Caminando hacia la Revolución Educativa

A través de un ejercicio bastante interesante se pudieron sacar algunas conclusiones sobre qué se puede considerar por “ser un buen profesor“. Javier Martínez Aldanondo, después de preguntarles a un buen número de conocidos sobre aquellos profesores que recordaban de su época escolar  universitaria y el porqué, concluyó las siguientes principales características:

  • Eran profesores que se notaba que les apasionaba enseñar; transmitían vocación, energía, compromiso y entusiasmo.
  • Eran profesores acogedores, que sabían escuchar mis necesidades y al mismo tiempo implicarme en mi compromiso académico.
  • Eran profesores humanos, cariñosos, amigables, sencillos y cercanos, que me hacían sentir importante porque me daban libertad.
  • Eran profesores cuya forma de enseñar era entretenida y divertida; eran motivantes, originales, creativos y didácticos.
  • Eran profesores que me enseñaban a pensar, a cuestionarme, a ser crítico, a razonar en lugar de memorizar; es decir, me enseñaron a aprender.
  • Eran profesores que se preocupaban de que aprendiese cosas útiles, apoyaban a los estudiantes con problemas y ofrecían retroalimentación continua.

Y tú, ¿qué profesores recuerdas y por qué?

A raíz de estas conclusiones, creo que es interesante rescatar dos aspectos fundamentales: por un lado, ¿se puede enseñar sin tener pasión ni vocación?; por otro lado, ¿de qué manera se puede potenciar el desarrollo de estas características excelentes?

Por lo que se refiere a la primera pregunta, en mi opinión la respuesta es clara y evidente: NO. Algunas profesiones, como la educación, la psicología o la psicopedagogía, entre otras, deben contener un elevado porcentaje de vocación, en tanto que nuestro objeto de trabajo son personas y no cosas. Nuestra motivación para acercarnos desde la humildad a estas personas y trabajar con ellas es fundamental para crear respuestas educativas eficaces, para escuchar y proporcionar una ayuda ajustada a las necesidades de cada persona, para abrir vías de empoderamiento y buscar la autonomía de esas mismas personas…

En cuanto a la segunda pregunta, el debate forzosamente es más amplio. Evidentemente podemos centrarnos en las carencias formativas del actual sistema educativo para acceder a la profesión, y creo que es importante buscar cambios en este sentido (siguiendo el ejemplo de otros países que tienen mejor desarrollado este aspecto, como Finlandia) para afianzar un sistema educativo de calidad. ¿Y mientras tanto? ¿Sería honesto por nuestra parte limitarnos a cruzar los brazos y esperar a que la administración decida cambiar? Dependiendo del profesional y de la calidad de su vocación la respuesta a esta pregunta será un motivo de crispación (¡¡ya estamos de nuevo!!) o de movilización (¡¡a por el cambio!!).

Son muchos los claros ejemplos que vía Twitter podemos encontrar, verdaderos líderes de una Educación Alternativa que miran de incorporar nuevas metodologías que proporcionan aire fresco, que nos demuestran que la revolución también está en las aulas. Son muchos los profesionales que incorporan nuevas percepciones educativas, nuevas metodologías, que se suman al Nuevo Paragidma educativo. Un paradigma donde no tiene cabida vídeos como el que visualizo esta mañana, donde chavales de 17 años suplican un cambio para dejar de sentirse encarcelados.

El sistema escolar visto por un chico de 17 años from ellosViven on Vimeo.

Y aun falta camino por andar para afianzar una profesionalidad en materia de educación que encaje con las características más arriba enumeradas. Se ha trabajado mucho en materia de Nuevas Tecnologías, metodologías 2.0, etc. Y los niños siguen sintiéndose abatidos por el mundo que les rodea, aislados; las carencias afectivas cada vez son más habituales, la gestión de las emociones cada vez es más desadaptativa en un mundo donde se han primado los derechos por encima de las obligaciones, donde la intolerancia a la frustración es el pan de cada día, donde lo material suple lo emocional…

La verdad es que cuando hablamos de empoderar a nuestros alumnos, la educación emocional se convierte en un eje imprescindible. ¿Cómo podemos empoderar a una persona que desconoce sus recursos y limitaciones?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que no sabe gestionar sus emociones, que no empatiza consigo mismo ni con los demás?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que busca el beneficio inmediato y caduco por encima del beneficio a largo plazo y estable?… Y la lista de preguntas sigue, aunque la respuesta sea única: de ninguna manera.

Aun queda camino para ser profesores acogedores, atentos, empáticos, cariñosos, amigables, creativos, críticos, comprensivos y compasivos… En definitiva, maestros. Nos queda el camino del desarrollo personal para poder contribuir en el desarrollo personal de nuestro alumnado, incorporando estrategias y metodologías emocionalmente ecológicas en nuestras aulas, otorgando espacios para las emociones y no sólo para lo puramente académico.

Una vez incorporado esto, podremos entonces hablar de Revolución Educativa. No antes.

Anuncios

Acerca de JuditMF

Psicóloga educativa (col. núm. 19373). Educadora emocional. Psicóloga coach. Ver todas las entradas de JuditMF

2 responses to “Caminando hacia la Revolución Educativa

Tu opinión es importante para nosotras

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Aula EdEm

¿Te atreves a diseñar tu interior?

A %d blogueros les gusta esto: