de la filosofía marketinera de la vida, donde todo se logra de manera divertida y “cool”, con lo que sólo logramos personas que no saben enfrentarse a las adversidades, o que dejan el campo libre a la primera dificultad.

En segundo lugar, creo que hay que ser muy reflexivos para no reproducir esquemas mentales y mecanismos que favorecen a los poderosos. Es cierto que gran parte de la realidad se ha vuelto líquida, como dice Z. Bauman, pero también es cierto que la aceptación resignada de la liquidez la consolida. Lo que más recuerdo de mi escuela son las lecciones de esfuerzo, de estímulo a la curiosidad, de compañerismo y de honradez que me enseñaron algunos maestros, mucho más que los contenidos vacíos que los ministerios decían que eran imprescindibles en ese momento. Por más líquida que se haya vuelta la vida, en muchos aspectos el ser humano se sigue enfrentando los mismos retos de siempre.

Àngel Pérez Beroy

He leído el artículo y seguido vuestros comentarios y querría hacer algunas observaciones, pero son tantas que, de momento, me centraré sólo en un aspecto: La escuela alienante.

Francamente, no sé de que escuela actual habláis cuando os referís a adoctrinar, adocenar, domesticar, … He sido hasta el año pasado profesor de secundaria (edades 12-18) en la escuela pública, en el ámbito de las ciencias, y si algo caracteriza la labor diaria en las clases de la muy mayor parte de mis compañeros, es el fomento del pensamiento crítico, de la revisión crítica y razonada de lo establecido (no sólo porque sí, sino razonadamente), la resolución razonada de problemas, no simplemente recordar y aplicar métodos sin entenderlos, el entrenamiento de la flexibilidad y agilidad mental, combinando metodologías prácticas, discursivas, en grupo, … De hecho, la mayor parte del alumnado (pongamos un 75%) manifiesta fuertes reticencias a utilizar el razonamiento, prefiriendo la memoria y tareas más mecánicas (y menos enriquecedoras).

Sobre el “entrenamiento para aprobar exámenes” o “para superar pruebas”, creo que independientemente de la metodología de aprendizaje, el alumnado debería llegar a ser capaz de enfrentar problemas y poder resolverlos. Al final, un examen es sólo una “puesta a prueba” de las competencias adquiridas. Quizás la cuestión es el diseño de las pruebas. Además, deberían aprovecharse más como una nueva ocasión de aprender, y eso no siempre es fácil dentro del constreñimiento curricular a que nos suele someter la normativa.

Por lo que se refiere a adoctrinamiento y sumisión, si exigir del alumnado respeto hacia su propio trabajo y el de sus compañeros es adoctrinamiento, yo adoctrino; si revisar y evaluar tu propio trabajo de acuerdo a los objetivos iniciales conocidos, de manera crítica y realista lo es, soy culpable; si adoctrino y adoceno cuando exijo el mismo respeto personal hacia mi y entre ellos que el que yo les muestro, lo hago; etc.

Las mejores pruebas de la excelente labor de mis compañeros de profesión en los lustros pasados es la mínima proporción de reacciones violentas entre la juventud respecto del grado de justificada indignación de los jóvenes y la sociedad en general con todo “lo que está cayendo”, su masiva participación en movimientos de reivindicación no-violenta, la profundidad de las convicciones y del análisis de la situación que hacen buena parte de ellos, …, la no-violencia, el respeto a las personas y a la legalidad no impiden su cuestionamiento, o el del “sistema” entero. Movimientos como los llamados “Indignados”, 15M y similares me reafirman en lo poco domesticador de nuestro trabajo, pero eso no es lo que se discute aquí, … ¿o sí?

Soy de ciencias, no veo constatada la hipótesis de la escuela alienante. Decir que esto es así a pesar de la escuela y no gracias a ella necesitaría algún hecho que lo mantuviera, estoy abierto a discutir sobre el tema.

@mudejarico

¡Qué interesante debate sobre este apasionante tema de enseñar y aprender! Me ha refrescado muchas cosas, ideas, conceptos, teorías… pero también me ha hecho fijarme en la vivencia, en la experiencia docente de chicos y grandes y yo veo las cosas muy parecidas a todas las opiniones vertidas aquí. Quiero decir que encuentro que ni las escuelas de hoy son alienantes ni adoctrinadoras, ni carentes de libertad y de valores. Es probable que todavía hoy el modelo más extendido sea el de la educación bancaria que decía Freire, y que muchos maestros sigamos convencidos de que nuestros alumnos son depósitos donde vertir los contenidos que nosotros decidimos. No veo blancos y negros sino grises. Tal vez tengamos que hacer ese camino hacia el aurea mediocritas de Horacio para encontrar la virtud, el término medio que nos dé la clave, si es que hay alguna clave certera en educación.

Personalmente me gusta que el alumnado disfrute aprendiendo y me parece fundamental ese disfrute para que pueda darse aprendizaje significativo. Además creo que en las tecnologías tenemos un buen aliado para ello porque nos ayudan a llegar a donde nosotros no lo hacemos, porque tienen un componente de motivación intrínseca añadida y porque facilitan la autonomía del aprendiz. Dicho esto, tengo que decir que no por ello sacrilizo la tecnología, está ahí, me parece genial para el aula y por ello la defiendo, la utilizo y la difundo. Lo que me interesa es el aprendizaje y el alumnado como sujeto y no como objeto del mismo.

Por último una reflexión sobre el tema del esfuerzo. Creo que hay que cultivar la cultura del esfuerzo, sí, y convertirlo en valor, por supuesto. La vida está llena de momentos en que se requiere esforzarse, sacrificarse, comprometerse y eso se educa, no podemos olvidarlo y debemos transmitir la idea de que, en ocasiones, el esfuerzo puede resultar valdío. El propio Baumann citado aquí, decía en una entrevista en La Vanguardia: “Estudiar una carrera ya no se corresponde con adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro” y eso sí que es terrible, el esfuerzo de toda una carrera tal vez no sirva para determinar nuestro futuro profesional y eso no tiene por qué ser necesariamente negativo si educamos para entenderlo.

Silvia Lopez Mas

Interesante la mención sobre la falta de la cultura del esfuerzo. La cultura del esfuerzo -para bien o para mal-, parece desprestigiada en nuestra sociedad. Los medios visuales han fulminado al, a veces mal llamado “sacrificio”; sobre todo, si éste no repercute en un beneficio económico a corto plazo. Dicho esto, estoy de acuerdo en que debemos fomentar a nivel social -y no solamente a nivel de alumnado en el sentido más genérico- la motivación, el esfuerzo mental y físico para reconocer nuestra propia satisfacción personal; nuestra satisfacción como ser que incluso puede transmitir este “placer” a los más cercanos a nosotros. Y precisamente abogo por esto: defender la cultura del esfuerzo como pilar básico de nuestras aspiraciones y satisfacciones. Y ello también incluiría la educación bancaria o preguntarse qué será de nuestro futuro.

Por otro lado, tenemos una realidad economico-socio-cultural muy compleja. Y esta complejidad debe invitar y convencer a las personas a reinventarse, a perdurar y a “reintentar” aun en aquello donde en el pasado creíamos que habíamos fracasado o “no era lo nuestro”. Los logros de nuestros esfuerzos no únicamente deben medirse al final del camino con todo el currículum cumplido (algo incoherente, por otro lado); en cada paso, en cada suspiro, y en cada caída, hemos de demostrar que ha valido la pena. Y eso es lo que hemos de enseñar. No sólo los docentes, también los individuos o los que anhelamos a poder dirigir equipos.

@JuditMF

En una aportación anterior comentaba que el mero hecho de aprender comporta un esfuerzo para el alumno, en tanto que todo aprendizaje implica un conflicto interno para el aprendiendo. A estas alturas del partido no creo que nadie se crea que realmente estamos hablando de una escuela “viva la Pepa”.  Sin embargo, cuando hablamos de cultura del esfuerzo no puedo evitar dar un respingo en la silla. La cultura del esfuerzo es una cultura heredada de mediados del siglo pasado en la que, para salir adelante, los trabajadores habían de hacer un tremendo esfuerzo; es el legado de unas generaciones que vivieron la postguerra y la precariedad, y que se fue transmitiendo de unos a otros gracias a un modelo de escuela concreto, hasta nuestros días.  Ni tan siquiera con la crisis que hoy tenemos veo que la situación se asemeje, por lo que continuar hablando hoy de cultura del esfuerzo me parece totalmente descontextualizado. Y repito: eso no significa un “viva la Pepa”.

La palabra clave la ha traído Silvia Lopez en su aportación, cuando nos habla de motivación. ¡Sí, señores! La cultura del esfuerzo debe empezar a dejar paso a otras culturas, y la auto-motivación es una competencia que debemos empezar a formar en las escuelas, no esperarlas en nuestro alumnado para poder dar nuestras clases; a su vez, esta competencia lleva aparejada la gestión de la voluntad por hacer algo.

Para educar en la motivación el paso más importante es empezar a cambiar nuestro lenguaje. Debemos dejar de hablar de esfuerzo y sacrificio para empezar a hablar de interés. ¿Qué le interesa a mi alumno? La enseñanza y el aprendizaje vienen después y a partir de la respuesta que me permita darme a esta pregunta.

@mudejarico

Siguiendo con el tema de la cultura del esfuerzo, especialmente para los que vivís en Catalunya (porque estará en catalán), mañana, día 30 de abril, en el prgrama de TV3 “Sense Ficció”, se emitirá un reportaje sobre la cultura del esfuerzo. Además de que el tema es muy interesante, creo que ha sido muy trabajado.

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