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¿Micropolítica en la escuela?

Desde hace un tiempo llevo dándole vueltas a las pautas de relación que establecemos dentro de la escuela, así como el impacto educativo que estas pautas de relación tienen sobre los actores que se encuentran dentro de una escuela: alumnado, profesorado y familias. Hace poco cayó en mi lector de feeds el enlace a un artículo que recuperaba algunos de los puntos fuertes de la teoría de Focault en relación a la micropolítica, y que creo que viene al pelo con lo que quiero compartir hoy con vosotros.

A lo largo de su obra,  Foucault plantea tres problematizaciones en forma de tres líneas de pensamiento: el problema del saber, el problema del poder y el problema de los procesos de subjetivación. A continuación os dejo un párrafo extraído de un artículo que sintetiza muy bien estas problematizaciones desde la concepción del autor (recomiendo encarecidamente la lectura del artículo para una mayor comprensión), subrayando aquellos aspectos que considero relevantes para un posterior análisis centrado en el marco educativo y las relaciones de poder que se producen en y desde la escuela, así como el impacto que las mismas producen en nuestra sociedad.

(…) Una micropolítica se distingue ante todo por la concepción que tiene del poder. Para la micropolítica el poder no es el Estado, no es el Príncipe, no es el aparato gubernamental, no es la Ley. No es una política que respuesta a los ejercicios del Estado o del aparato centralizado del poder. La micropolítica es anterior a la macropolítica, ya que plantea que el poder es anterior a lo político, es anterior a la Ley, es anterior al Estado, es la fuerza de lo social, es una fuerza primaria, es una fuerza activa; el poder es la vida misma puesta en dinamismo. En este sentido, la micropolítica es minoritaria, minoritaria en el sentido en que no busca el control de lo social, no busca el ejercicio del control del poder. Es una lucha minoritaria porque es secreta, no pasa por un aparato organizado –tipo partido, tipo sindicato-; la micropolítica busca romper, cuestionar, transformar la realidad por medio de la transformación de los efectos alienantes del poder en el sujeto. La micropolítica promueve una nueva realidad dentro de esos campos conocidos del trabajo, de la naturaleza, del lenguaje. La micropolitica busca la disolución del principio de identidad, para bloquear la macropolítica, pasando por un proceso de subjetivación, de afirmación de la diferencia, de la apertura del campo experimental, que posibilite la afirmación del tercero excluido como una promoción del afuera del sujeto. Negando al sujeto como producción del poder, ya que el sujeto es producido en nosotros como un gran hábito, como un conjunto de hábitos, es decir, como aquellas costumbres que producimos y repetimos todos los días. Entendemos, en este sentido, al sujeto como una producción del poder, materializado en un conjunto de hábitos, a los que es acostumbrado. En este orden de ideas, una micropolítica sería una práctica secreta en el orden privado del sujeto, donde se promueve la subjetivación como una experimentación por fuera de nuestros hábitos, abriendo un espacio de resistencia al poder, y ya que el poder esta interiorizado en el sujeto, permitir dentro de dicha micropolítica, una desterritorialización del poder como una práctica de expulsión. Esto sería, en términos foucaultianos, instalar una micropolítica como proceso de subjetivación por fuera del sujeto como instrumento del poder. Entonces, entendamos la micropolítica como un ejercicio de construcción de un pensamiento del afuera, que implica la emancipación definitiva del sujeto y que tiene vigencia inmediata en la práctica del ejercicio pleno de la vida, en términos de libertad y de posibilidad autentica de creación. (…)

[Márquez Estrada, JW. (2007). La problematización del poder en Michael Foucault, p. 24. En la Revista Círculo de Humanidades, núm. 28. Universidad Autónoma Latinoamericana: Medellín. pp. 100-115.]

Del texto arriba citado podemos inferir que:

  • Ejercemos el poder en el espacio social microcotidiano, es decir, en nuestro día a día en base a las pautas de relación que establecemos con los otros. En el marco escolar, se me antoja especialmente interesante el análisis de las pautas de relación que intervienen en el día a día de la escuela, es decir, ¿cómo se relacionan los diferentes profesionales?, ¿qué tipo de interacción establece la escuela con las familias?, ¿cómo son las relaciones entre el alumnado?, ¿y la del adulto con el alumno? Estas prácticas interactivas, ¿potencian la verticalidad, la diagonalidad o la horizontalidad? ¿Qué papel juegan las emociones en relación con el ejercicio de este micropoder?
  • Estas prácticas cotidianas están imbuidas del saber (conocimiento) científico que estipula lo que “es normal” y lo que “no es normal”. Así, cabría preguntarnos en la escuela qué consideramos normal y qué consideramos anormal, y el cómo nos relacionamos con la normalidad y la anormalidad. Así, ¿qué diferencias establecemos con aquellos alumnos “normales” en relación con los “anormales”?, ¿qué papel juega la enfermedad o la patología (TDAH, por ejemplo) en nuestra escuela?, ¿cómo nos relacionamos con esa patología?, ¿cómo nos relacionamos con los alumnos que presentan  determinadas patologías?
  • Este saber construye un modelo de sujeto concreto que, a su vez, se objetiviza por medio de una serie de “prácticas de escisión”, donde el sujeto escindido en sí mismo es separado de los otros (el loco del cuerdo, el enfermo del sano y el delincuente de ”los muchachos buenos”). Este modelo, finalmente, acaba concretándose en un discurso, una narración social, que marca cómo debemos relacionarnos con el (s)objeto en cuestión. Para ser conscientes de este discurso podemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Somos capaces de detectar el vocabulario con el que nos referimos a cada uno de nuestros alumnos, compañeros o hacia las familias? ¿Qué diferencias estamos estableciendo entre los alumnos, nuestros compañeros profesionales y las familias? ¿Cómo puede influir en el clima emocional esta narrativa construida a partir de los significados que consigo detectar en el análisis?
  • Finalmente, el pensamiento normativizador construye una sociedad basada en micropoderes inigualitarios y disimétricos. Así, en base a todo lo anteriormente analizado, ¿en qué medida mis/nuestras proyecciones discursivas fomentan la desigualdad, la represión de ideas o la desintegración? ¿En qué medida me responsabilizo de co-crear un clima emocional basado en la fraternidad, la igualdad y la libertad? O, por el contrario, ¿en qué medida interfiero para crear un clima emocional constructivo?

En definitiva, la micropolítica de Foucault busca salirse de este pensamiento normativizador para, desde fuera (en libertad y creatividad), ejercer nuevas relaciones de poder y, por tanto, construir nuevos hábitos interpersonales. Entendiendo que la escuela es el espacio de “entrenamiento” para la futura ciudadanía, ¿no cabría replantearse cómo ejercemos nuestra relación con el poder dentro de la institución para encontrar nuevas herramientas de cambio paradigmático desde la escuela?

No olvides dejar tus dudas, sugerencias y/o opiniones en los comentarios. Entre todos podemos construir un debate que dé nuevo rumbo a la Nueva Escuela. Gracias de antemano ^^

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Meta educativa: de lo individual a lo social

Hace unas semanas, a raíz del post que hablaba sobre unas premisas para la deseducación, se inició un debate muy interesante en la red profesional de LinkeIn. En este y el siguiente posts me gustaría recuperar alguna de aquellas ideas con el fin de aclarar algunos puntos oscuros para lo que vengo hablando en materia de transformación de la educación. Los puntos clave del debate fueron básicamente dos que sintetizo a continuación para desarrollar posteriormente:

  • La doble meta educativa: recoger las necesidades y los intereses individuales de las personas para formarlas como seres sociales.
  • Actualizando al siglo XXI la “cultura del esfuerzo”: Motivación y automotivación.

Joan Barreras Mundet, con mucha razón, apuntaba que la frase “una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia ruta de aprendizaje” debería matizarse puesto que la educación, en un sentido amplio, tiene un alto componente de socialización, de formar a los individuos como seres sociales (es decir con capacidad para entender, crear e interactuar en un marco social concreto). En este sentido, la educación tiene (y debe tener) poco en cuenta “los intereses individuales”. (…) Habría, pues, que aclarar que “socializar” no es lo mismo que “adoctrinar” y que la condición para el “pensamiento crítico” es “tener criterio/s”, lo cual no se adquiere más que a base de algún que otro esfuerzo.

Efectivamente la educación tiene como una de sus metas el “formar a los individuos como seres sociales”. Sin embargo, particularmente no creo que esto esté reñido con los “intereses individuales”, muy al contrario soy de la opinión que individuo y sociedad son dos caras de una misma moneda que se retroalimentan.

En la sociedad presente, el conocimiento (sin dejar de tener su valor) ha perdido su sentido organizador; la información (al alcance de “cualquiera”) carece de sentido sin unas competencias (no el sentido de competencia que actualmente se da en las escuelas) que la gestionen de una forma adecuada. Así, necesitamos empezar a hablar de una educación basada en el desarrollo de competencias para formar a los futuros ciudadanos en la capacidad de adaptarse a la realidad del momento. En este sentido, creo que el sistema educativo debe empezar a ser flexible para ser capaz de adaptarse a las necesidades de cada persona, ya que cada persona posee sus propias capacidades para desarrollarse en la excelencia, no desde un sistema homogéneo y rígido, sino desde la visión particular que el sistema es capaz de generar para cada alumno, configurando una ruta de aprendizaje adaptada a sus necesidades.

Se suele creer que los niños de 10 años no tienen interés por aprender. Mas al contrario, un niño de corta edad es capaz de comerse el mundo con la mirada; lo observa todo con suma atención, se hace preguntas constantemente sobre el funcionamiento del entorno que le rodea; todo es nuevo y atractivo de aprender. Soy de la opinión de que el sistema educativo, tal y como está planteado, rompe con esta curiosidad espontánea; unifica un criterio de aprendizaje y lo impone a todos por igual, sin tener en cuenta lo que el niño ya lleva adquirido ni el cómo lo ha adquirido. El sistema presupone que todos aprendemos de la misma manera y éste es un error con enormes consecuencias, ya que mata la espontaneidad y la curiosidad.

Por el contrario, un sistema educativo basado en las personas, es capaz de adaptar su proceso de enseñanza-aprendizaje a las necesidades de cada alumno desde sus intereses particulares. En este sentido, creo que la misión del maestro consiste en permitir que sea el alumno el que explore el entorno y, a partir de ahí, plantear preguntas despertador que resulten atractivas y que inciten a la curiosidad para aprehender comprensivamente esa realidad.

¿Qué pensáis vosotros al respecto? ¿Qué interés os merecen en la educación los “intereses personales” de nuestro alumnado?


Noam Chomsky: Premisas para la deseducación

Según Noam Chomsky, frente al concepto tradicional de enseñanza de la época de la Ilustración, lo que ahora estamos presenciando es una escuela cuya función es adoctrinar a los jóvenes y anular su capacidad de pensamiento crítico. Control social, conformismo, entrenamiento para aprobar exámenes en vez de fomentar la investigación creativa…

Noan Chomsky: El objetivo de la educación: La deseducación

Personalmente me parece sumamente interesante este vídeo en el que se recogen muchos de los ítems que constantemente leemos o escuchamos a los expertos que nos hablan de una nueva educación. En este sentido, me gustaría concretar tres puntos fundamentalmente que, para mí, son relevantes para entender qué está pasando actualmente en el sistema educativo y focalizar un nuevo sistema educativo:

  1. Noam Chomsky diferencia dos propósitos en la educación:
    1. En primer lugar, la educación tradicional que bebe directamente de la Ilustración centra su objetivo de vida en la investigación y la creación, en la búsqueda de la riqueza del pasado, en la interiorización de aquellas partes que son significativas para uno mismo, en la búsqueda constante de comprender más a nuestra manera… En definitiva, aprender por uno mismo.
    2. En segundo lugar, la educación de hoy centrada en el adoctrinamiento busca colocar a las personas desde la infancia en un marco de referencia en el que tienen que acatar órdenes, aceptar estructuras existentes sin cuestionarlas, etc. Es decir, aprender a ser sumisos.
  2. Por lo que se refiere al impacto de la tecnología, Noam Chomsky nos explica, y estoy muy de acuerdo, que “la tecnología es algo neutro (…) Si no se sabe lo que se está buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, si no existe la condición de cuestionarse una idea” Internet no sólo no sirve para nada sino que además puede resultar dañina como generadora de dogmas. Lo importante a la hora de relacionarnos con la tecnología y de aplicarla en la educación debe ser buscar lo significativo; en este sentido, el sistema cultural y educativo debe ser activo, dispuesto a cruzar fronteras.
  3. Lejos de inducir a la desaparición de los exámenes, Noam Chomsky nos habla de ellos como una herramienta complementaria que puede ser muy útil para ubicar (orientar) tanto al alumno como al profesor en el “¿cuánto se sabe sobre…?”. Sin embargo, los exámenes jamás deben ser el objetivo propio de la educación (muy al contrario de como está pensado nuestro sistema educativo, en verdad). “La enseñanza debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otras mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque interesa”. Una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia “ruta de aprendizaje“.

Estos tres aspectos pueden concretarse en una sola idea que constantemente se repite a lo largo de todo el vídeo: la necesidad de cambiar de paradigma educativo y empezar a centrar la educación en las personas, permitiendo la realización personal a partir de los intereses particulares. Desde la pasión los estudiantes pueden desarrollar sus propios talentos, aprendiendo a ser autónomos en el aprendizaje y en el desarrollo personal. El paso del sistema educativo predominante actualmente a un nuevo sistema educativo pasa, en este sentido, por la deseducación.

¿Qué conclusiones más extraes del vídeo que te adjunto en este post? ¿Qué opinión te merece estos tres puntos que destaca Noam Chomsky de la educación? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Liderazgo pedagógico

Los estudiantes tienen la energía, la imaginación y la inteligencia necesarias para mejorar la situación en sus comunidades; lo único que necesitan es que se les pida que demuestren lo que pueden hacer.

Kathleen Kennedy

En un post anterior os decía que un buen líder es aquel que se ha trabajado a sí mismo y que está en condiciones saludables de guiar a otros en su propio desarrollo. Personalmente me encanta esta definición de líder ya que lleva implícita una serie de aspectos importantes que nos enmarcan en un paradigma diferente:

  1. La condición indispensable de que el líder se haya trabajado a sí mismo, es decir, que busque desarrollarse como persona, autoconocerse, potenciar sus virtudes y trabajar sus limitaciones, aprendiendo a estar en y con el mundo, en la búsqueda constante del bienestar personal.
  2. La intención de querer guiar a otros en su propio desarrollo, a que otros puedan desarrollarse a sí mismos y a autoconocerse, potenciando las virtudes de las personas y facilitando el camino de la mejora personal, siendo un modelo de autosuperación en la búsqueda del bienestar propio.

Partiendo de esta base, me gustaría acercar mínimamente la figura del líder al aula y para ello la primera pregunta que me gustaría responder es: “¿un profesor puede ser líder?”.

Como veíamos en el post que hacía referencia más arriba, el líder no se autoproclama sino que es escogido. La diferencia entre un docente y (lo que podríamos llamar) un líder pedagógico es que el primero es una autoridad oficial, estatus que proviene de los niveles superiores de la institución educativa, mientras que el líder pedagógico disfruta de una autoridad moral que proviene de los estudiantes, a través de un acuerdo voluntario entre los propios estudiantes y la figura del profesor. Esta diferencia tiene unas consecuencias directas en el tipo de relación que se establece, en tanto que el docente crea relaciones de dominio-subordinación y el líder pedagógico relaciones horizontales en las que se comparten una posición, unas normas y unos valores.

En base a lo que he explicado, podríamos definir el liderazgo pedagógico como el proceso de ejercer una influencia mayor de lo que permite o posibilita la propia institución educativa, hasta lograr que los estudiantes también sean líderes. En este sentido, para entrenarnos en el liderazgo pedagógico que comento hay una serie de requerimientos metodológicos que pasan por:

  1. Vivir desde la necesidad de cambios: la vida es cambio, por lo que nuestra práctica en el aula ha de poder adaptarse a las circunstancias y necesidades de cada momento. Como dijo Gandhi, “nosotros hemos de ser el cambio que deseamos ver en el mundo”.
  2. Actuar incondicionalmente: nuestra alternativa en la conducta pedagógica es doble: por un lado, podemos centrarnos en el tener y, en consecuencia, en la preocupación (tener un sueldo, tener un libro didáctico, tener una pdi o recursos tecnológicos, tener un buen director de centro…) o, por el contrario, podemos centrarnos en el ser y, en consecuencia, en la influencia (ser más fraternal, igualitaria y libre…).
  3. Revisar periódicamente el historial de diagnóstico pedagógico de los alumnos, con el objetivo de acercarnos más a la realidad específica de cada uno de ellos y tener una visión más holística de la persona con la que estamos trabajando.

Pero, ¿qué características debe reunir un profesor para gestionar su aula desde el liderazgo pedagógico? Para dar respuesta a esta pregunta me basaré en los comportamientos asociados que el diccionario de competencias clave atribuye al liderazgo, adaptándolo en la medida de las posibilidades a la realidad de un aula, y que se distribuyen en cuatro niveles:

  1. Nivel 1: Comunica y orienta al grupo
    1. Lidera bien las clases o sesiones: planifica lo que se va a trabajar y los objetivos específicos, controla el tiempo, asigna los turnos de habla, etc.
    2. Se asegura de que el grupo dispone de toda la información que necesita para hacer las tareas.
    3. Explica las razones que le han llevado a tomar una decisión que afecta al grupo o a parte del grupo.
    4. Mantiene una relación cercana con el grupo y conoce qué está pasando.
  2. Nivel 2: Promueve la excelencia y la motivación del grupo
    1. Utiliza estrategias complejas para mantener alta la motivación del grupo y para conseguir buenos niveles de productividad: asignación de equipos de trabajo y de tareas, distribución del espacio del aula, uso de los espacios del centro en relación con las tareas, etc.
    2. Escucha y promueve la participación y la aportación de ideas.
    3. Se preocupa por facilitar un buen clima de trabajo.
    4. Se asegura que las necesidades del grupo están cubiertas: obtiene los recursos y la información que necesita.
    5. Da instrucciones o demostraciones, junto con las razones subyacentes, como estrategia de aprendizaje.
  3. Nivel 3: Delega y desarrolla el grupo para conseguir aprendizajes significativos
    1. Delega responsabilidades transmitiendo confianza, formando y haciendo un seguimiento afectivo y efectivo.
    2. Facilita feedback positivo de mejora a cada estudiante para desarrollar y motivar.
    3. Desarrolla a cada estudiante según sus características e intereses.
    4. Establece planes de acción y ofrece sugerencias específicas de mejora.
  4. Nivel 4: Se posiciona como un líder y comunica una visión de futuro convincente
    1. Se asegura que el grupo participe de los objetivos, de la misión, del clima, de las normas, etc.
    2. Actúa como modelo a seguir.
    3. Tiene un carisma genuino, comunica su visión de futuro generando entusiasmo, ilusión y compromiso en el grupo.
    4. Genera alto compromiso ante los retos a conseguir.

¿Tienes alguna pregunta que pueda ampliar la información en materia de liderazgo pedagógico? ¿Conoces información que pueda complementar lo aquí expuesto? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Profesor, docente o maestro

A menudo hablamos de la educación centrándonos en aquellos aspectos que no funcionan, en el fracaso escolar, en lo que debería cambiar, en cómo nos gustaría que fuera… Poco a poco empiezo a leer posts que cuestionan el tema de la formación, un tema que nadie discutirá es primordial para hablar de revolución educativa. Llegados a este punto, me pregunto: para cambiar la formación, ¿no deberíamos definir un poco más la figura del profesor? Porque el papel que el profesor juega en el aula es fundamental para articular una formación del mismo en un sentido u otro, ¿no os parece?

En este sentido, este post pretende profundizar un poco, sólo un poco, en esta cuestión. Para ello, me parece interesante abrir la reflexión en torno al concepto de profesor y un par de sinónimos que hoy utilizamos indistintamente en nuestro lenguaje diario:

Wordreference nos define a un profesor como la persona que se dedica a la enseñanza, es decir, a la transmisión de ideas, conocimientos, etc. a otra persona (el alumno).

Por maestro, el mismo diccionario nos lo define como (he seleccionado las acepciones referentes a personas y al contexto del que hablamos):

  1. Persona que enseña un arte, una ciencia, o un oficio, especialmente la que imparte el primer ciclo de enseñanza, o tiene título para hacerlo.
  2. Persona muy diestra o con profundos conocimientos en alguna materia.
  3. Persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia.
  4. Todo lo que enseña o alecciona.
  5. Persona que ha alcanzado un alto grado en su oficio.

Resumiendo, por maestro podemos entender aquel experto o sabio en una materia que intenta educar en su sabiduría a otra persona (el alumno).

Finalmente, por docente entendemos la persona que se dedica a la docencia o enseñanza, de nuevo, la transmisión de ideas o conocimientos.

Personalmente me parece interesante esta distinción que el lenguaje hace para las diferentes formas de asignar al profesor, pero de momento dejaremos aquí aparcado el tema para volver más tarde, tras haber expresado con un poco más de profundidad el contexto en el que se mueve esta figura. Por el momento seguiré usando la palabra “profesor”.

La realidad hoy en las escuelas nos habla de una educación que tiene que acoger a una población muy diversa y heterogénea con diferentes formas de aprender. Sin embargo, a partir de unos estándares académicos, todos los estudiantes deben ser preparados en pensamiento y habilidades de tal forma que este desarrollo les permita un proceso de aprendizaje permanente que terminarán por desarrollar a lo largo de sus vidas.

En este proceso educativo (y, por tanto, en la sociedad), el profesor juega un papel muy importante ya que es el encargado último de educar a los ciudadanos del mañana. Su tarea es fundamental para producir una sociedad libre (creativa y crítica), igualitaria (justa,) y fraternal (solidaria y colaborativa).

El reto principal del profesor, por ende, consiste en ingeniárselas para traducir una diversidad de alumnado de partida en una diversidad de metodologías a partir de una uniformidad académica. De entrada, esto implica una dificultad añadida que el futuro profesor debe tener en cuenta y que, por tanto, la formación debe atender de forma precisa mediante la enseñanza en la creatividad, la innovación y el ingenio.

Sin embargo, este ingenio al que hacemos referencia debe partir de una base real, de la problemática de sus alumnado en la interacción con sus procesos de aprendizaje en particular, y de desarrollo en general. Por tanto, para que el profesor pueda ser efectivo primero ha de ser afectivo, ya que la sensibilidad de los diferentes casos en el aula será el motor de búsqueda de una intervención educativa basada en el acompañamiento y el respeto. Esto se traduce en una formación en habilidades de comunicación, sociales y emocionales.

De todo esto que comento, se traducen dos conclusiones importantes: la primera hace referencia a que efectivamente la educación no es una mera transmisión de información sino que consiste en algo mucho más profundo que atañe al desarrollo íntegro de las personas que llenan las aulas: emociones, pensamientos, valores… La segunda conclusión es que ser profesor lleva implícito una participación activa en el desarrollo de la enseñanza.

A la luz de todo lo que se ha dicho, entiendo como necesario que las personas dedicadas a la educación sean capaces de formularse diariamente las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son los desafíos educativos de hoy?
  • ¿Qué características debo potenciar para hacer frente a estos desafíos?
  • ¿Qué conocimiento necesito para ser efectivo en los diversos contextos educativos?
  • ¿Qué habilidades debo desarrollar y cómo para proporcionar experiencias de aprendizaje poderosas a la diversidad de estudiantes?
  • ¿Cómo construyo mi identidad de profesional responsable y comprometido con mi profesión?
Como se puede ver, la formación y el aprendizaje deben constituir un eje transversal a lo largo de la vida de los profesionales de la educación que, mediante procesos reflexivos, permitan nuevos conocimientos y habilidades para dar solución a los diferentes desafíos educativos.

Finalmente, retomando la cuestión del lenguaje que iniciaba más arriba, dejo a vuestro juicio el concepto que creáis más oportuno para designar el rol de esta figura dentro de la educación. Sin embargo, desde mi personal punto de vista, quizás ninguno de los que arriba se definían acaben de encajar… ¿Vosotros cómo lo veis?


Reforma educativa: pasos imprescindibles

Los niños de hoy son probablemente la generación más sofisticada que jamás haya existido.

Richard Gerver

El entorno de hoy es muy diferente al entorno de ayer, y el de mañana muy probablemente será diferente al de hoy. Vivimos en la sociedad del cambio constante, donde la necesidad de habilidades de adaptación se hacen muy presente. Es lógico deducir entonces que los niños de hoy son diferentes a los niños de ayer. Sin embargo, cuando nos embarcamos en el sistema educativo, observamos que se siguen manteniendo prácticas de ayer para niños de hoy que serán los ciudadanos del mañana. En un mundo cambiante, la educación permanece estática e inamovible. Pero, ¿hacia dónde debería cambiar la educación para adaptarse a las circunstancias del mañana? ¿Qué necesitamos enseñar hoy para que mañana los futuros ciudadanos puedan estar preparados?

Las respuestas a estas preguntas son difíciles. Sin embargo, una nueva conciencia educativa nace de todo este cuestionamiento. Richard Gerver, entre otros muchos expertos en materia educativa, defiende que la reforma educativa debe pasar por entender la educación como un vehículo de capacitación y no un vehículo de opresión. El primer paso para que esto sea posible pasa por comprender los procesos mentales que hoy viven nuestros alumnos: en primer lugar, comprender que ellos se sienten desconectados de la sociedad ya que no hay nada en ella que les represente en su idiosincrasia particular; en segundo lugar, comprender que esta percepción de la realidad es muy diferente a la nuestra o a la de nuestros padres y que, por tanto, provoca una brecha generacional que nos separa de ellos; en tercer lugar, comprender que ellos necesitan sentirse parte de esta sociedad y que, en consecuencia, nos debemos a la obligación de preguntarles qué quieren para sentirse parte de esta sociedad; y finalmente, comprender que en esta incertidumbre de tanto cambio y de algo que les es tan ajeno, se sienten inseguros y no acaban de saber cómo responder a esa pregunta.

Para romper esta brecha generacional, por tanto, debemos empezar a posibilitar desde la educación procesos de empoderamiento, fortalecer la capacidad de autogestionar la propia vida para que nuestros alumnos puedan rápidamente integrarse en la sociedad. Por lo tanto, una conclusión que se acerca a una respuesta parcial a las preguntas que formulaba más arriba sería la de abordar con urgencia la inteligencia emocional y social dentro de la educación. Pero para ello, nos explica Nieves Segovia [Redes 77, Crear hoy las escuelas de mañana, minuto 18:25], presidenta de la institución educativa SEK en Madrid, que se hace imprescindible una previa formación del profesorado en esta materia, ya que la educación emocional y social debe entenderse no como una signatura más dentro del currículo educativo, sino como una materia transversal que trabajar a partir de las dinámicas que se generan dentro del aula en las diferentes áreas académicas. Se trata de que los profesores adquieran los modelos y las estrategias para aplicar en sus aulas y acompañar a los alumnos en el descubrimiento y la gestión de las propia emociones, por un lado, y el desarrollo de habilidades como la creatividad, la empatía o el pensamiento crítico, entre otras, por otro lado.

Del vídeo de Eduard Punset referenciado arriba, me parece interesante la integración que Jordi Gros, coordinador de segundo ciclo de la ESO SEK en Catalunya, hace en cuanto a este autoconocimiento al que hago referencia y la idea de vida y los valores primarios que se desarrollan en los diferentes ámbitos educativos de los alumnos, como de aquí surge la idea de aula inteligente donde potenciar la reflexión y el aprendizaje interdisciplinar como estrategias eficaces para el desarrollo de la capacidad de adaptación a la realidad cambiante. Desde esta perspectiva, cabe comprender que en la sociedad no nos aparecen problemas donde se pongan en práctica aprendizajes de una sola materia, sino que habitualmente los problemas que se nos plantean en nuestras vidas implican la puesta en marcha de aprendizajes en varias materias; por lo tanto, la educación debe contemplar una forma de aprender de forma interdisciplinar. Por otro lado, se pone en relieve la necesidad de aprender a reflexionar sobre nuestro entorno para ser capaces de desarrollar soluciones eficaces a los problemas que la vida nos plantea.

Jordi Gros, además, elabora una sentencia con la que estoy completamente de acuerdo que viene a decir que al ser humano le gusta aprender y perfeccionarse. Si precisamente la educación consiste en aprender y perfeccionarse, ¿cómo hemos llegado al punto de que nuestros alumnos contemplen la educación como algo aburrido? ¿Cómo podemos aprovechar esto para hacer más efectiva la educación? En este punto se hacen interesantes dos de los aspectos claves que Richard Gerver mencionó en la pasada edición del GEF10:

  1. Aprendizaje invisible: aunque propiamente Gerver no utiliza esta expresión para hacer referencia a los aprendizajes informales y espontáneos que realizamos las personas en nuestras interacciones cotidianas con el entorno y con el mundo, de una manera indirecta hace referencia a que nuestros hijos aprenden más de sus amigos y de las redes sociales que del aula. Este es un punto interesante de estudiar y de interiorizar para comprender la reforma educativa en su sentido más amplio. Es evidente que nuestros alumnos saben más cosas, pero no necesariamente este conocimiento se traduce en sabiduría. La pregunta que debemos formularnos, pues, a este punto es: ¿Cómo podemos hacer para que la educación sea parte de esa transformación del conocimiento en sabiduría? Parte ya la he respondido introduciendo aspectos tan importantes como la inteligencia emocional y social, la reflexión y la conexión entre los diferentes aprendizajes: hacer uso del conocimiento para adaptarse mejor a los cambios del entorno y poder resolver de forma más eficaz los problemas de la vida. Sin embargo, queda otro aspecto interesante de analizar que el mismo Gerver pone sobre la mesa:
  2. Pasión: ¿Por qué los profesores deciden ser profesores?, empieza el autor. Pocos pondrán en duda que la docencia es hoy una profesión vocacional; aquellas personas que deciden dedicarse a la educación entienden que la sociedad requiere de transformaciones palpables y saben que deben participar de esos cambios. Esta pasión, sin embargo, se encorseta en el preciso instante que nos sumergimos en el sistema educativo. El sistema educativo es tan ordenado, nos dice Gerver, que perdemos la pasión. Los educadores, hoy, debemos hacer un esfuerzo por recuperar esa pasión perdida y transmitirla a nuestros alumnos. Y ésta es la clave que nos falta para completar el rompecabezas de la reforma educativa: la motivación. ¿Por qué están aprendiendo nuestros alumnos? Se trata de contagiarles la idea de que estudiar puede hacer que sus vidas sean mejores en ese preciso instante, no con perspectiva de futuro para poder encontrar un trabajo, no. La pieza clave es transmitir el valor de la educación como algo que les puede ayudar, de que puede ser tan atractivo como Apple, concluye este punto Gerver.
Para que esta transformación de la educación sea posible, me gustaría finalizar esta entrada con otro aspecto que personalmente encuentro fundamental. En una entrada anterior, hacía referencia a la necesidad de centrar la educación en los procesos. Esto supone desplazar el foco de atención de los resultados a las personas que participan de la educación. La calidad ahora está en el itinerario que recorren nuestros alumnos acompañados de sus profesores. La experiencia que se vive en el aula cobra protagonismo por encima de los resultados finales. Y es que, como bien dice Richard Gerver, el mejor regalo que les podemos hacer a nuestros alumnos es el tiempo: dejemos de hablar sobre futuro y empecemos a a conversar sobre el aquí y el ahora.

A modo de resumen:
Para que la reforma educativa sea factible algunas de las transformaciones que se deben producir son:
  • Abordaje de la inteligencia emocional y social dentro de las dinámica del aula.
  • Generación de espacios de “entrenamiento” (aulas inteligentes) para la vida basado en la interdisciplinariedad y la reflexión.
  • Transformación de los procesos invisibles en procesos conscientes de aprendizaje.
  • Potenciación de una motivación intrínseca por y para el hecho de estudiar.
  • Centramiento de la educación en las personas y los procesos de aprendizaje, en lugar de en los resultados.

La nueva escuela

Haciendo un repaso general a las entradas del blog me parece interesante ordenar un poco las ideas antes de lanzar la información relativa al post que hoy quería introducir. De este modo, he establecido una meta para la escuela del nuevo siglo, esta es, la educación de los futuros ciudadanos en los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Con esta meta, se define un nuevo contexto escolar basado en una enseñanza mucho más efectiva y centrada en el bienestar de los diferentes actores de la escuela: alumnado, profesionales y familias. El aprendizaje, junto con la creatividad, constituyen el eje del proceso educativo.

Cabe destacar que en la nueva escuela es fundamental la participación activa por parte de los actores que enumeraba más arriba (alumnado, profesionales y familias). Destaco la importancia de hacer participar a los más pequeños en todos las actividades que se dan dentro del proceso educativo, de formar parte del debate para ajustar una escuela adaptada a sus verdaderas necesidades, para hacer de la educación algo verdaderamente significativo.

Además, este cambio paradigmático implica una serie de innovaciones en el aula:

  • Nuevas metodologías basadas en el consenso democrático: adaptándose a las necesidades del grupo-aula, es interesante arriesgar por esta innovadora metodología que permite al alumnado adquirir nuevas responsabilidades, practicar nuevos roles, desarrollar nuevas estructuras mentales… Mi propia experiencia personal me ha mostrado una interesante y positiva repercusión en el proceso de aprendizaje.
  • Introducción de la tecnología y la educación emocional en el aula, no como programas sino como actitudes por parte de todos los actores dentro de la escuela. Los motivos para ello no son pocos: en un post os expliqué sobre los estudios que avalan las diferencias neuronales en los nativos digitales, y más arriba ya hemos mencionado el propósito de una educación centrada en el bienestar de las personas.
  • Nuevas organizaciones dentro del aula basadas en la cooperación y en el trabajo por equipos.

Hecho este repaso, y volviendo al propósito de este post, son muchos los aspectos que definen ya la nueva escuela y que están explicados en el blog. Sin embargo, los intercambios de ideas en Twitter, foros y por e-mail con personas entendidas en la materia, me lleva a plantearme la necesidad de definir un poco más esta escuela.

Recientemente, cuestiono si realmente la escuela actual está muy distanciada de la escuela deseada. Si bien en un principio consideraba que sí, arrastrada en parte por la moda actual de revolucionar la escuela, me doy cuenta de que realmente son pocos los pasos que realmente son necesarios para crear una escuela nueva:

  • En primer lugar, un paso imprescindible es el de hacer de las escuelas verdaderas comunidades de aprendizaje. No es al azar el uso de la palabra comunidad, en el sentido de plena autonomía y desarrollo. Creo firmemente que la escuela debe ser un espacio no politizado y, por tanto, externo a las prácticas legal-políticas. Ningún gobierno debería tener autoridad sobre la escuela, y ésta siempre debe ser gestionada desde dentro, recuerdo, por sus tres actores principales: alumnado, profesionales y familia.
  • Cambio de actitud frente a la práctica educativa: como veíamos más arriba, se trata de introducir la educación tecnológica y emocional en la educación. En este sentido, son muchos los debates en los que he participado a propósito de qué asignaturas son o no son necesarias en las escuelas. Creo que este debate yerra en su objeto de análisis, pues a fin de cuentas las asignaturas son un pretexto para hacer viable la educación. Creo, en cambio, necesario profundizar en la enseñanza por competencias (que ya se está mal llevando a cabo); pero para ello hace falta cambiar el chip de cómo se dan las materias y trabajar una serie de competencias transversales entre todos: lectura y comprensión, técnicas de estudio, análisis crítico, libre-pensamiento, libertad responsable, ecología emocional y tecnológica, creatividad, colaboracionismo…
  • Interconexión entre las diferentes escuelas a través de la red de redes. Paso previo a la introducción tecnológica en las escuelas es la constitución de una red de conexión digna en este país. Sin embargo, ya es viable la posibilidad de crear un espacio no jerarquizado que viabilice la comunicación entre las diferentes escuelas, un espacio reconocido, neutro, libre y compartido.

Hasta aquí os enumero los pasos imprescindibles donde debería volcarse la revolución educativa. Creo que son pasos largos de darse efectivos pero viables a día de hoy. Como decimos en tierras catalanas: “De mica en mica s’omple la pica”. Poco a poco y buena letra.


¿Educación emocional?

En toda esta vorágine de renovación pedagógica en la que me encuentro inmersa desde hace unos meses, se hace imprescindible volver a plantearse aquellos aspectos que un día se colocaron en el centro de actuación y que, de una forma imperceptible, se convirtieron en verdades incuestionables. Cada día las ideas evolucionan hacia una meta aun por definir. Y el acto de educar en las emociones, en medio de todo este continuo rehacerse, se resignifica una y otra vez hasta que un día, tal como hoy, una decide pararse un momento y replantearse el motivo de todo este peregrinaje. Miro a mi alrededor*:

Hoy ha venido mi jefe a echarme la bronca por el último proyecto en el que estoy trabajando. Ciertamente, ando algo despistada últimamente y no consigo concentrarme en el trabajo. Los resultados saltan a la vista de cualquiera, y el jefe no es una excepción. Juana (46 años).

No soporto a mi mujer últimamente. No para de repetirme continuamente que no hago nada en casa. Es incapaz de ver que llego reventado del trabajo y que de lo único que tengo ganas es de sentarme en el sofá, tomarme una cerveza y ver tranquilamente la televisión. No sé cómo se lo monta ella para llevar su trabajo, la casa y los niños adelante; será que no hace nada en su trabajo, y los niños, la verdad, son muy tranquilos. Marcos (49 años).

Mis novios son todos unos impresentables. La verdad es que tengo muy mala suerte con los chicos. Al principio todos se muestran muy amables y después… ¡oh! ¡Después te la pegan! Juliette (32 años).

La falta de autoestima (en una pobre habilidad asertiva), de empatía o de responsabilidad ante los propios actos pueden hacer que estas tres situaciones hipotéticas se conviertan en algo normal en nuestra sociedad. Ahora bien, veamos lo que pasa a continuación*:

Hoy ha venido mi profe a echarme la bronca por el último trabajo que estoy haciendo. Es verdad que estoy algo despistado últimamente y no consigo concentrarme en las tareas de clase. Luis (11 años).

No soporto a mi madre últimamente. No para de repetirme continuamente que no hago nada en casa. Es incapaz de ver que de lo único que tengo ganas es de sentarme en el ordenador, tomarme una coca-cola y ver tranquilamente la televisión. Jordi (9 años).

Mi novio es un impresentable. He tenido muy mala suerte con este chico: al principio muy mono, pero luego… Ivette (12 años).

¿Os resultan familiares estas situaciones? ¿Conocéis algún niño o alguna niña que haya dado una respuesta similar? En caso negativo te doy la enhorabuena, has ido a toparte con las únicas excepciones a la vista 🙂 Lo habitual es que la respuesta ante la pregunta sea afirmativa y, por desgracia, cada vez más habitual.

Ciertamente, el parecido entre las situaciones descritas para los tres adultos y para los tres menores son asombrosamente parecidas. Y si nos fijamos, todos podríamos encontrar similitudes en las respuestas comportamentales y/o verbales entre el mundo adulto e infantil. Esto es así porque sólo podemos enseñar aquello de lo que sabemos. ¿Y cómo vamos a enseñar a gestionar nuestras emociones y a desarrollar habilidades sociales si no sabemos hacerlo con nosotros mismos?

Responder a esta pregunta es clave para comprender el porqué de la necesidad de un cambio imprescindible en la escuela actual, esto es, introducir la educación emocional en los currículos de tal forma que se permitan los procesos de enseñanza-aprendizaje en la gestión de las propias emociones y las habilidades sociales.

Sin embargo, en los tiempos que corren me resulta habitual encontrarme con muros que rechazan de pleno cualquier idea que gire en torno de las emociones. En pleno siglo XXI resulta fascinante encontrarse con personas que aun se cuestionan para qué sirven. Inmersos en una sociedad donde todo cambia constantemente en apariencia, donde se focaliza hacia la teoría y se obvia la buena práctica; en una sociedad donde nadie se cuestiona nada a cambio de seguir gozando de horas de consumo “emocionante”; en una sociedad individualista que ha perdido el rumbo de lo moral y lo ético, más allá de un dogma aun prevaleciente; en esta sociedad donde prima el tener en lugar del ser

Y lo cierto es que cuando reviso todas aquellas historias con las que he compartido parte de mi tiempo en la escuela durante estos últimos años, no puedo evitar remarcar esas faltas de autoestima, esas rabias contenidas, esos nerviosismos acumulados, esos abusos reprimidos… que acompañaban a esas historias. Y no estoy hablando de casos familiares drásticos, sino de cualquier niño o niña que convive con nosotros, sobre el mismo solar social. En un mundo donde las emociones no tienen cabida, nuestros niños y nuestras niñas adolecen de las mismas, sin posibilidad de encontrar una vía de salida sana. ¿Cuántos niños o niñas más hay que ignorar para comprender que soledad, rabia, tristeza o miedo son palabras habituales en su infantiles vocabularios? Si los escucháramos un poco más… ¿Nos pelearíamos todos entonces para introducir una educación emocional en las escuelas?

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* Personajes y situaciones hipotéticas.


Consenso democrático

Hace ya algunas semanas tuve la suerte de toparme con @luisutopia a través de Twitter. Este compañero educativo está trabajando en la tesis en torno a la investigación-acción y la verdad es que se puede aprender muchas cosas interesantes de su persona y de su profesionalidad. Luis cree en lo que hace, luis hace lo que cree.

Después de leerme detenidamente sus conclusiones a propósito de su primera experiencia de investigación-acción en el aula de música, caí en la cuenta de lo relevante que resulta reformular y reconceptualizar conceptos tan importantes en nuestra era como el de democracia. Con el paso de los años, una se da cuenta de lo distorsionado del concepto en el aquí y ahora. La democracia, legado que nuestros griegos dejaron a la humanidad, ha sufrido cambios importantes de significado que se han demostrado ineficaces política y socialmente (otra cosa es que los dirigentes lo quieran reconocer). ¿Qué significaba para los griegos hablar de democracia?

Si bien las condiciones demográficas han cambiado con respecto a la era de máximo apogeo para la cultura griega, y la organización social, política y económica no tienen nada que ver con aquellos cultos clásicos, sí que merece, con un poco de voluntad, reconducir la democracia y recuperar su significado más profundo e igualitario.

-Si queremos que nuestro entorno más cercano, nuestra sociedad, nuestro mundo sean cada vez más libres, desde el respeto a las diferentes formas de pensar, de actuar, de vivir, tenemos la responsabilidad, como educadores, de promover y contribuir al desarrollo democrático de la sociedad- dice Luis. El secreto, confiesa, está en conseguir un espacio concreto en nuestras aulas de auténtica participación por parte del profesor y de los alumnos, de unas interacciones internas al aula realmente democráticas donde no haya distinciones jérarquicamente verticales, sino donde todos (profesores y alumnos) estén a un mismo nivel; y es que la única forma de aprender la democracia es conviviendo y haciendo de la escuela un espacio auténticamente democrático. En definitiva, la democracia y la educación han de perseguir un fin común: la mejora de las condiciones de vida, delpensamiento, de las relaciones sociales de la ciudadanía, basándose en la perfectibilidad del ser humano.

Estudios en esta materia, recuerdan algunas de las condiciones de las que depende una democracia, como resumo aquí:

  1. La libre circulación de ideas.
  2. La fe en la capacidad individual y colectiva de las personas.
  3. El uso de la reflexión crítica y el análisis.
  4. La preocupación por la dignidad y los derechos de los individuos y las minorías.
  5. La necesidad de vivir conforme a valores democráticos.
  6. La necesidad de instituciones sociales que promuevan y amplíen la forma de vida democrática.
  7. La necesidad de una democracia unida, necesariamente, al trabajo en favor de la igualdad y la justicia social.

Ciertamente, la democracia es ante todo una actitud que debe impregnar todas las decisiones, relaciones y actuaciones de un aula. El aula, como célula mínima, básica y fundamental del sistema educativo, es el punto donde debe comenzar el trabajo democrático. De poco servirían leyes educativas muy comprometidas con la democracia si luego, al cerrar la puerta de nuestra aula, no posibilitamos que todas estas ideas se pongan en práctica– continúa Luis. Para ello, el autor nos habla de las siguientes sugerencias en cuanto a la aplicación de los principios democráticos en el aula:

  • Acercamiento de la escuela a la realidad social, con la finalidad de introducir las ideas sociales en el aula y producir un tipo de conocimiento que permita actuar sobre dicha realidad. La escuela no ha de ser un coto cerrado a la vida real, sino más bien un contexto donde reflexionar y a la vez hacer propuestas de intervención sobre la realidad.
  • Necesidad de considerar la educación no como un mero procedimiento técnico, sino como una práctica moral y política.
  • Deshecho de la coacción, los sobornos y las presiones.
  • Dentro de las normas de convivencia consensuadas en el aula, motivación para que alumnos y alumnas “sean ellos mismos”, sin diferenciar su forma de actuar en la escuela y en su vida real.
  • Posibilitación de la justicia social compartida y consensuada en el aula entre todos y todas las participantes y que ésta impregne todos los elementos del currículo.

A mi modo de ver, la única forma para recuperar una verdadera democracia que no se limite al gobierno de una mayoría sino que represente de forma consensuada a todas las voces de una población pasa por buscar la relación entre consenso y disenso. Como dice Hoyos Vázquez, todo consenso debe dejar lugares de disenso y todo disenso debe posibilitar nuevos caminos. Así pues, los consensos obtenidos en el aula tendrán siempre en cuenta que pueden existir puntos de vista distintos a los de la mayoría, con lo que se debe respetar y, en la medida de lo posible, atender ese tipo de discrepancias, teniéndolos en cuenta a la hora de planificar nuevas actuaciones y para la mejora de lo ya existente. En realidad, de lo que se trata es de potenciar una escucha activa a todas las voces (mayoritarias y minoritarias) dentro del aula y potenciar la creatividad en busca de soluciones que contenten a todo el mundo.

Esto que a priori podría parecer harto difícil, en la práctica es una cuestión mucho más sencilla que surge de forma espontánea. Por mi experiencia personal en la implementación en el aula de un sistema democrático de negociación, resulta casi mágico observar cómo en la práctica diaria el disenso acaba abriendo nuevos caminos de consenso que dan conformidad a todas las voces participantes.

Y si no me creéis, haced la prueba vosotros mismos 😉


Una educación significativa

– Me llamo Karla Deez -dijo-. Ésta es mi hija Mareta.
La niña también sonreía, y por encima del respaldo del pasajero [en el vehículo] nos examinaba con grandes e inquisitivos ojos. (…)
Cuando Karla giró a la derecha, Mareta resbaló hacia la izquierda y tuvo que agarrarse al asiento para no caer. Volvió a reír. Marjorie la contemplaba con admiración.
– ¿Qué edad tiene Mareta? -preguntó a la madre.
Karla pareció molestarse, aunque el tono de su respuesta fue amable:
– Por favor, no hable de ella como si no estuviera aquí. Si mi hija fuera una persona adulta, usted se lo habría preguntado directamente.
Redfield, J. (2004). Las nueve revelaciones. Barcelona: Ediciones B.

Fue Ausubel quien utilizó por primera vez el término aprendizaje significativo para definir lo opuesto al aprendizaje repetitivo. Para este autor y sus seguidores, la significatividad del aprendizaje se refiere a la posibilidad de establecer vínculos sustantivos y no arbitrarios entre el nuevo contenido y los conocimientos previos. Así pues, aprender significativamente supone la posibilidad de atribuir significado a lo que se debe aprender a partir de lo que ya se conoce. Este proceso desemboca en la realización de aprendizajes que pueden ser efectivamente integrados en la estructura cognitiva de la persona que aprende, con lo que se asegura su memorización comprensiva y su funcionalidad. Parece, pues, justificado y deseable que las situaciones de enseñanza y aprendizaje persigan la realización de aprendizajes tan significativos como sea posible, dado que su rentabilidad es notable. ¿Cierto?

Gareth Mills, en la pasada edición del Global Education Forum, nos hablaba de la necesidad de diseñar una nueva educación plena de significado, atractiva y profunda. Una educación, decía, basada en la autoconfianza, la automotivación, la flexibilidad y la iniciativa, la resiliencia, la integridad, el conocimiento, el espíritu crítico, la creatividad y la imaginación, las habilidades sociales y emocionales… Pero para que esto sea posible, la escuela debe dar confianza, motivar, ser flexible, ofrecer posibilidades para la autosuperación, enseñar a formular preguntas a partir de la creatividad, emocionar y sociabilizar.

Sin embargo, en una educación dirigida como la que impera hoy día desarrollar estos aspectos resulta una tarea difícil; más bien al contrario, el statu quo de la escuela condena a las personas a un espíritu pobre, desmotivado, rígido, acrítico, y con pocas posibilidades de realmente aprender a resolver los problemas reales. La escuela de hoy, un régimen institucional unidireccional, jerárquico, anacrónico y totalmente descontextualizado al ritmo y estilo de vida fuera de la escuela, limita a los alumnos en lugar de ofrecer alternativas, homogeneiza haciendo pasar a todos por el mismo rasero. Más allá de la escuela, en las familias y en el entorno social y macrosocial, tratamos a los niños y a las niñas como si NO fueran personas, sin derecho a escoger libremente qué aprender, sin derecho a poder vivir su vida de la forma que más le apetezca.

¿Por qué? ¿Porque tenemos miedo de que no sean capaces de hacerlo bien? ¿Acaso proyectamos nuestros fracasos en nuestro alumnado, pensando que si no los dirigimos cometerán los mismos errores una y otra vez? ¿Acaso pensamos que si no fuimos capaces de autoresponsabilizarnos de nosotrxs mismos en etapas primarias, tampoco lo van a saber hacer ellxs?

Pero, ¿qué pasaría si un día decidiéramos dar un paso y empezáramos a tratar a los niños y a las niñas como si fueran personas? Entonces podríamos empezar a ofrecerles una ayuda valiosa con la meta última de imprimirles el sentimiento de que ellos pueden cambiar su vida, su comunidad y el mundo. A través de ellos podemos imaginar otra realidad posible. ¿Por qué no?

¿Cómo debemos utilizar, pues, el tiempo y el espacio en las nuevas formas de pedagogía?

Como arquitectos de la nueva educación, dice Mills, debemos plantearnos enseñar menos y aprender más como excelente estrategia de resolución a los problemas reales que hoy día acucia la escuela; asumir nuevos roles donde los alumnos hagan de profesores y los profesores hagan de facilitadores. Para el autor, estos son tres los ejes claves que debemos tener en cuenta a la hora de formar nuevos modelos educativos:

  • Being the best you can be! Los alumnos deben ser lo mejor de sí mismos, y la escuela debe brindarles la oportunidad de serlo a través de una educación que les potencie y no los reprima.

  • Believing. Los alumnos deben desarrollar sus creencias basadas en las posibilidades de cambiar sus propias vidas, de sus comunidades y del mundo.

  • Belonging. Los alumnos deben llenarse del sentimiento de pertenencia en la escuela, lejos de la fractura que hoy en día se produce en los sistemas educativos, descontextualizados con los entornos propio de los alumnos.

Debemos empezar a ver a los niños y a las niñas como lo que verdaderamente son: puntas de lanza en la evolución que nos hace progresar. Pero para que aprendan a evolucionar necesitan nuestra energía sobre una base incondicional y constante. Lo peor que se les puede hacer es drenar su energía constructiva mientras les reprendemos por no seguir los parámetros de un mundo que para ellos no existe. Esto es lo que genera en ellos estancamiento y pobreza de espíritu, que tienen como consecuencia problemas emocionales, sociales y de desarrollo en general. Si independientemente de la situación les damos la energía que necesitan, evitaremos estas manipulaciones inducidas y volveremos a abrir las posibilidades evolutivas. He aquí por qué hay que incluirles siempre en las conversaciones, especialmente si las conversaciones se refieren a ellos. Y sabemos que esta conversación a propósito de la educación les atañe. ¿Por qué no abrir las puertas del debate a los niños y niñas, pues? ¿Qué tienen que enseñarnos?


Aula EdEm

¿Te atreves a diseñar tu interior?

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