¿Micropolítica en la escuela?

Desde hace un tiempo llevo dándole vueltas a las pautas de relación que establecemos dentro de la escuela, así como el impacto educativo que estas pautas de relación tienen sobre los actores que se encuentran dentro de una escuela: alumnado, profesorado y familias. Hace poco cayó en mi lector de feeds el enlace a un artículo que recuperaba algunos de los puntos fuertes de la teoría de Focault en relación a la micropolítica, y que creo que viene al pelo con lo que quiero compartir hoy con vosotros.

A lo largo de su obra,  Foucault plantea tres problematizaciones en forma de tres líneas de pensamiento: el problema del saber, el problema del poder y el problema de los procesos de subjetivación. A continuación os dejo un párrafo extraído de un artículo que sintetiza muy bien estas problematizaciones desde la concepción del autor (recomiendo encarecidamente la lectura del artículo para una mayor comprensión), subrayando aquellos aspectos que considero relevantes para un posterior análisis centrado en el marco educativo y las relaciones de poder que se producen en y desde la escuela, así como el impacto que las mismas producen en nuestra sociedad.

(…) Una micropolítica se distingue ante todo por la concepción que tiene del poder. Para la micropolítica el poder no es el Estado, no es el Príncipe, no es el aparato gubernamental, no es la Ley. No es una política que respuesta a los ejercicios del Estado o del aparato centralizado del poder. La micropolítica es anterior a la macropolítica, ya que plantea que el poder es anterior a lo político, es anterior a la Ley, es anterior al Estado, es la fuerza de lo social, es una fuerza primaria, es una fuerza activa; el poder es la vida misma puesta en dinamismo. En este sentido, la micropolítica es minoritaria, minoritaria en el sentido en que no busca el control de lo social, no busca el ejercicio del control del poder. Es una lucha minoritaria porque es secreta, no pasa por un aparato organizado –tipo partido, tipo sindicato-; la micropolítica busca romper, cuestionar, transformar la realidad por medio de la transformación de los efectos alienantes del poder en el sujeto. La micropolítica promueve una nueva realidad dentro de esos campos conocidos del trabajo, de la naturaleza, del lenguaje. La micropolitica busca la disolución del principio de identidad, para bloquear la macropolítica, pasando por un proceso de subjetivación, de afirmación de la diferencia, de la apertura del campo experimental, que posibilite la afirmación del tercero excluido como una promoción del afuera del sujeto. Negando al sujeto como producción del poder, ya que el sujeto es producido en nosotros como un gran hábito, como un conjunto de hábitos, es decir, como aquellas costumbres que producimos y repetimos todos los días. Entendemos, en este sentido, al sujeto como una producción del poder, materializado en un conjunto de hábitos, a los que es acostumbrado. En este orden de ideas, una micropolítica sería una práctica secreta en el orden privado del sujeto, donde se promueve la subjetivación como una experimentación por fuera de nuestros hábitos, abriendo un espacio de resistencia al poder, y ya que el poder esta interiorizado en el sujeto, permitir dentro de dicha micropolítica, una desterritorialización del poder como una práctica de expulsión. Esto sería, en términos foucaultianos, instalar una micropolítica como proceso de subjetivación por fuera del sujeto como instrumento del poder. Entonces, entendamos la micropolítica como un ejercicio de construcción de un pensamiento del afuera, que implica la emancipación definitiva del sujeto y que tiene vigencia inmediata en la práctica del ejercicio pleno de la vida, en términos de libertad y de posibilidad autentica de creación. (…)

[Márquez Estrada, JW. (2007). La problematización del poder en Michael Foucault, p. 24. En la Revista Círculo de Humanidades, núm. 28. Universidad Autónoma Latinoamericana: Medellín. pp. 100-115.]

Del texto arriba citado podemos inferir que:

  • Ejercemos el poder en el espacio social microcotidiano, es decir, en nuestro día a día en base a las pautas de relación que establecemos con los otros. En el marco escolar, se me antoja especialmente interesante el análisis de las pautas de relación que intervienen en el día a día de la escuela, es decir, ¿cómo se relacionan los diferentes profesionales?, ¿qué tipo de interacción establece la escuela con las familias?, ¿cómo son las relaciones entre el alumnado?, ¿y la del adulto con el alumno? Estas prácticas interactivas, ¿potencian la verticalidad, la diagonalidad o la horizontalidad? ¿Qué papel juegan las emociones en relación con el ejercicio de este micropoder?
  • Estas prácticas cotidianas están imbuidas del saber (conocimiento) científico que estipula lo que “es normal” y lo que “no es normal”. Así, cabría preguntarnos en la escuela qué consideramos normal y qué consideramos anormal, y el cómo nos relacionamos con la normalidad y la anormalidad. Así, ¿qué diferencias establecemos con aquellos alumnos “normales” en relación con los “anormales”?, ¿qué papel juega la enfermedad o la patología (TDAH, por ejemplo) en nuestra escuela?, ¿cómo nos relacionamos con esa patología?, ¿cómo nos relacionamos con los alumnos que presentan  determinadas patologías?
  • Este saber construye un modelo de sujeto concreto que, a su vez, se objetiviza por medio de una serie de “prácticas de escisión”, donde el sujeto escindido en sí mismo es separado de los otros (el loco del cuerdo, el enfermo del sano y el delincuente de ”los muchachos buenos”). Este modelo, finalmente, acaba concretándose en un discurso, una narración social, que marca cómo debemos relacionarnos con el (s)objeto en cuestión. Para ser conscientes de este discurso podemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Somos capaces de detectar el vocabulario con el que nos referimos a cada uno de nuestros alumnos, compañeros o hacia las familias? ¿Qué diferencias estamos estableciendo entre los alumnos, nuestros compañeros profesionales y las familias? ¿Cómo puede influir en el clima emocional esta narrativa construida a partir de los significados que consigo detectar en el análisis?
  • Finalmente, el pensamiento normativizador construye una sociedad basada en micropoderes inigualitarios y disimétricos. Así, en base a todo lo anteriormente analizado, ¿en qué medida mis/nuestras proyecciones discursivas fomentan la desigualdad, la represión de ideas o la desintegración? ¿En qué medida me responsabilizo de co-crear un clima emocional basado en la fraternidad, la igualdad y la libertad? O, por el contrario, ¿en qué medida interfiero para crear un clima emocional constructivo?

En definitiva, la micropolítica de Foucault busca salirse de este pensamiento normativizador para, desde fuera (en libertad y creatividad), ejercer nuevas relaciones de poder y, por tanto, construir nuevos hábitos interpersonales. Entendiendo que la escuela es el espacio de “entrenamiento” para la futura ciudadanía, ¿no cabría replantearse cómo ejercemos nuestra relación con el poder dentro de la institución para encontrar nuevas herramientas de cambio paradigmático desde la escuela?

No olvides dejar tus dudas, sugerencias y/o opiniones en los comentarios. Entre todos podemos construir un debate que dé nuevo rumbo a la Nueva Escuela. Gracias de antemano ^^

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Nuestro sistema educativo educa en la violencia

  • El número de denuncias de violencia de género registradas en el primer trimestre de 2012 alcanzó los 30.895 casos, según la estadística difundida por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género: Inmaculada Montalbán denunció el pasado lunes 9 de julio de 2012 la existencia de “una bolsa oculta de maltrato que no aflora. Por ello, es imprescindible desvincular de las ayudas sociales la necesidad de interponer denuncia para acceder a los derechos de la Ley integral”.
  • Crece un 33,33% la violencia de género en la Comunidad de Madrid y un 77,78%, las violaciones, nos informa La Vanguardia el pasado martes 10 de julio de 2012.
  • ¿Cuántas noticias en los informativos nos señalan algún caso de violencia de género? ¿Has probado en buscar las palabras clave entrecomilladas de “violencia de género” en Google? 4.800.000 resultados nos hablan de estadísticas, casos, instituciones… Todo un despliegue ante un tema candente en pleno siglo xxi.

Estoy convencida de que cualquier persona que haga una revisión mental a los acontecimiento que se han hecho palpables en las últimas décadas a propósito de luchar contra la violencia de género apostará a que, en mayor o menor medida, se ha avanzado en este tema. A fin de cuentas, ¡no estamos igual que aquellas mujeres de la posguerra! Sin embargo, hoy puedo ver adolescentes en las aulas donde trabajo que participan de los celos de sus parejas, que permiten que los mismos revisen los sms y las llamadas para controlar con quién han hablado… por no mencionar comportamientos vejatorios de mayor índole y tan fácilmente aceptados. Es probable que muchas personas que lean este post aseguren que a nivel político y/o social se han implementado programas que han pretendido hacer frente a la violencia de género o a la violencia infantil; aun recuerdo algunas campañas publicitarias recientes en los paneles del metro que trabajaban en esta línea. Salvedad de camuflar con campañas-tiritas una dejadez política (sí, parte de la responsabilidad es de los políticos) y social (sí, parte de la responsabilidad también es nuestra), sinceramente no creo que hayamos avanzado lo más mínimo en este campo. Señorxs, ¡sigue habiendo violencia en nuestros hogares, en nuestras casas, en nuestro fuero interno!

Lo social y lo individual guardan una relación estrecha que muchas veces nos pasa desapercibida. Solemos pensar que lo social tiene poca relación con lo individual, cuando en realidad estamos hablando de dos caras de una misma moneda. Necesariamente para hablar de lo uno tenemos que hacer referencia de lo otro; el individuo trasciende lo social al tiempo que lo social trasciende al individuo. Y lo cierto es que el individuo social se cuida poco en nuestra cultura. Empezamos a despertar a una realidad que nos empuja a desarrollarnos como personas; y como en el amanecer, aunque hermosa, la luz aun es débil. De nuestro fuero interno nos surgen necesidades que van más allá del raciocinio al que estamos acostumbrados. Nuestra sociedad sabe mucho de cómo utilizar el hemisferio izquierdo del cerebro, el de la lógica; y poco (o nada) de cómo usar el hemisferio derecho del cerebro, el de las emociones; nos hemos focalizado a lo concreto y hemos perdido de vista lo holístico; hemos atendido nuestro “cerebro” e ignorado nuestro “corazón”. Y así nos va, a trompicones, como un carromato que en lugar de utilizar sus dos ruedas pretende bastarse con una.

Desde este paradigma, nuestro sistema educativo mantiene una praxis centrada en el razonamiento, haciendo caso omiso a las necesidades emocionales y sociales de nuestro alumnado. Desatendiendo lo psicológico, contribuimos a la perpetuación de las interacciones manchadas de violencia como producto de una mala gestión emocional. Nuestra sociedad está contaminada de energía destructiva y a través de la educación entregamos el testigo de esa misma destrucción a los futuros ciudadanos de nuestra sociedad. En definitiva, nuestro sistema educativo educa en la violencia en tanto que omite integrar el desarrollo psicológico y social de nuestro alumnado, y parece que este aspecto es un tema relegado a la ignorancia, al olvido o, peor aun, al desatino de creerse subsanado por un programa descontextualizado que trabaja los valores o la propia violencia de género.


¿Por qué falla la implantación de software libre en Educación?

No he podido evitar dar un respingo en mi asiento del metro mientras leía algunas de las argumentaciones que @xarxatic nos ha traído con su post “¿Por qué falla la implantación de software libre en Educación?“. Creo firmemente que alguna de estas argumentaciones atenta contra la filosofía de fondo que subyace en el software libre. Paso a comentar:

Demasiada dispersión en el desarrollo de las distribuciones educativas:

La libertad primera del SL habla de “la libertad de estudiar cómo funciona el programa, y cambiarlo para que haga lo que usted quiera“, basado en un principio de diversidad que, en otros aspectos, defendemos acérrimamente en nuestra Educación. Este principio es el eje a partir del cual se articula todo el movimiento de SL: las personas debemos tener el control sobre las máquinas y no a la inversa (Microsoft). Pretender que todas las administraciones educativas se pongan de acuerdo para elaborar una misma distro me parece dar un paso atrás en la concepción de libertad. La diversidad de distribuciones es lo que precisamente hace rico un sistema linux, porque el usuario puede escoger, adaptar y ergonomizar su máquina en base a sus propias necesidades. ¿Por qué no lo iban a poder hacer las administraciones?

Aclarando aspectos importantes que podrían despistar al lector neófito en el tema, una distro no es más que un paquete de programas básicos del cual se parte, por lo que esto no plantea ningún problema real en las escuelas. En cuanto a entornos gráficos, hay unos pocos pero los más interesantes desde mi perspectiva son dos: Gnome y KDE; de todas formas, las variaciones que puedan haber de uno a otro tampoco presentan un problema, ya que la arquitectura de fondo de cualquier sistema Linux (kernel) es la misma te cojas la distribución que te cojas. Es cuestión de acostumbrarse a ver “colores diferentes” en nuestras pantallas, como lo hacemos con el color de la piel de las personas, y a prestar atención donde damos los clics, un ejercicio -dicho sea de paso- interesante y muy educativo 😉

El problema de fondo, real, es que al final las administraciones se limitan a crear una distro que no miman ni cuidan (suelen tener una fea presentación, ser poco ergonómicas y habitualmente quedarse desactualizadas). ¡Esto es un problema! Otro problema que veo no hacen comparativas de sus creaciones: ver qué hace el “vecino” y si está mejor que lo mío, aprender de ello. Al final esto se convierte en una pugna por ver quién es el más guay invirtiendo los menos recursos posibles. ¡Esto también es un problema!

Falta de formación de los miembros de la comunidad educativa

En este punto estoy completamente de acuerdo. Como todo en lo que a un sistema social se refiere, los cambios siempre son lentos. Según estudios recientes, Linux sólo cuenta con un 5,3% de cuota de mercado lo cual, aunque es esperanzador, aun sigue siendo minoritario. Es importante fomentar el uso de sistemas Linux desde las escuelas, pero como en todo, se trata de hacerlo de una manera coherente. Claro, que si el sistema educativo no se preocupa de formar bien a sus futuros docentes, ¿por qué iba a proponer una formación sensata en materia de informática?

Acompañamiento en dar el salto de privativo a libre inexistente

¿Que “los foros para preguntar dudas adolecen de un feedback continuo y válido”? En todo mi tiempo con Linux jamás me ha quedado una pregunta sin responder. Creo que esto se resume en una cuestión de habilidad en la búsqueda. ¿Puede ser?

Sistemas duales que hacen que se opte por lo conocido

Soy usuaria de Linux desde hace 10 años; me fascina el movimiento que hay detrás de él; y aun así, mi ordenador es dual aunque lleve 3 años sin entrar en Windows. No quiero cerrarme ninguna puerta, porque ante todo me interesa mi comodidad (¿acaso hay alguien que no busque su comodidad?) en todo momento cuando me siento delante del ordenador. Y, por supuesto, mi sistema Windows es pirata 😉 porque soy consciente de que la piratería NO es el problema. Como decía en el ítem anterior, Linux sólo cuenta con una cuota de mercado del 5,3%; una explicación aplastante de esto es que la mayoría de la industria informática diseña programas que sólo funcionan en una arquitectura Windows. El interés económico, como señala Toni en un comentario al post, es fundamental y determinante en este aspecto.

Este dato nos dice, además, que la mayoría de nuestro alumnado tiene un sistema Windows en casa porque es el sistema que les permite jugar on-line a sus vídeojuegos preferidos. También es cierto que muchos tienen Windows por desconocimiento de la alternativa, pero en cualquier caso, la realidad mercantil en materia de informática está ahí fuera y no podemos ignorarla. Y de hecho, a mí me parece enriquecedor que haya opciones de todo tipo (código abierto, código privativo; programario gratuito, programario de pago…) porque es lícito y porque genera una competencia constructiva e interesante que redunda en un mejor producto para el usuario final. ¿Por qué tememos lo privativo y de pago?

Desde mi perspectiva, las escuelas deberían implementar un programa curricular atractivo para potenciar el uso de sistemas (en plural) Linux, basado en la propia experiencia. Poder editar código es una experiencia que puede “enganchar” y provocar curiosidad para seguir “investigando” un sistema Linux. Crear pequeños programas o adaptar programas a sus propias necesidades empodera a nuestros alumnos, y si acompañamos este trabajo (transversalmente con la asignatura de Filosofía, propongo) con un estudio de los valores subyacentes al movimiento de SL estaremos educando en una ciudadanía fraternal, igualitaria y libre.

Pero esta formación debe incluir la realidad que hay fuera de la escuela, invitarles a nuestros alumnos a compartir en su ordenador dos sistemas diferentes: Linux y Windows, para que puedan escoger en todo momento qué sistema les conviene más utilizar en su propósito de acercarse al ordenador. La escuela debe ser un modelo a seguir más allá de sus cuatro paredes. La escuela imprime unos valores que deben ajustarse a la realidad social y económica, en beneficio último de sus usuarios: el alumnado. Pretender que nuestros ordenadores en las escuelas sean monosistemas es negar la realidad y, por tanto, privar de dar un salto cualitativo a nuestro alumnado en materia de TIC, donde la base es la interacción que hacemos con nuestro ordenador.

Contratos en vigor de las Administraciones educativas que están prolongando con suministradores de soft privativo

En este punto, también estoy completamente de acuerdo y va en la línea del poco cuidado que las administraciones muestran ante sus distribuciones Linux que comentaba en el primer punto. ¿Desde cuándo una administración pública tiene un interés de lucro? Quizás es que mi concepción de lo público se quedó en aquella utopía que hablaba del Estado del Bienestar… pero no lo entiendo, no.

Resumiendo

  • Interés lucrativo por parte de las administraciones públicas.
  • Poca atención administrativa a las propias distribuciones Linux y poca comunicación inter-administrativas para crear vínculos de competencia sanos y constructivos.
  • Competencia desleal y destructiva entre las administraciones educativas.
  • Falta de formación y de información en el cuerpo docente en sistemas Linux y en su filosofía de fondo.
  • Habilidades informáticas (en el sentido amplio de la expresión) poco desarrolladas, y poca curiosidad e iniciativa para desarrollarlas debido a una concienciación pobre sobre las TIC.
  • Negación de una realidad económica y social externa que atraviesa, indudablemente, la dimensión informática.

Sí, el educador vuelve a encontrarse solo en su cruzada para construir una Educación digna y basada en la excelencia. Y llegados a este punto, ¿nos cruzamos de brazos o empezamos a mirarnos la realidad con ojos y energías renovadas? Toca los pies, lo sé pero, ¿acaso no resulta también motivadora esta oportunidad de crear algo de la nada?

¿Qué podemos hacer para implementar coherentemente un sistema Linux en nuestras escuelas?


Meta educativa: de lo individual a lo social

Hace unas semanas, a raíz del post que hablaba sobre unas premisas para la deseducación, se inició un debate muy interesante en la red profesional de LinkeIn. En este y el siguiente posts me gustaría recuperar alguna de aquellas ideas con el fin de aclarar algunos puntos oscuros para lo que vengo hablando en materia de transformación de la educación. Los puntos clave del debate fueron básicamente dos que sintetizo a continuación para desarrollar posteriormente:

  • La doble meta educativa: recoger las necesidades y los intereses individuales de las personas para formarlas como seres sociales.
  • Actualizando al siglo XXI la “cultura del esfuerzo”: Motivación y automotivación.

Joan Barreras Mundet, con mucha razón, apuntaba que la frase “una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia ruta de aprendizaje” debería matizarse puesto que la educación, en un sentido amplio, tiene un alto componente de socialización, de formar a los individuos como seres sociales (es decir con capacidad para entender, crear e interactuar en un marco social concreto). En este sentido, la educación tiene (y debe tener) poco en cuenta “los intereses individuales”. (…) Habría, pues, que aclarar que “socializar” no es lo mismo que “adoctrinar” y que la condición para el “pensamiento crítico” es “tener criterio/s”, lo cual no se adquiere más que a base de algún que otro esfuerzo.

Efectivamente la educación tiene como una de sus metas el “formar a los individuos como seres sociales”. Sin embargo, particularmente no creo que esto esté reñido con los “intereses individuales”, muy al contrario soy de la opinión que individuo y sociedad son dos caras de una misma moneda que se retroalimentan.

En la sociedad presente, el conocimiento (sin dejar de tener su valor) ha perdido su sentido organizador; la información (al alcance de “cualquiera”) carece de sentido sin unas competencias (no el sentido de competencia que actualmente se da en las escuelas) que la gestionen de una forma adecuada. Así, necesitamos empezar a hablar de una educación basada en el desarrollo de competencias para formar a los futuros ciudadanos en la capacidad de adaptarse a la realidad del momento. En este sentido, creo que el sistema educativo debe empezar a ser flexible para ser capaz de adaptarse a las necesidades de cada persona, ya que cada persona posee sus propias capacidades para desarrollarse en la excelencia, no desde un sistema homogéneo y rígido, sino desde la visión particular que el sistema es capaz de generar para cada alumno, configurando una ruta de aprendizaje adaptada a sus necesidades.

Se suele creer que los niños de 10 años no tienen interés por aprender. Mas al contrario, un niño de corta edad es capaz de comerse el mundo con la mirada; lo observa todo con suma atención, se hace preguntas constantemente sobre el funcionamiento del entorno que le rodea; todo es nuevo y atractivo de aprender. Soy de la opinión de que el sistema educativo, tal y como está planteado, rompe con esta curiosidad espontánea; unifica un criterio de aprendizaje y lo impone a todos por igual, sin tener en cuenta lo que el niño ya lleva adquirido ni el cómo lo ha adquirido. El sistema presupone que todos aprendemos de la misma manera y éste es un error con enormes consecuencias, ya que mata la espontaneidad y la curiosidad.

Por el contrario, un sistema educativo basado en las personas, es capaz de adaptar su proceso de enseñanza-aprendizaje a las necesidades de cada alumno desde sus intereses particulares. En este sentido, creo que la misión del maestro consiste en permitir que sea el alumno el que explore el entorno y, a partir de ahí, plantear preguntas despertador que resulten atractivas y que inciten a la curiosidad para aprehender comprensivamente esa realidad.

¿Qué pensáis vosotros al respecto? ¿Qué interés os merecen en la educación los “intereses personales” de nuestro alumnado?


Noam Chomsky: Premisas para la deseducación

Según Noam Chomsky, frente al concepto tradicional de enseñanza de la época de la Ilustración, lo que ahora estamos presenciando es una escuela cuya función es adoctrinar a los jóvenes y anular su capacidad de pensamiento crítico. Control social, conformismo, entrenamiento para aprobar exámenes en vez de fomentar la investigación creativa…

Noan Chomsky: El objetivo de la educación: La deseducación

Personalmente me parece sumamente interesante este vídeo en el que se recogen muchos de los ítems que constantemente leemos o escuchamos a los expertos que nos hablan de una nueva educación. En este sentido, me gustaría concretar tres puntos fundamentalmente que, para mí, son relevantes para entender qué está pasando actualmente en el sistema educativo y focalizar un nuevo sistema educativo:

  1. Noam Chomsky diferencia dos propósitos en la educación:
    1. En primer lugar, la educación tradicional que bebe directamente de la Ilustración centra su objetivo de vida en la investigación y la creación, en la búsqueda de la riqueza del pasado, en la interiorización de aquellas partes que son significativas para uno mismo, en la búsqueda constante de comprender más a nuestra manera… En definitiva, aprender por uno mismo.
    2. En segundo lugar, la educación de hoy centrada en el adoctrinamiento busca colocar a las personas desde la infancia en un marco de referencia en el que tienen que acatar órdenes, aceptar estructuras existentes sin cuestionarlas, etc. Es decir, aprender a ser sumisos.
  2. Por lo que se refiere al impacto de la tecnología, Noam Chomsky nos explica, y estoy muy de acuerdo, que “la tecnología es algo neutro (…) Si no se sabe lo que se está buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, si no existe la condición de cuestionarse una idea” Internet no sólo no sirve para nada sino que además puede resultar dañina como generadora de dogmas. Lo importante a la hora de relacionarnos con la tecnología y de aplicarla en la educación debe ser buscar lo significativo; en este sentido, el sistema cultural y educativo debe ser activo, dispuesto a cruzar fronteras.
  3. Lejos de inducir a la desaparición de los exámenes, Noam Chomsky nos habla de ellos como una herramienta complementaria que puede ser muy útil para ubicar (orientar) tanto al alumno como al profesor en el “¿cuánto se sabe sobre…?”. Sin embargo, los exámenes jamás deben ser el objetivo propio de la educación (muy al contrario de como está pensado nuestro sistema educativo, en verdad). “La enseñanza debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otras mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque interesa”. Una educación basada en los intereses de las personas para construir su propia “ruta de aprendizaje“.

Estos tres aspectos pueden concretarse en una sola idea que constantemente se repite a lo largo de todo el vídeo: la necesidad de cambiar de paradigma educativo y empezar a centrar la educación en las personas, permitiendo la realización personal a partir de los intereses particulares. Desde la pasión los estudiantes pueden desarrollar sus propios talentos, aprendiendo a ser autónomos en el aprendizaje y en el desarrollo personal. El paso del sistema educativo predominante actualmente a un nuevo sistema educativo pasa, en este sentido, por la deseducación.

¿Qué conclusiones más extraes del vídeo que te adjunto en este post? ¿Qué opinión te merece estos tres puntos que destaca Noam Chomsky de la educación? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Liderazgo pedagógico

Los estudiantes tienen la energía, la imaginación y la inteligencia necesarias para mejorar la situación en sus comunidades; lo único que necesitan es que se les pida que demuestren lo que pueden hacer.

Kathleen Kennedy

En un post anterior os decía que un buen líder es aquel que se ha trabajado a sí mismo y que está en condiciones saludables de guiar a otros en su propio desarrollo. Personalmente me encanta esta definición de líder ya que lleva implícita una serie de aspectos importantes que nos enmarcan en un paradigma diferente:

  1. La condición indispensable de que el líder se haya trabajado a sí mismo, es decir, que busque desarrollarse como persona, autoconocerse, potenciar sus virtudes y trabajar sus limitaciones, aprendiendo a estar en y con el mundo, en la búsqueda constante del bienestar personal.
  2. La intención de querer guiar a otros en su propio desarrollo, a que otros puedan desarrollarse a sí mismos y a autoconocerse, potenciando las virtudes de las personas y facilitando el camino de la mejora personal, siendo un modelo de autosuperación en la búsqueda del bienestar propio.

Partiendo de esta base, me gustaría acercar mínimamente la figura del líder al aula y para ello la primera pregunta que me gustaría responder es: “¿un profesor puede ser líder?”.

Como veíamos en el post que hacía referencia más arriba, el líder no se autoproclama sino que es escogido. La diferencia entre un docente y (lo que podríamos llamar) un líder pedagógico es que el primero es una autoridad oficial, estatus que proviene de los niveles superiores de la institución educativa, mientras que el líder pedagógico disfruta de una autoridad moral que proviene de los estudiantes, a través de un acuerdo voluntario entre los propios estudiantes y la figura del profesor. Esta diferencia tiene unas consecuencias directas en el tipo de relación que se establece, en tanto que el docente crea relaciones de dominio-subordinación y el líder pedagógico relaciones horizontales en las que se comparten una posición, unas normas y unos valores.

En base a lo que he explicado, podríamos definir el liderazgo pedagógico como el proceso de ejercer una influencia mayor de lo que permite o posibilita la propia institución educativa, hasta lograr que los estudiantes también sean líderes. En este sentido, para entrenarnos en el liderazgo pedagógico que comento hay una serie de requerimientos metodológicos que pasan por:

  1. Vivir desde la necesidad de cambios: la vida es cambio, por lo que nuestra práctica en el aula ha de poder adaptarse a las circunstancias y necesidades de cada momento. Como dijo Gandhi, “nosotros hemos de ser el cambio que deseamos ver en el mundo”.
  2. Actuar incondicionalmente: nuestra alternativa en la conducta pedagógica es doble: por un lado, podemos centrarnos en el tener y, en consecuencia, en la preocupación (tener un sueldo, tener un libro didáctico, tener una pdi o recursos tecnológicos, tener un buen director de centro…) o, por el contrario, podemos centrarnos en el ser y, en consecuencia, en la influencia (ser más fraternal, igualitaria y libre…).
  3. Revisar periódicamente el historial de diagnóstico pedagógico de los alumnos, con el objetivo de acercarnos más a la realidad específica de cada uno de ellos y tener una visión más holística de la persona con la que estamos trabajando.

Pero, ¿qué características debe reunir un profesor para gestionar su aula desde el liderazgo pedagógico? Para dar respuesta a esta pregunta me basaré en los comportamientos asociados que el diccionario de competencias clave atribuye al liderazgo, adaptándolo en la medida de las posibilidades a la realidad de un aula, y que se distribuyen en cuatro niveles:

  1. Nivel 1: Comunica y orienta al grupo
    1. Lidera bien las clases o sesiones: planifica lo que se va a trabajar y los objetivos específicos, controla el tiempo, asigna los turnos de habla, etc.
    2. Se asegura de que el grupo dispone de toda la información que necesita para hacer las tareas.
    3. Explica las razones que le han llevado a tomar una decisión que afecta al grupo o a parte del grupo.
    4. Mantiene una relación cercana con el grupo y conoce qué está pasando.
  2. Nivel 2: Promueve la excelencia y la motivación del grupo
    1. Utiliza estrategias complejas para mantener alta la motivación del grupo y para conseguir buenos niveles de productividad: asignación de equipos de trabajo y de tareas, distribución del espacio del aula, uso de los espacios del centro en relación con las tareas, etc.
    2. Escucha y promueve la participación y la aportación de ideas.
    3. Se preocupa por facilitar un buen clima de trabajo.
    4. Se asegura que las necesidades del grupo están cubiertas: obtiene los recursos y la información que necesita.
    5. Da instrucciones o demostraciones, junto con las razones subyacentes, como estrategia de aprendizaje.
  3. Nivel 3: Delega y desarrolla el grupo para conseguir aprendizajes significativos
    1. Delega responsabilidades transmitiendo confianza, formando y haciendo un seguimiento afectivo y efectivo.
    2. Facilita feedback positivo de mejora a cada estudiante para desarrollar y motivar.
    3. Desarrolla a cada estudiante según sus características e intereses.
    4. Establece planes de acción y ofrece sugerencias específicas de mejora.
  4. Nivel 4: Se posiciona como un líder y comunica una visión de futuro convincente
    1. Se asegura que el grupo participe de los objetivos, de la misión, del clima, de las normas, etc.
    2. Actúa como modelo a seguir.
    3. Tiene un carisma genuino, comunica su visión de futuro generando entusiasmo, ilusión y compromiso en el grupo.
    4. Genera alto compromiso ante los retos a conseguir.

¿Tienes alguna pregunta que pueda ampliar la información en materia de liderazgo pedagógico? ¿Conoces información que pueda complementar lo aquí expuesto? Como siempre vuestros comentarios son más que bien recibidos. ¡Os leo!


Liderazgo

A lo largo de mi trayectoria profesional, desde que me introdujera en el mercado de trabajo, han sido varias las ocasiones en las que he tenido que hacerme cargo de la dirección y/o gestión de equipos de trabajo. En todas estas ocasiones, y visto en retrospectiva, la inexperiencia de la vida ha jugado un papel decisivo en mi propio rol dentro de la organización para la que trabajaba y dentro de los equipos de trabajo, no tanto para conseguir el éxito de las empresas acometidas, sino por el poco jugo personal y profesional que pude sacarle a estas oportunidades que mi carrera me presentó.

Como digo, esta conclusión sólo es posible hacerla en retrospectiva, desde la visión que hoy tengo de los equipos de trabajo que, con el paso del tiempo y los nuevos aprendizajes adquiridos estos últimos años trabajando por mi cuenta, dista mucho de aquélla que pude tener en su día cuando me tocó dirigir un equipo de profesionales. Por aquel entonces, las necesidades de la organización, la confianza del equipo directivo y los conocimientos técnicos, entre otros, eran motivos más que suficientes para que nadie cuestionara mi autoridad en la materia que teníamos entre manos. En este sentido, mi rol se limitaba a delegar responsabilidades, pedir cómo necesitaba que se resolvieran determinados aspectos, distribuir trabajo… Esto, entre otras funciones, es lo que hoy entiendo por dirigir un equipo de trabajo.

En el transcurso de estos últimos años, y paradójicamente, cambios en el sector profesional me han llevado a repetir la necesidad de liderar un nuevo equipo de trabajo. A decir verdad, no me siento más preparada de lo que pudiera sentirme cuando me plantearon esta posibilidad por primera vez, la verdad sea dicha; sin embargo, sí que he obtenido nuevos aprendizajes que me hacen ver esta misma situación de una manera muy diferente y, por tanto, también vivirla de una manera diferente. También las condiciones sociales y culturales han cambiado en los últimos años, especialmente en cuanto a la definición en el mercado de trabajo de unas competencias deseables en los trabajadores que varían dependiendo del sector profesional. Una de estas competencias que, a mi modo de ver, es de las más transversales y necesarias para un gran número de puestos de trabajo en cualquiera de los ámbitos existentes es la de liderazgo.

El liderazgo es algo muy diferente a la dirección de un equipo de trabajo, o a la jefatura en último término. Según se define en el diccionario de competencias clave que ha elaborado Barcelona Activa, “liderazgo supone la intención de asumir el rol de líder de un grupo o equipo de trabajo. Implica el deseo de guiar a los otros. El liderazgo acostumbra a estar, pero no está siempre, asociado a posiciones que tienen una autoridad formal”.  En este sentido, me gustaría matizar algunos aspectos que mi experiencia me ha enseñado que necesita un buen líder:

  • En primer lugar, un buen líder es aquel que conoce la estructura y los objetivos de la organización y del grupo o equipo de trabajo.
  • En segundo lugar, un buen líder consigue que los miembros del grupo o del equipo de trabajo compartan una visión previamente elaborada, así como un objetivo común movilizador; y es capaz de ofrecer una retroalimentación positiva y eficaz al resto de los participantes o colaboradores.
  • Tercero, el buen líder contribuye a la unidad de la organización, desarrollando mayores niveles de confianza, espíritu de servicio y sentido de responsabilidad en las personas del grupo o equipo de trabajo. Así, ayuda al establecimiento de un clima de relación armónico en el que se pueden compartir emociones de forma abierta.
  • Cuarto, un buen líder detecta las potencialidades de cada participante o colaborador de manera que amplifica las posibilidades del grupo o equipo de trabajo.
  • Por último (y no por ello menos importante), un buen líder es capaz de crear espacios atractivos donde los participantes o colaboradores trabajen desde el bienestar y el placer personal y profesional.
En base a esto que explico, me parece interesante aclarar un par de cuestiones que acabarán, espero, de clarificar el rol de líder:
  • El líder no se erige, sino que lo eligen. Para mí ésta es una de las diferencias sustanciales a las que he tenido que hacer frente (y sigo en ello) en mis necesidades profesionales. En particular, el diseño de los proyectos educativos de mi propia mano podría ser motivo más que suficiente para que mi autoridad quedara más que clara. Ahora bien, ¿qué beneficio reporta al equipo de trabajo o al propio proyecto el hecho de afianzar mi autoridad? La respuesta es clara y evidente: ninguno. ¿Las personas implicadas en el proyecto van a estar más contentas por el hecho de tener clara una jerarquía? No. Es más, ¿tengo ganas de establecer una jerarquía vertical en el ambiente de trabajo donde participo? Claramente, tampoco.
  • Ésta última pregunta, lejos de ser caprichosa como pudiera parecer, es vital para dar un paso adelante en cuestiones de liderazgo, ya que este rol debería rotar entre los diferentes participantes o colaboradores del equipo de trabajo en tanto que, según las necesidades del equipo en cada momento, una persona será más o menos efectiva como líder según sus propias competencias y habilidades y su capacidad de adaptación a la dificultad del momento. De esta manera, creo importante que los participantes o colaboradores mantengan su atención en el equilibrio entre la demanda de la propia situación y la oferta de los recursos dentro del propio equipo de trabajo, permitiéndose “delegar” el rol de liderazgo a las personas que puedan ajustarse más al líder (definido más arriba) según la situación del momento.

Por tanto, y en consecuencia de todo aquello que se explica en este post, podemos constatar que efectivamente un buen líder es aquel que se ha trabajado a sí mismo y que está en condiciones saludables de guiar a otros en su propio desarrollo. En este sentido, cada vez estoy más convencida de que los ámbitos personal y profesional deben converger en un desarrollo paralelo, ya que cada vez más, el mercado profesional exige de trabajadores competentes y saludables en sus propios recursos personales. Es en este punto, donde, retomando el hilo conductor del blog, cobra sentido el hecho de educar a los más pequeños en su propio desarrollo personal, paralelamente a que se continúen trabajando las cuestiones más académicas, con el objetivo último de facilitar posibilidades futuras para una mayor adaptación a las cambiantes condiciones del mercado profesional.

Creo que este debate es amplio e interesante. Por este motivo, os recuerdo que vuestros comentarios siempre son más que bien recibidos, y serán respondidos con sumo cariño. Esta conversación nos atañe a todos, y seguro que aportaréis aspectos interesantes que a mí se me escapan en esta materia. ¡¡Os espero!!

_________

[Edito 29 de marzo de 2012; 12:10]

Os dejo a continuación una relación de posts que complementan muy bien el concepto de liderazgo:


Caminando hacia la Revolución Educativa

A través de un ejercicio bastante interesante se pudieron sacar algunas conclusiones sobre qué se puede considerar por “ser un buen profesor“. Javier Martínez Aldanondo, después de preguntarles a un buen número de conocidos sobre aquellos profesores que recordaban de su época escolar  universitaria y el porqué, concluyó las siguientes principales características:

  • Eran profesores que se notaba que les apasionaba enseñar; transmitían vocación, energía, compromiso y entusiasmo.
  • Eran profesores acogedores, que sabían escuchar mis necesidades y al mismo tiempo implicarme en mi compromiso académico.
  • Eran profesores humanos, cariñosos, amigables, sencillos y cercanos, que me hacían sentir importante porque me daban libertad.
  • Eran profesores cuya forma de enseñar era entretenida y divertida; eran motivantes, originales, creativos y didácticos.
  • Eran profesores que me enseñaban a pensar, a cuestionarme, a ser crítico, a razonar en lugar de memorizar; es decir, me enseñaron a aprender.
  • Eran profesores que se preocupaban de que aprendiese cosas útiles, apoyaban a los estudiantes con problemas y ofrecían retroalimentación continua.

Y tú, ¿qué profesores recuerdas y por qué?

A raíz de estas conclusiones, creo que es interesante rescatar dos aspectos fundamentales: por un lado, ¿se puede enseñar sin tener pasión ni vocación?; por otro lado, ¿de qué manera se puede potenciar el desarrollo de estas características excelentes?

Por lo que se refiere a la primera pregunta, en mi opinión la respuesta es clara y evidente: NO. Algunas profesiones, como la educación, la psicología o la psicopedagogía, entre otras, deben contener un elevado porcentaje de vocación, en tanto que nuestro objeto de trabajo son personas y no cosas. Nuestra motivación para acercarnos desde la humildad a estas personas y trabajar con ellas es fundamental para crear respuestas educativas eficaces, para escuchar y proporcionar una ayuda ajustada a las necesidades de cada persona, para abrir vías de empoderamiento y buscar la autonomía de esas mismas personas…

En cuanto a la segunda pregunta, el debate forzosamente es más amplio. Evidentemente podemos centrarnos en las carencias formativas del actual sistema educativo para acceder a la profesión, y creo que es importante buscar cambios en este sentido (siguiendo el ejemplo de otros países que tienen mejor desarrollado este aspecto, como Finlandia) para afianzar un sistema educativo de calidad. ¿Y mientras tanto? ¿Sería honesto por nuestra parte limitarnos a cruzar los brazos y esperar a que la administración decida cambiar? Dependiendo del profesional y de la calidad de su vocación la respuesta a esta pregunta será un motivo de crispación (¡¡ya estamos de nuevo!!) o de movilización (¡¡a por el cambio!!).

Son muchos los claros ejemplos que vía Twitter podemos encontrar, verdaderos líderes de una Educación Alternativa que miran de incorporar nuevas metodologías que proporcionan aire fresco, que nos demuestran que la revolución también está en las aulas. Son muchos los profesionales que incorporan nuevas percepciones educativas, nuevas metodologías, que se suman al Nuevo Paragidma educativo. Un paradigma donde no tiene cabida vídeos como el que visualizo esta mañana, donde chavales de 17 años suplican un cambio para dejar de sentirse encarcelados.

El sistema escolar visto por un chico de 17 años from ellosViven on Vimeo.

Y aun falta camino por andar para afianzar una profesionalidad en materia de educación que encaje con las características más arriba enumeradas. Se ha trabajado mucho en materia de Nuevas Tecnologías, metodologías 2.0, etc. Y los niños siguen sintiéndose abatidos por el mundo que les rodea, aislados; las carencias afectivas cada vez son más habituales, la gestión de las emociones cada vez es más desadaptativa en un mundo donde se han primado los derechos por encima de las obligaciones, donde la intolerancia a la frustración es el pan de cada día, donde lo material suple lo emocional…

La verdad es que cuando hablamos de empoderar a nuestros alumnos, la educación emocional se convierte en un eje imprescindible. ¿Cómo podemos empoderar a una persona que desconoce sus recursos y limitaciones?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que no sabe gestionar sus emociones, que no empatiza consigo mismo ni con los demás?, ¿cómo podemos empoderar a una persona que busca el beneficio inmediato y caduco por encima del beneficio a largo plazo y estable?… Y la lista de preguntas sigue, aunque la respuesta sea única: de ninguna manera.

Aun queda camino para ser profesores acogedores, atentos, empáticos, cariñosos, amigables, creativos, críticos, comprensivos y compasivos… En definitiva, maestros. Nos queda el camino del desarrollo personal para poder contribuir en el desarrollo personal de nuestro alumnado, incorporando estrategias y metodologías emocionalmente ecológicas en nuestras aulas, otorgando espacios para las emociones y no sólo para lo puramente académico.

Una vez incorporado esto, podremos entonces hablar de Revolución Educativa. No antes.


Profesor, docente o maestro

A menudo hablamos de la educación centrándonos en aquellos aspectos que no funcionan, en el fracaso escolar, en lo que debería cambiar, en cómo nos gustaría que fuera… Poco a poco empiezo a leer posts que cuestionan el tema de la formación, un tema que nadie discutirá es primordial para hablar de revolución educativa. Llegados a este punto, me pregunto: para cambiar la formación, ¿no deberíamos definir un poco más la figura del profesor? Porque el papel que el profesor juega en el aula es fundamental para articular una formación del mismo en un sentido u otro, ¿no os parece?

En este sentido, este post pretende profundizar un poco, sólo un poco, en esta cuestión. Para ello, me parece interesante abrir la reflexión en torno al concepto de profesor y un par de sinónimos que hoy utilizamos indistintamente en nuestro lenguaje diario:

Wordreference nos define a un profesor como la persona que se dedica a la enseñanza, es decir, a la transmisión de ideas, conocimientos, etc. a otra persona (el alumno).

Por maestro, el mismo diccionario nos lo define como (he seleccionado las acepciones referentes a personas y al contexto del que hablamos):

  1. Persona que enseña un arte, una ciencia, o un oficio, especialmente la que imparte el primer ciclo de enseñanza, o tiene título para hacerlo.
  2. Persona muy diestra o con profundos conocimientos en alguna materia.
  3. Persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia.
  4. Todo lo que enseña o alecciona.
  5. Persona que ha alcanzado un alto grado en su oficio.

Resumiendo, por maestro podemos entender aquel experto o sabio en una materia que intenta educar en su sabiduría a otra persona (el alumno).

Finalmente, por docente entendemos la persona que se dedica a la docencia o enseñanza, de nuevo, la transmisión de ideas o conocimientos.

Personalmente me parece interesante esta distinción que el lenguaje hace para las diferentes formas de asignar al profesor, pero de momento dejaremos aquí aparcado el tema para volver más tarde, tras haber expresado con un poco más de profundidad el contexto en el que se mueve esta figura. Por el momento seguiré usando la palabra “profesor”.

La realidad hoy en las escuelas nos habla de una educación que tiene que acoger a una población muy diversa y heterogénea con diferentes formas de aprender. Sin embargo, a partir de unos estándares académicos, todos los estudiantes deben ser preparados en pensamiento y habilidades de tal forma que este desarrollo les permita un proceso de aprendizaje permanente que terminarán por desarrollar a lo largo de sus vidas.

En este proceso educativo (y, por tanto, en la sociedad), el profesor juega un papel muy importante ya que es el encargado último de educar a los ciudadanos del mañana. Su tarea es fundamental para producir una sociedad libre (creativa y crítica), igualitaria (justa,) y fraternal (solidaria y colaborativa).

El reto principal del profesor, por ende, consiste en ingeniárselas para traducir una diversidad de alumnado de partida en una diversidad de metodologías a partir de una uniformidad académica. De entrada, esto implica una dificultad añadida que el futuro profesor debe tener en cuenta y que, por tanto, la formación debe atender de forma precisa mediante la enseñanza en la creatividad, la innovación y el ingenio.

Sin embargo, este ingenio al que hacemos referencia debe partir de una base real, de la problemática de sus alumnado en la interacción con sus procesos de aprendizaje en particular, y de desarrollo en general. Por tanto, para que el profesor pueda ser efectivo primero ha de ser afectivo, ya que la sensibilidad de los diferentes casos en el aula será el motor de búsqueda de una intervención educativa basada en el acompañamiento y el respeto. Esto se traduce en una formación en habilidades de comunicación, sociales y emocionales.

De todo esto que comento, se traducen dos conclusiones importantes: la primera hace referencia a que efectivamente la educación no es una mera transmisión de información sino que consiste en algo mucho más profundo que atañe al desarrollo íntegro de las personas que llenan las aulas: emociones, pensamientos, valores… La segunda conclusión es que ser profesor lleva implícito una participación activa en el desarrollo de la enseñanza.

A la luz de todo lo que se ha dicho, entiendo como necesario que las personas dedicadas a la educación sean capaces de formularse diariamente las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son los desafíos educativos de hoy?
  • ¿Qué características debo potenciar para hacer frente a estos desafíos?
  • ¿Qué conocimiento necesito para ser efectivo en los diversos contextos educativos?
  • ¿Qué habilidades debo desarrollar y cómo para proporcionar experiencias de aprendizaje poderosas a la diversidad de estudiantes?
  • ¿Cómo construyo mi identidad de profesional responsable y comprometido con mi profesión?
Como se puede ver, la formación y el aprendizaje deben constituir un eje transversal a lo largo de la vida de los profesionales de la educación que, mediante procesos reflexivos, permitan nuevos conocimientos y habilidades para dar solución a los diferentes desafíos educativos.

Finalmente, retomando la cuestión del lenguaje que iniciaba más arriba, dejo a vuestro juicio el concepto que creáis más oportuno para designar el rol de esta figura dentro de la educación. Sin embargo, desde mi personal punto de vista, quizás ninguno de los que arriba se definían acaben de encajar… ¿Vosotros cómo lo veis?


El fracaso educativo: homogeneidad y unidireccionalidad

Actualmente participo de la formación en un curso de Prisma sobre Alteraciones Graves de Conducta (AGC) en entornos educativos. Es un curso realmente interesante del que estoy aprendiendo mucho de la mano de los materiales, los profesores y los compañeros. A raíz de un debate en uno de los foros, con respecto a la reforma que se hizo el pasado viernes 29 de julio de 2011 (acceso de alumnado que NO obtiene el graduado en ESO a un ciclo formativo de grado medio), me apetecía compartir con vosotros algunas conclusiones a las que he llegado:

Capítulo 1: ¿Qué entendemos por sistema educativo?

Personalmente entiendo por sistema educativo el conjunto de recursos, personas, espacios e interacciones que se dan con tal de acompañar a los niños y a los jóvenes en un desarrollo integral de todas las dimensiones que le constituyen como persona (cognitiva, emocional y conductual), con el objetivo último de que se forme como futuro ciudadano libre (crítico y creativo), igualitario (justo) y fraternal (solidario y colaborativo).
Esto tiene dos implicaciones básicas: si queremos personas libres, igualitarias y fraternales:

  1. las hemos de educar desde la libertad, la igualdad y la fraternidad, y
  2. han de poder sentirse libres, iguales y fraternales.

Capítulo 2: Para educar, ¿es necesario seguir un único itinerario?

Nadie discutirá a estas alturas del partido que tenemos un sistema educativo fracasado. Uno de los aspectos más destructivos, a mi entender, de este sistema es la homogeneidad en todos los sentidos:

  • Todo el mundo ha de seguir un mismo itinerario.
  • Todo el mundo ha de seguir un mismo ritmo (curso/año).
  • Todo el mundo ha de estudiar los mismos contenidos y de la misma manera.
  • Todo el mundo ha de evaluarse de lo mismo y de la misma forma.
  • Todo el mundo…

Continuamos alimentando un discurso (el de la homogeneidad) que de sobras cuestionamos cuando lo enfocamos desde otra perspectiva (por ejemplo, las inteligencias múltiples: entonces todo el mundo entiende que el sistema ha de ser más heterogéneo, ¡¡porque está de moda!!).

Un sistema educativo, sin embargo, ha de permitir que todo estudiante pueda elaborar su propio itinerario. En lugar de la linealidad tradicional y pretendida (Infantil -> Primaria -> ESO -> Bachillerato -> Universidad -> Trabajo), se debería potenciar la multidireccionalidad, es decir, se trata de construir una red educativa donde la edad no sea el criterio-base para definir en qué punto se ha de estar, sino que la motivación y la iniciativa personal habría de ser el motor que nos fuera trasladando por los diferentes niveles al ritmo y en el orden que marquen nuestras necesidades del momento.

Esta forma de entender la educación lleva implícita una serie de aspectos importantes a poner sobre la mesa del debate educativo:

  • La formación personal (no profesional) ha de ser posible a lo largo de toda la vida.
  • Cada nivel ha de ser específico y concluyente: se trata de evitar la continua y monótona repetición de los mismos contenidos año tras año, y potenciar aprendizajes que intenten ser exclusivos y exhaustivos en la medida de lo posible (se entiende que hay aprendizajes que deben ser cíclicos como por ejemplo los relativos a las habilidades tecnológicas o a las habilidades emocionales y sociales…).
Os dejo aquí un ejemplo de cómo podría ser un sistema educativo específico y concluyente:
  • Infantil y Primaria: formación básica de la persona en habilidades de lectoescriptura, base de les matemáticas, educación emocional, musical y física, construcción mental de l’espai… etc.
  • ESO: profundización en ciencias, letras, autogestión emocional y gestión de les relacions, trato de la información, etc.
  • Formación Profesional: formación de las personas para puestos de trabajo técnicos (se deberían trasladar muchas actuales carreras universitarias como Telecos, Informática, etc.) tanto por lo que se refiere a contenidos como recursos personales y profesionales de la propia persona y del entorno (emprendedoría, por ejemplo).
  • Batxillerat y Universidad: preparación de las personas para la investigación, la ciencia, o para los estudios de larga durada (medicina, magisterio -hace falta una reforma, ¿no?-, política…).

Capítulo 3: En lugar de todo esto, ¿qué estamos entendiendo por FP?

Mi experiencia académica cuenta con un título en un CFGS (en la rama de la construcción) y un título en una carrera universitaria (Psicología). Quien se crea que con ¿¿poco esfuerzo?? conseguirán el título, o que no es justo que estos alumnos tengan más posibilidades (o facilidades) que los que siguen un itinerario ¿¿más costoso?? como es el de Bachillerato, carrera, etc., como he podido leer en algunas opiniones, me da a entender que no sabe muy bien de qué habla. Un ciclo de grado medio o de grado superior son unos estudios con un grado de dificultad importante, no son poca cosa que se tenga que desmerecer ni tienen nada que envidiarle al Bachillerato. El desconocimiento lleva a comparar cosas incomparables y obliga a poner jerarquías inncesarias y fuera de lugar.

En este sentido, una compañera del curso se preguntaba: ¿Dónde ha quedado el espíritu de sacrificio? Afortunadamente en ningún lugar, porque ya está bien de sacrificar vidas intentando “encarrilarlas” en un estilo de vida que puede encajar en muchas personas pero que es evidente que no encaja en otras tantas. Realmente, ¿tenemos derecho a escoger por estas personas? ¿Queremos formar personas responsables a base de escoger nosotros su propia opción de vida? ¡Paradójico!

Capítulo 4: Primeras conclusiones

Desde mi punto de vista, estudiar debería repensarse como una actividad agradable. ¿Os imagináis que de repente los niños y niñas tienen mono de ir a la escuela? Desde esta perspectiva, cualquier cambio o reforma educativa debería ir en esta vía, se trata de abrir posibilidades. No se trata de que unos tengan más facilidades que otros, sino de que cada uno pueda elaborar su propio itinerario, el más conveniente para esa persona. Y detrás, como siempre, debe haber un equipo de profesionales que se dediquen a orientar, a acompañar, y a acoger estas decisiones.

Nada de imposición, estimado siglo XXI…


Aula EdEm

¿Te atreves a diseñar tu interior?

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