Profesor, docente o maestro

A menudo hablamos de la educación centrándonos en aquellos aspectos que no funcionan, en el fracaso escolar, en lo que debería cambiar, en cómo nos gustaría que fuera… Poco a poco empiezo a leer posts que cuestionan el tema de la formación, un tema que nadie discutirá es primordial para hablar de revolución educativa. Llegados a este punto, me pregunto: para cambiar la formación, ¿no deberíamos definir un poco más la figura del profesor? Porque el papel que el profesor juega en el aula es fundamental para articular una formación del mismo en un sentido u otro, ¿no os parece?

En este sentido, este post pretende profundizar un poco, sólo un poco, en esta cuestión. Para ello, me parece interesante abrir la reflexión en torno al concepto de profesor y un par de sinónimos que hoy utilizamos indistintamente en nuestro lenguaje diario:

Wordreference nos define a un profesor como la persona que se dedica a la enseñanza, es decir, a la transmisión de ideas, conocimientos, etc. a otra persona (el alumno).

Por maestro, el mismo diccionario nos lo define como (he seleccionado las acepciones referentes a personas y al contexto del que hablamos):

  1. Persona que enseña un arte, una ciencia, o un oficio, especialmente la que imparte el primer ciclo de enseñanza, o tiene título para hacerlo.
  2. Persona muy diestra o con profundos conocimientos en alguna materia.
  3. Persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia.
  4. Todo lo que enseña o alecciona.
  5. Persona que ha alcanzado un alto grado en su oficio.

Resumiendo, por maestro podemos entender aquel experto o sabio en una materia que intenta educar en su sabiduría a otra persona (el alumno).

Finalmente, por docente entendemos la persona que se dedica a la docencia o enseñanza, de nuevo, la transmisión de ideas o conocimientos.

Personalmente me parece interesante esta distinción que el lenguaje hace para las diferentes formas de asignar al profesor, pero de momento dejaremos aquí aparcado el tema para volver más tarde, tras haber expresado con un poco más de profundidad el contexto en el que se mueve esta figura. Por el momento seguiré usando la palabra “profesor”.

La realidad hoy en las escuelas nos habla de una educación que tiene que acoger a una población muy diversa y heterogénea con diferentes formas de aprender. Sin embargo, a partir de unos estándares académicos, todos los estudiantes deben ser preparados en pensamiento y habilidades de tal forma que este desarrollo les permita un proceso de aprendizaje permanente que terminarán por desarrollar a lo largo de sus vidas.

En este proceso educativo (y, por tanto, en la sociedad), el profesor juega un papel muy importante ya que es el encargado último de educar a los ciudadanos del mañana. Su tarea es fundamental para producir una sociedad libre (creativa y crítica), igualitaria (justa,) y fraternal (solidaria y colaborativa).

El reto principal del profesor, por ende, consiste en ingeniárselas para traducir una diversidad de alumnado de partida en una diversidad de metodologías a partir de una uniformidad académica. De entrada, esto implica una dificultad añadida que el futuro profesor debe tener en cuenta y que, por tanto, la formación debe atender de forma precisa mediante la enseñanza en la creatividad, la innovación y el ingenio.

Sin embargo, este ingenio al que hacemos referencia debe partir de una base real, de la problemática de sus alumnado en la interacción con sus procesos de aprendizaje en particular, y de desarrollo en general. Por tanto, para que el profesor pueda ser efectivo primero ha de ser afectivo, ya que la sensibilidad de los diferentes casos en el aula será el motor de búsqueda de una intervención educativa basada en el acompañamiento y el respeto. Esto se traduce en una formación en habilidades de comunicación, sociales y emocionales.

De todo esto que comento, se traducen dos conclusiones importantes: la primera hace referencia a que efectivamente la educación no es una mera transmisión de información sino que consiste en algo mucho más profundo que atañe al desarrollo íntegro de las personas que llenan las aulas: emociones, pensamientos, valores… La segunda conclusión es que ser profesor lleva implícito una participación activa en el desarrollo de la enseñanza.

A la luz de todo lo que se ha dicho, entiendo como necesario que las personas dedicadas a la educación sean capaces de formularse diariamente las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son los desafíos educativos de hoy?
  • ¿Qué características debo potenciar para hacer frente a estos desafíos?
  • ¿Qué conocimiento necesito para ser efectivo en los diversos contextos educativos?
  • ¿Qué habilidades debo desarrollar y cómo para proporcionar experiencias de aprendizaje poderosas a la diversidad de estudiantes?
  • ¿Cómo construyo mi identidad de profesional responsable y comprometido con mi profesión?
Como se puede ver, la formación y el aprendizaje deben constituir un eje transversal a lo largo de la vida de los profesionales de la educación que, mediante procesos reflexivos, permitan nuevos conocimientos y habilidades para dar solución a los diferentes desafíos educativos.

Finalmente, retomando la cuestión del lenguaje que iniciaba más arriba, dejo a vuestro juicio el concepto que creáis más oportuno para designar el rol de esta figura dentro de la educación. Sin embargo, desde mi personal punto de vista, quizás ninguno de los que arriba se definían acaben de encajar… ¿Vosotros cómo lo veis?

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Acerca de JuditMF

Psicóloga educativa (col. núm. 19373). Educadora emocional. Psicóloga coach. Ver todas las entradas de JuditMF

4 responses to “Profesor, docente o maestro

  • Liderazgo pedagógico « Psicopedagogía crítica

    […] tiene unas consecuencias directas en el tipo de relación que se establece, en tanto que el docente crea relaciones de dominio-subordinación y el líder pedagógico relaciones horizontales en las […]

  • Caminando hacia la Revolución Educativa « Psicopedagogía crítica

    […] Ecología tecnológica ← Profesor, docente o maestro […]

  • Julita Fernández

    Yo me quedo con “maestro”. Incluyo una educación desde y con el corazón.

    • Judit Mercedes

      Hola Julita,
      muchas gracias por tu aportación. Estoy completamente de acuerdo contigo en que la nueva educación tiene que dejar un espacio privilegiado a las competencias emocionales. Por este motivo, en el artículo hablo precisamente de la importancia de que la figura del educador se forme en aspectos tan importantes como la inteligencia emocional y social, desarrolle capacidades y habilidades emocionales y sociales, sea un buen mediador, se desenvuelva bien en los conflictos…
      En diversos debates educativos menciono la importancia de que los educadores se trabajen previamente a sí mismos, se autoexploren, y hagan un desarrollo personal. La interacción con numerosos alumnos cada vez es más complicada por las características en las que éstos se desarrollan. Los traumas, el sufrimiento y un sentimiento negativo de vida son protagonistas hoy en un elevado porcentaje de la población infantil y adolescente. El nuevo educador ha de estar preparado para acompañar a estas personas en su proceso de desarrollo de y desde la escuela.
      Bien visto Julita y gracias,
      Judit

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