Las emociones negativas son positivas

Hoy me ha llegado a mi correo personal un mensaje promocional de un taller que trabaja sobre las emociones. A continuación os copio parte del texto que me han enviado:

Las emociones determinan la calidad de nuestra existencia. Las hay en todas las relaciones: con los otros -trabajo, amistades, familia y relaciones íntimas-, con nosotros mismos y con el mundo en general. Las emociones nos pueden salvar la vida, pero también nos pueden hacer mucho daño. Nos pueden llevar a actuar bien, con realismo y eficacia, pero también nos pueden conducir a actuaciones de las que nos arrepentiremos. Las emociones, incluso, nos pueden provocar enfermedades y estados de ánimo que nos amarguen la vida a nosotros y a los demás. Es por esto, porque queremos salud emocional, que necesitamos soluciones emocionales.

La verdad es que leyendo esto, a una le dan ganas de buscar esas emociones y tirarlas al cubo de la basura. Pero creo firmemente que esta no es la solución a los problemas que estas emociones, mal llamadas negativas, nos puedan causar. De hecho, no creo que las emociones sean la causa de nuestros problemas en las relaciones con los otros -trabajo, amistades, familia y relaciones íntimas-, con nosotros mismos o con el mundo.

Desde mi punto de vista, las emociones son un sistema de información de nuestro estado presente. Desde esta perspectiva, no existen emociones positivas ni negativas, sino que, aprendiendo a “leerlas” de forma adecuada, todas las emociones pueden resultarnos útiles para generar comportamientos más adaptativos.

A menudo suele suceder que no hemos aprendido a escuchar lo que nuestro sistema emocional nos informa. Arrastramos patrones de comportamiento infantiles y desadaptativos con nuestro entorno, que mal aprendimos en nuestra infancia; o que no aprendimos a regular, mejor dicho. Y es que, ciertamente, la mayoría de nosotros hemos dedicado poco tiempo a conocernos y a adecuar nuestra conducta a la realidad adulta. El sentido común nos dicta que lo que debemos es aprender a controlar nuestras emociones. Personalmente, creo que esta certeza es limitadora y poco efectiva, como podemos fácilmente comprobar en las interacciones que se producen en nuestro día a día. No se trata de controlar las emociones, sino de gestionarlas.

Pero rebobinemos un poco. Un paso imprescindible para trabajar con nosotros mismos pasa por comprender que emoción y conducta son dos fenómenos diferentes. A menudo solemos confundir lo uno con lo otro. Pondré un ejemplo para hacer más ilustrativo lo que quiero decir: estoy triste, luego lloro. ¿Las lágrimas son la tristeza? La respuesta es negativa; siendo que el acto de llorar es la respuesta (conducta) que le damos a la tristeza (emoción). Llorando nos desahogamos, vaciamos parte de esa sensación que nos oprime el pecho, pero no es una respuesta exhaustiva; otros pueden optar por ocupar la mente en actividades determinadas (videojugar, leer, ver la TV, comprar, etc.) para tomar distancia con la tristeza. En este sentido, la mejor respuesta es la que nos proporcione mayor satisfacción a corto, medio y largo plazo.

Una vez hemos aprendido a diferenciar lo que le corresponde a la emoción y lo que le corresponde a nuestra conducta, cabe insistir en la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos para con nosotros mismos. A menudo solemos atribuir las situaciones de nuestra vida a factores externos como puede ser la suerte, la actuación de los otros o las emociones. Si bien es cierto que no somos causa de todas y cada una de las circunstancias de nuestra vida (nadie busca tener un cáncer), sí tenemos una elevada responsabilidad en lo que nos sucede. Creo muy importante asumir este papel de responsable para poder hacer un trabajo efectivo con nosotros mismos y poder, así, tomar partido de forma activa en nuestras respuestas a cada momento, creando conductas más adaptativas y satisfactorias.

Una vez asumida nuestra responsabilidad podemos aventurarnos en un último paso, esto es, detectar las conductas con las que damos respuesta a cada una de las emociones. Aquellas respuestas desadaptativas las podremos cambiar paulatinamente por otras que nos proporcionen mejores resultados. Dicho así puede parecer un trabajo sencillo, pero la verdad es que no lo es. En realidad es un trabajo que requiere de grandes dosis de voluntad, valentía y fortaleza. A fin de cuentas lo que en realidad estamos haciendo es luchar contra nosotros mismos, desnudar por completo nuestras limitaciones, y cambiar patrones de conducta bien instalados en nuestra estructura mental. Parar a mirarse uno mismo, detectar “errores del sistema”, proponer un cambio positivo y llevarlo a cabo, son tareas en las que se fallarán más de una vez; hace falta persistencia para no abandonar a la primera de cambio. Sin embargo, a medida que se van consiguiendo mayores logros, el beneficio es enorme.

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Acerca de JuditMF

Psicóloga educativa (col. núm. 19373). Educadora emocional. Psicóloga coach. Ver todas las entradas de JuditMF

One response to “Las emociones negativas son positivas

  • ¿Educación emocional?

    […] las emociones. En pleno siglo XXI resulta fascinante encontrarse con personas que aun se cuestionan para qué sirven. Inmersos en una sociedad donde todo cambia constantemente en apariencia, donde se focaliza hacia […]

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